liturgia della domenica 16 gennaio 2022

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 16 de enero de 2022

Bodas de Caná

Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» enero-febrero de 2022

2.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
2.ª sem. del salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 62,1-5)
Por amor de Sion no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que despunte como la aurora su justicia y su salvación brille como una lámpara. Entonces las naciones verán tu justicia, todos los reyes tu gloria; te llamarán con un nombre nuevo, que la boca del Señor designará. Serás una magnífica corona en la mano del Señor, una diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán Abandonada, ni a tu tierra la llamarán Devastada, sino que te llamarán Mi Delicia y a tu tierra Desposada, porque el Señor encontrará en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Sí, como un joven se casa con una virgen, así te desposarán tus hijos; como el esposo se alegra por la esposa, así se alegrará tu Dios por ti. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El pueblo de Israel ha regresado del exilio de Babilonia y la historia de la alianza con Dios comienza de nuevo. El profeta Isaías canta este regreso con grandiosas imágenes y perspectivas consoladoras. Jerusalén y el propio Israel son personificados (un recurso literario no nuevo en la Biblia) y se convierten en la Esposa del Señor. Es una alianza renovada, que recuerda la que llegará de manera definitiva en Cristo. En efecto, a pesar de los tonos festivos y las afirmaciones exaltadas, la Esposa-Israel aún no será fiel; volverá a dejarse tentar por los ídolos, hasta profanar la ciudad santa construyendo en ella un gimnasio pagano (1Mac 1,14-15). Por eso es necesaria la alianza en la sangre de Jesús. El profeta Isaías es su gran cantor y precursor: el ser humano desea estar unido a su Dios, pero, mientras él no «baje del cielo» en su carne, esta comunión no será posible o no lo será plenamente. Isaías da voz al grito de Adán que, expulsado del Edén, anhela regresar a él. Se espera a aquel que dirá: «Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará» (Jn 10,9).


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 12,4-11)
Hermanos, hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común: a uno, por medio del Espíritu, se le da un mensaje de sabiduría; a otro, por el mismo Espíritu, un mensaje de conocimiento; a uno, en el mismo Espíritu, la fe; a otro, en el único Espíritu, el don de curaciones; a uno, poder de hacer milagros; a otro, el don de profecía; a otro, el don de discernir los espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las realiza el mismo y único Espíritu, repartiéndolas a cada uno en particular como él quiere. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Cuando san Pablo habla de la Iglesia suele usar el ejemplo del cuerpo humano. En él hay muchos miembros, cada parte es diferente de las demás, pero todas cumplen su función precisa, concentradas en lo que deben hacer, esperando que también las otras partes hagan lo mismo, de modo que al final el cuerpo esté sano, para beneficio de todos. En la Iglesia, el Espíritu distribuye sus dones según su propio criterio y nosotros acogemos lo que él nos dé: si uno tiene el don de la sabiduría, que se conforme y no quiera tener también el de hacer milagros. Así será fácil que todos estén de acuerdo, porque si el cuerpo está sano, todos salen beneficiados. Si tengo el don de la sabiduría y un hermano mío tiene el de hacer milagros, me alegro mucho, porque algún enfermo será curado y el poder de Dios será glorificado; y como vivo en plena comunión con el hermano sanador, lo importante es que el milagro se realice, aunque no sea por mí. Es más, estaré aún más contento, porque me ahorraré las tentaciones de la vanagloria. Lo que realmente importa es la salud de todo el cuerpo.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 2,1-11)
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya han bebido bastante, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

El primer milagro lo realiza el Señor por intercesión de la Virgen María. No es casualidad: es una elección precisa. Jesús obedece a la Madre, que ve las necesidades de los hombres y las presenta al Hijo divino. Este es el papel de la Virgen, desde aquel momento hasta el fin de los tiempos; es el papel que le reconocemos continuamente al repetir en el Ave María: «Ruega por nosotros, pecadores». No es que Dios no pueda hacerlo por sí solo: en el Evangelio son muchos los milagros de Cristo realizados en ausencia de la Virgen. Pero sigue siendo cierto que Jesús no está sin María y María no está sin Jesús: es el Señor quien quiere esta intercesión materna cuando, desde la cruz, entrega a Juan, y por tanto también a nosotros, a su Madre: «¡He ahí a tu Madre!» (Jn 19,27). Desde aquel momento, escribe Montfort, «al ir a Jesús por María, tu acción ya no será tuya, sino de María, que obra en ti, y por consiguiente será mucho más preciosa y digna de Dios». El agua transformada en vino, por intercesión de la Virgen, es el amor que no puede faltar; simboliza el don del Espíritu Santo y nos remite al Cenáculo, donde el Espíritu desciende sobre los Apóstoles. Donde está la Virgen, llega con poder el fuego del Espíritu.


Suscripción al Misalito
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Liturgia del domingo: 16 de enero de 2022

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