Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» mayo-junio de 2023
6.º domingo de Pascua (A)
2.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 8,5-8.14-17)
En aquellos días, Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Las multitudes, unánimemente, prestaban atención a las palabras de Felipe, al oírlo hablar y ver los signos que realizaba. En efecto, de muchos endemoniados salían espíritus impuros, dando grandes gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaron curados. Y hubo gran alegría en aquella ciudad. Entretanto, los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había acogido la palabra de Dios y les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El tiempo de la Iglesia es decididamente el tiempo del Espíritu Santo. La primera predicación cristiana estuvo marcada por esta explosión exuberante de dones y carismas que acompañaban la predicación de los apóstoles y de los ministros de Dios. Hablaban de vida nueva, de amor, de bondad, de ayuda mutua, de pureza de corazón, de sencillez y, al mismo tiempo, expulsaban demonios y curaban enfermedades. Proponían una vida diferente y, al mismo tiempo, la mostraban a todos. Eran personas transformadas. Ya no tenían prejuicios ni temores, hasta el punto de que los apóstoles fueron enseguida también a Samaría, que hasta pocos años antes evitaban desdeñosamente, considerando a los samaritanos idólatras e israelitas traidores de la verdadera Ley. El Espíritu Santo rompió toda barrera: ahora todos los hombres pedían e imploraban curación y vida nueva, y los apóstoles acogieron a todos y todo. Así son los santos: hombres valientes que no se detienen ante ningún obstáculo, porque la vida nueva en Cristo es realmente manifestación del poder de Dios. ¡Señor, envía también hoy a tus santos a la Iglesia y al mundo!
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro (1 Pe 3,15-18)
Queridísimos, santifiquen al Señor, Cristo, en sus corazones, dispuestos siempre a responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con dulzura y respeto, con recta conciencia, para que, cuando hablen mal de ustedes, queden avergonzados los que difaman su buena conducta en Cristo. Porque, si esta es la voluntad de Dios, es mejor sufrir haciendo el bien que haciendo el mal, pues también Cristo murió una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos, para llevarlos a Dios; muerto en el cuerpo, pero vivificado en el espíritu. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
En la primera lectura domina el entusiasmo de la primera predicación apostólica; en la segunda aparece en el horizonte la cruz y el sufrimiento. Sí, podemos acoger plenamente la vida nueva en Cristo, pero esto no evita que los demás puedan tratarnos mal, calumniarnos o cometer actos malos contra nosotros. En este caso, ¿qué hacer? El Espíritu Santo, nos dice san Pedro, es también dulzura y comprensión, mansedumbre y paciencia. Es mejor callar y sufrir que responder con violencia; es mejor soportar una injusticia más que vengarse y alimentar el rencor en el corazón. Para vivir así, basta pensar en Jesús y pedir su ayuda: también él fue tratado injustamente y perdonó; sufrió insultos y guardó silencio. El verdadero cristiano, entonces, es a la vez exuberante y manso, audaz y pacificador. Dos cosas en una: el mal se vence con la paciente caridad, y el anuncio de la vida nueva se hace con la exuberancia del amor. Todo es nuevo en Cristo, y esto es lo que hace bella la vida. Sí, porque Jesús es el único que nos promete un presente eterno.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 14,15-21)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me aman, observarán mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que permanezca con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen porque permanece junto a ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos: volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá; ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán. Aquel día sabrán que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí y yo en ustedes. El que acoge mis mandamientos y los observa, ese es el que me ama. El que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La frase central del Evangelio de hoy probablemente sea: «Ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán». Jesús promete el Espíritu Santo. Entre las diversas prerrogativas que este concede a la vida nueva de los cristianos está que, gracias al Espíritu, veremos a Jesús. ¿Quizá aquí Jesús se refería a aquellos cuarenta días posteriores a la resurrección, durante los cuales se apareció a varios discípulos para confirmarlos en la fe? Sí, también, pero no únicamente. También nosotros hoy podemos ver a Jesús si vivimos en el Espíritu Santo. No se trata aquí de una visión ocular, externa, hecha con los ojos de nuestro cuerpo físico, sino con los ojos interiores de la fe. En efecto, también tenemos «sentidos internos» que, activados por la fe, nos hacen ver al Señor, nos hacen escucharlo y nos permiten conocerlo. Para entrar en esta visión interior hace falta precisamente una fe viva y, aunque nuestros ojos no perciban nada, los ojos del alma contemplan el rostro del Resucitado; el corazón habla con él, porque Jesús está vivo y nosotros estamos vivos con él. El cristianismo consiste en esta visión interior, a la que el Señor nos invita continuamente. Y tú, ¿alguna vez has «visto» al Señor? Si te parece que no, ¡abre los ojos de la fe!


