Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2022
2.º domingo de Cuaresma (C)
2.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis (Gén 15,5-12.17-18)
En aquellos días, Dios hizo salir a Abrán y le dijo: «Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes contarlas»; y añadió: «Así será tu descendencia». Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia. Y le dijo: «Yo soy el Señor, que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra». Él respondió: «Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?». Le dijo: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón». Abrán tomó todos estos animales, los partió por la mitad y colocó cada mitad frente a la otra; pero no partió las aves. Las aves rapaces se abalanzaron sobre los cadáveres, pero Abrán las espantó. Cuando el sol estaba a punto de ponerse, un sopor cayó sobre Abrán y un terror y una gran oscuridad lo invadieron. Cuando se puso el sol y se hizo una oscuridad profunda, un horno humeante y una antorcha ardiente pasaron entre los animales descuartizados. Aquel día el Señor estableció esta alianza con Abrán: «A tu descendencia doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Éufrates». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El rito de la alianza sellada entre Dios y Abrán tiene un aspecto cruento, como era costumbre entre los pueblos de aquella época. De algún modo, Dios se «adapta» a la antigua ritualidad para que la seriedad del pacto resulte clara al hombre. En esencia, se toma un animal y se lo sacrifica partiéndolo en dos, como diciendo que lo mismo les sucedería a los dos contratantes si uno de ellos incumpliera el acuerdo establecido. Se trata de un gesto simbólico que Abrán comprende inmediatamente, pero también contiene una alusión velada a la alianza definitiva que Dios establecerá con el hombre en Cristo. Siempre hay que leer toda la Escritura en relación con Jesús... Un día esta muerte cruenta (el animal partido en dos) será propia del Señor mismo, ya no mediante animales rituales, sino en su cuerpo, que será ofrecido cruentamente en sacrificio sobre la cruz. Del primer pacto con Abrán surgirá la Tierra prometida; del segundo pacto procederá el don inquebrantable y eterno de Cristo en la Misa, que quita los pecados del mundo.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (Flp 3,17 - 4,1)
Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en quienes se comportan según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque muchos - os lo he dicho varias veces y ahora os lo repito con lágrimas en los ojos - se comportan como enemigos de la cruz de Cristo. Su destino final será la perdición; su dios es el vientre. Se enorgullecen de aquello de lo que deberían avergonzarse y solo piensan en las cosas terrenas. Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo humilde, para conformarlo a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas. Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así firmes en el Señor, queridos míos. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Existe un vínculo inseparable entre la cruz y la gloria. Se llega a la gloria pasando por la cruz aceptada y vivida con amor, pero mientras sufrimos, el anticipo de la gloria ya se derrama en nuestros corazones. Jesús recorrió el mismo camino y nosotros, que estamos en él, vivimos su misma vida. El sufrimiento se debe al pecado que todavía existe en el mundo, pero después de la resurrección de Cristo la vida eterna entra en cada pequeño gemido ofrecido. Aunque llevamos el peso de nuestras penas, ya somos «ciudadanos» del cielo. ¿Lo sentimos? ¡Estamos crucificados y resucitados al mismo tiempo! De ello se deduce que todo dolor nuestro puede ser glorificado. Lo atestiguan los mártires, que contemplan, en la muerte, la gloria de Cristo a la derecha del Padre (como dice san Esteban mientras lo apedrean). Pero esto sucede también antes de la muerte. Por tanto, no hay prueba ni sufrimiento que pueda aplastarnos y vencernos: todo ha sido ya transfigurado por Cristo, que vive en la gloria con los signos de la pasión en las manos, el costado y los pies. Todo sufrimiento ofrecido es, pues, un peldaño hacia el cielo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 9,28b-36)
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago y subió al monte a orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron revestidos de gloria y hablaban de su éxodo, que iba a consumarse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se encontraban rendidos de sueño, pero, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y de la nube salió una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie lo que habían visto. -
Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Cada año, el segundo domingo de Cuaresma nos propone el Evangelio de la transfiguración, narrado por los tres evangelistas sinópticos (este año le corresponde a Lucas). ¿Por qué se lee indefectiblemente este pasaje durante la Cuaresma? El motivo es sencillo: para no olvidar nunca que ese Jesús que sufrirá toda clase de padecimientos y pruebas, culminados con el «oprobio» de la cruz, es el mismo que, rodeado de gloria, vive inmerso en la luz del Padre. Los tres apóstoles necesitan ver que en Cristo hay realmente «algo más» que el poder de hacer milagros o de enseñar con autoridad. Y ven: el Señor está a la vez en el tiempo y fuera del tiempo (habla con Moisés y Elías, haciéndolos sus contemporáneos), habla y escucha directamente al Padre (que lo llama Hijo): ¡él es verdaderamente Dios! Con Jesús, pues, también nosotros vencemos el tiempo y las pruebas; también nosotros hablamos con los hombres del pasado que están en la gloria. También nosotros, en Jesús y con Jesús, podemos llevar nuestra cruz manteniendo fija la mirada en ese maravilloso torbellino de amor que nos espera, y entonces toda cruz nos parecerá soportable, más aún, deseable para entrar para siempre en Dios.

