Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» noviembre-diciembre de 2022
33.º domingo del tiempo ordinario (C)
1.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Malaquías (Mal 3,19-20a)
He aquí que llega el día ardiente como un horno. Entonces todos los soberbios y todos los que cometen injusticia serán como paja; ese día, cuando llegue, los abrasará -dice el Señor de los ejércitos- hasta no dejarles ni raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen mi nombre, saldrá el sol de justicia, que lleva la salud en sus rayos. -Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Nos disponemos a vivir los últimos días del año litúrgico; dentro de unas semanas entraremos en el tiempo de Adviento, y el lenguaje de la liturgia prefiere lo que se denomina género apocalíptico. Nada aterrador hay en este término, nada de lo que se cuenta en algunas películas apocalípticas, precisamente, ni de lo que predican algunas sectas que ven en cada cosa los signos del fin del mundo. La palabra «apocalipsis» en la Biblia significa simplemente «revelación», no catástrofe. Ciertamente, las imágenes que emplea el profeta parecen catastróficas, pero ¿acaso no es catastrófico el lenguaje de una madre que dice a su hijito: «Si tocas, te rompo las manos», queriendo así llamar la atención sobre la peligrosidad de ese gesto? Malaquías, en el fondo, no se comporta de manera distinta de la madre mencionada. Los soberbios y todos los que cometen injusticias recogerán sencillamente el fruto de lo que han sembrado. El día ardiente no viene para quemar al hombre, sino para limpiar todo lo que no merece ser considerado humano. Arrancar el mal y hacer germinar el bien.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2 Tes 3,7-12)
Hermanos, saben de qué manera deben tomarnos como modelo: nosotros no vivimos ociosamente entre ustedes ni comimos gratis el pan de nadie, sino que trabajamos duramente, noche y día, para no ser una carga para ninguno de ustedes. No es que no tuviéramos derecho, sino para ofrecernos a ustedes como modelo que imitar. De hecho, cuando estábamos entre ustedes, les dimos siempre esta regla: quien no quiera trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado de que algunos de ustedes viven desordenadamente, sin hacer nada y siempre inquietos. A estos les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen tranquilamente para ganarse el pan. -Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Cuando la fe no se queda en una discusión sobre los grandes sistemas, en una elucubración mental, en una gnosis que no salva. Aquí el apóstol Pablo hace descender la fe a la vida cotidiana, a lo que, a primera vista, puede parecer sencillamente una circunstancia banal. ¿Qué tiene que ver la fe con el trabajo? ¿Qué tiene que ver la fe con la economía? ¿Qué tiene que ver la fe con la familia? La fe, para quien la tiene, es algo que se vive en la intimidad, la vida es otra cosa, es algo serio. ¿No son acaso estos los discursos que cada día oímos repetir desde todos los púlpitos de nuestro mundo posmoderno? La fe no es una cómoda coartada para desentenderse de las cosas del mundo, sino que sugiere una manera diferente de vivirlas. Además, el pasaje de esta carta que leemos hoy me sugiere una reflexión adicional. Algunos viven desordenadamente, sin hacer nada y siempre inquietos. Este desorden puede infiltrarse también en la vida eclesial, donde la tentación de charlar siempre está al acecho, junto con la tentación de estar continuamente inquietos en busca de nuevas experiencias espirituales que vivir.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 21,5-19)
En aquel tiempo, mientras algunos hablaban del templo, que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado, sin que quede piedra sobre piedra». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que está a punto de suceder?». Él respondió: «Tengan cuidado de no dejarse engañar. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy”, y: “El tiempo está cerca”. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se aterroricen, porque es necesario que estas cosas sucedan primero, pero el fin no llegará inmediatamente». Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, hambre y pestes en diversos lugares; sucederán también hechos aterradores y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso, los apresarán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y los llevarán ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Esto les sucederá para que puedan dar testimonio. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni replicar. Serán entregados incluso por sus padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de ustedes. Todos los odiarán por causa de mi nombre. Pero ni siquiera un cabello de su cabeza se perderá. Gracias a la perseverancia salvarán sus vidas». -Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Por naturaleza tendemos a considerar eternas cosas que, en cambio, están destinadas a tener un fin. Así, aquellos «algunos» de los que hoy nos habla el Evangelio estaban fascinados por la belleza y la majestuosidad del templo, olvidando que esa belleza no era un fin en sí misma. Era el resultado de la belleza de la Alianza vivida entre Dios y su pueblo y, al mismo tiempo, una llamada a aquella belleza que nada ni nadie podrá destruir: la vida en la plenitud del amor del Padre. Ante esta fascinación, Jesús lo devuelve todo a un sano realismo. Llegará un tiempo en que todo esto ya no existirá, pero eso no significa que la esperanza y el asombro estén destinados a terminar. Ante esta provocación del Señor, sus interlocutores preguntan: «¿Cuándo?». Jesús no responde a esta pregunta; más bien enumera una serie de situaciones que vivirán quienes esperan el cumplimiento de la historia. A Jesús no le interesa demostrar que conoce el futuro; le importa sugerir criterios de discernimiento. Advierte contra los falsos profetas y exhorta a no ver en los acontecimientos los signos del fin inminente. Todo sirve al creyente para enfocar la meta y no el final.

