Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra”, julio-agosto de 2025
15.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
3.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio (Dt 30,10-14)
Moisés habló al pueblo diciendo: «Obedecerás la voz del Señor, tu Dios, observando sus mandamientos y sus decretos, escritos en este libro de la ley, y te convertirás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. Este mandamiento que hoy te ordeno no es demasiado elevado para ti ni está demasiado lejos de ti. No está en el cielo, para que digas: “¿Quién subirá por nosotros al cielo, para traérnoslo y hacérnoslo oír, a fin de que podamos cumplirlo?”. No está más allá del mar, para que digas: “¿Quién atravesará por nosotros el mar, para traérnoslo y hacérnoslo oír, a fin de que podamos cumplirlo?”. Al contrario, esta palabra está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Cuando Dios pide al pueblo elegido que obedezca, le está diciendo de manera muy clara que simplemente debe escuchar su voz, que lo conduce por el camino de la vida y la felicidad. El Señor te dirige la misma invitación, pero quizá te preguntes cómo es posible escuchar y reconocer la voz del Altísimo. En realidad, no es difícil, porque si aprendes a escuchar la voz de tu corazón, después de un poco de práctica lograrás reconocer la voz de Dios, que habla a través de tu conciencia y te impulsa a vivir y comportarte bien. Por tanto, estás llamado a obedecer la voz de Dios para experimentar la verdadera libertad; de hecho, solo cuando lo escuchas y pones en práctica su voluntad experimentas una gran paz, que nadie puede darte.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (Col 1,15-20)
Cristo Jesús es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles: Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades. Todo fue creado por medio de él y para él. Él es anterior a todo, y todo subsiste en él. Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que él tenga la primacía en todo. Porque Dios quiso que en él residiera toda la plenitud y que por medio de él y para él fueran reconciliadas todas las cosas, haciendo la paz por la sangre de su cruz tanto con las cosas de la tierra como con las del cielo. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Los cristianos de la comunidad de Colosas eran muy sensibles a aquellas filosofías mistéricas en las que se intentaba definir en qué consistía la plenitud del ser en el universo. Pablo les dice que Jesucristo es la única plenitud verdadera, es decir, aquel en quien se recapitula todo y en quien cada ser encuentra el sentido de su existencia. Muchos hombres y mujeres de hoy siguen buscando doctrinas nuevas que puedan satisfacer su sed de misterio; no encontrarán nada, sino lo que las Escrituras ya dicen claramente: solo en Cristo se encuentra la respuesta a toda pregunta del ser humano. Él es el primogénito de entre los muertos: en él se manifestó en plenitud aquella vida que Dios concedió primero a su Hijo y que, en un día fijado por él, será también nuestra vida.
EVANGELIO
Del Evangelio según Lucas (Lc 10,25-37)
En aquel tiempo, un maestro de la Ley se levantó para poner a prueba a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Él respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo». Él le dijo: «Has respondido bien; haz esto y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús prosiguió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que le quitaron todo, lo golpearon hasta dejarlo ensangrentado y se fueron, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel mismo camino y, al verlo, pasó de largo. También un levita, al llegar a aquel lugar, lo vio y pasó de largo. En cambio, un samaritano que iba de viaje, al pasar junto a él, lo vio y se compadeció. Se acercó, le vendó las heridas, echando en ellas aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciéndole: “Cuida de él; lo que gastes de más, te lo pagaré a mi vuelta”. ¿Cuál de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los ladrones?». Él respondió: «El que tuvo compasión de él». Jesús le dijo: «Ve y haz tú lo mismo». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
Esta parábola, universalmente conocida, siempre tiene algo que enseñarte. Ante todo, lo que mata la caridad y el amor por los demás suele ser la prisa y el miedo. Demasiadas veces corres tanto en tu vida que no te das cuenta de quién está a tu lado y muere poco a poco, sin hacer ruido. Una palabra tuya, una sonrisa tuya o un apretón de manos sería como un bálsamo derramado sobre esas heridas, pero la prisa, por desgracia, te ciega. Tú también debes tener el valor de detenerte, de perder tu tiempo por los demás: el amor es realmente tal solo cuando te permite entregar algo de ti. Y luego, no tengas miedo de amar porque piensas que los demás pueden utilizarte o engañarte. En el amor nunca hay miedo ni temor.
