liturgia della domenica 13 febbraio 2022

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 13 de febrero de 2022

discurso de Jesús

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2022

6.º domingo del tiempo ordinario (C)
2.ª sem. del salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Jeremías (Jr 17,5-8)
Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre y busca el apoyo de la carne, apartando su corazón del Señor. Será como un arbusto en la estepa: no verá llegar el bien, habitará en terrenos áridos del desierto, en una tierra salobre donde nadie puede vivir. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua, que hacia la corriente echa raíces; cuando llegue el calor no lo temerá, sus hojas se mantendrán verdes, en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto».

Comentario a la primera lectura

Somos conducidos al valle de la decisión; ante nosotros se abren dos caminos: el humano y el divino. Si tomamos el primero, significa que ponemos toda nuestra confianza en nuestro pensamiento, negamos toda alteridad, hacemos las cosas que queremos y que consideramos más justas. Si tomamos el segundo, decidimos, en cambio, hacer siempre la voluntad de Otro, preferir la acción de Dios a la nuestra y reconocernos hijos del Padre. El primer camino se llama ateísmo, el segundo, fe. Negar a Dios es facilísimo: basta con confiar totalmente en los logros del hombre, en la ciencia y en el pensamiento filosófico ateo. Afirmar a Dios significa hacer que todo gire en torno a él y alegrarnos de todo con tal de que el Señor esté en nosotros y con nosotros; significa recibirlo todo de las manos de Dios y no quejarnos nunca. Pero, en definitiva, la sustancia es siempre la misma, y consiste en responder a la pregunta: ¿a quién quieres pertenecer, de quién quieres ser? No hay una tercera vía: o de Dios o del demonio. Esto era lo que Jeremías quería decir a sus contemporáneos, pero vale para todos, también hoy.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 15,12.16-20)
Hermanos, si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; pero si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe y seguís en vuestros pecados. Por tanto, también los que murieron en Cristo están perdidos. Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo para esta vida, somos los más dignos de compasión de todos los hombres. Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

Comentario a la segunda lectura

La frase de san Pablo que leemos hoy en la primera carta a los Corintios es una de las más importantes de todo el Nuevo Testamento en lo que se refiere a la espiritualidad cristiana: «Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo para esta vida, somos los más dignos de compasión de todos los hombres» (v. 19). Nuestra vida en el Espíritu Santo, nuestro ser de Cristo, no está ordenado a las cosas de esta realidad terrena, porque todo pasa, se consume y termina: también esta tierra nuestra, a la que tanto apego tenemos, terminará y será destruida, con todas las obras del hombre. Lo que, en cambio, permanece es el reino de Dios, la vida eterna, la vida de comunión en el Paraíso. Todo lo que hacemos aquí abajo tiene valor para la vida eterna: nada de lo que vivimos en el amor se pierde, porque Cristo resucitado da eternidad a nuestros actos humanos. Todo se pierde, en cambio, si se hace para nuestra gloria, porque es vanagloria destinada a terminar. Esta, pues, es la espiritualidad cristiana: hacer todas las elecciones por Dios y con Dios; de este modo moriremos a nosotros mismos para resucitar cada día con él.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 6,17.20-26)
En aquel tiempo, Jesús bajó con los Doce y se detuvo en un lugar llano. Había una gran muchedumbre de sus discípulos y una gran multitud de gente procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Entonces, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados vosotros, los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados vosotros, los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando los hombres os odien, cuando os excluyan, os insulten y desprecien vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues así trataban sus padres a los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay cuando todo el mundo hable bien de vosotros! Pues así trataban sus padres a los falsos profetas».

Comentario al Evangelio del día

Las bienaventuranzas del Evangelio de Lucas se sitúan en la línea del dualismo que encontramos en la primera lectura del profeta Jeremías: o blancos o negros, o bienaventurados o llenos de desgracias, o de Dios o del demonio. En general, querríamos que existiera una tercera zona central, de descanso, que no fuera ni demasiado de Dios ni del maligno; una zona neutral en la que pudiéramos acomodarnos, decidir sobre nosotros mismos, ser santos, pero no demasiado, tener alguna pequeña pasión y, al mismo tiempo, no querer ser totalmente del maligno. Por desgracia, esa zona central gris no existe, no existe en absoluto. Es más, los Padres de la Iglesia dicen que en la vida espiritual nunca se permanece quieto, y eso significa que, si no se avanza, se retrocede. La zona central es, en efecto, la de la mediocridad, y esta palabra no aparece en el Evangelio. Ser de Cristo significa ser héroes de la fe, consumidos por el fuego de la caridad, tener una esperanza viva, ser, en una palabra, bienaventurados, aunque las condiciones externas sean de dolor o dificultad. El reino de los cielos sufre violencia y solo los violentos se apoderan de él. Los violentos son quienes aman sin medida, sin atender a nada más, sin ponerse límites.


Suscripción al Misal
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