liturgia della domenica 15 agosto 2021

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 15 de agosto de 2021

María asunta

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2021

Asunción de la bienaventurada Virgen María (s)
propia


MISA VESPERTINA

PRIMERA LECTURA

Del primer libro de las Crónicas (1Cr 15,3-4.15-16;16,1-2)
En aquellos días, David convocó a todo Israel en Jerusalén, para subir el arca del Señor al lugar que le había preparado. David reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Los hijos de los levitas levantaron el arca de Dios sobre sus hombros por medio de varas, como había prescrito Moisés según la palabra del Señor. David dijo a los jefes de los levitas que prepararan a sus hermanos, los cantores con instrumentos musicales, arpas, cítaras y címbalos, para que, alzando sus voces, hicieran oír sonidos de alegría. Introdujeron, pues, el arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David había levantado para ella; ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión delante de Dios. Cuando terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, David bendijo al pueblo en nombre del Señor. Palabra de Dios.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15,54b-57)
Hermanos, cuando este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, se cumplirá la palabra de la Escritura: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! Palabra de Dios.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 11,27-28)
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer de entre la multitud alzó la voz y le dijo: «¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!». Pero él dijo: «Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». Palabra del Señor.


MISA DEL DÍA

PRIMERA LECTURA

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (Ap 11,19a;12,1-6a.10ab)
Se abrió el templo de Dios que está en el cielo y apareció en el templo el arca de su alianza. Un signo grandioso apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y gritaba por los dolores y el trabajo del parto. Entonces apareció otro signo en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas, siete diademas; su cola arrastraba un tercio de las estrellas del cielo y las precipitaba sobre la tierra. El dragón se colocó delante de la mujer, que estaba a punto de dar a luz, para devorar al niño en cuanto lo hubiera dado a luz. Ella dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar a todas las naciones con cetro de hierro, y su hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono. La mujer, en cambio, huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio. Entonces oí una voz potente en el cielo que decía: «Ahora se ha cumplido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo». Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El libro del Apocalipsis de san Juan nos presenta dos signos: el primero es una mujer embarazada, con dolores de parto, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de estrellas. El segundo es un dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos que arrastra con su cola las estrellas y las precipita al suelo. La representación del sol, la luna y las estrellas, así como los dolores del parto, nos llevan a pensar en la belleza de Dios, en una hermosa reflexión sobre la creación y lo creado, sobre la maravilla, el asombro, la eternidad y la esperanza, que siempre debe enfrentarse al dragón, es decir, a Satanás, a las adversidades, las hostilidades, las peripecias y las ambivalencias del mundo. Estas dos imágenes ponen de relieve la contraposición entre el bien y el mal; vivimos esta lucha cada día en nuestras vidas, pero Dios, una vez más, nos recuerda su alianza y, con voz potente, nos envía un mensaje de esperanza; él nos da al Hijo, nos prepara un refugio de salvación, un reino, el poder de su Cristo, en el que no se permite que el mal prevalezca sobre el bien.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15,20-27a)
Hermanos, Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que han muerto. Porque, si por un hombre vino la muerte, por un hombre vendrá también la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos recibirán la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, a su venida, los que son de Cristo. Después será el fin, cuando él entregue el reino a Dios Padre, después de haber reducido a la nada todo Principado, todo Poder y toda Fuerza. Pues es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser aniquilado será la muerte, porque ha puesto todo bajo sus pies. Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Hoy celebramos la asunción de María al cielo en alma y cuerpo, y san Pablo nos habla de la resurrección de Cristo, aquel que resucitó primero de entre los muertos. Este es un paso fundamental en la vida del cristiano: si hacemos nuestro el misterio de la resurrección, nuestra vida se abre verdaderamente a la alegría de la salvación. Si vivimos nuestra vida aferrados a la idea de la muerte como fin último de nuestros proyectos, nuestros vínculos y nuestros afectos, abandonamos la oportunidad de saborear la esperanza, de mejorar nuestra vida, de ser libres y confiados con el impulso que nos permite derrotar las angustias. Al vencer el miedo a la muerte, el gran y verdadero miedo del ser humano, nos abrimos de par en par a la fe en la vida eterna prometida por Jesús. Sin ella, ¿qué sentido tiene nuestra vida hoy? San Pablo reafirma que todos los enemigos de Dios serán sometidos a Cristo: el último será la muerte, pues él, a su venida, llamará desde los sepulcros a todos sus fieles. Y será una alegría plena de amor, comunión y salvación.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,39-56)
En aquellos días, María se levantó y se dirigió apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó con gran voz: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. Y bienaventurada la que ha creído en el cumplimiento de lo que el Señor le ha dicho». Entonces María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. El Poderoso ha hecho obras grandes en mí y santo es su nombre; su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María permaneció con ella unos tres meses, y después regresó a su casa. Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Una mujer embarazada, cuando siente que su hijo se mueve en su vientre, experimenta una alegría indescriptible: dentro de ella ocurre un milagro, una criatura toma forma, crece y se desarrolla y, si la madre se creía estéril, esta alegría alcanza su máxima intensidad. Seguramente también los niños que crecen en el vientre perciben la gran felicidad de sus madres y manifiestan su alegría dando saltos. En Isabel, el salto da origen a las palabras de las que hemos tomado la oración del Avemaría. El Espíritu Santo, además de hacer que María viviera la gracia de la maternidad, le hace concebir la oración del Magníficat, el canto y la alabanza más hermosa que se reza cada día en la celebración de las Vísperas. Si hacemos nuestra esta oración, los cristianos conseguimos verdaderamente expresar con palabras la alegría indescriptible de tener a Dios con nosotros, ese estremecimiento del alma al darnos cuenta de que somos contemplados en nuestra humildad, de sentirnos tocados por él, de recibir el don de la misericordia para quienes le temen. Su justicia se ejercerá con el poder de su brazo, que colma y enaltece a los humildes y dispersa, derriba y despide a los ricos con las manos vacías. ¿Sabemos vivir este milagro en nuestra vida?


Suscripción al Misal
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