liturgia della domenica 16 luglio 2023

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 16 de julio de 2023

Sembrador

Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» julio-agosto de 2023

15.º domingo del tiempo ordinario (A)
3.ª semana del salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 55,10-11)
Así dice el Señor: «Como bajan del cielo la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».- Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Esta palabra del profeta Isaías parece estar sujeta a una refutación en el plano práctico. Dios dice que su palabra desciende a los corazones y vuelve a él después de haber realizado lo que desea, pero en realidad vemos que no siempre es así. Quizá también nosotros hemos escuchado muchas palabras del Señor, pero hemos permanecido inertes y la Palabra se ha deslizado como aceite sobre el agua, sin producir efecto. Entonces, ¿se equivoca la palabra de Dios en este caso? Evidentemente, no. Debemos creer que toda indicación que nos llega de lo alto vuelve al Señor con algún efecto, que podrá ser positivo si nos hemos dejado empapar para después dar fruto; de lo contrario, el fruto no aparecerá de inmediato, porque no es posible que el Señor hable al azar o por error. ¿Qué ocurre con esta Palabra que ha vuelto al Señor? Permanece activa, porque mientras estemos vivos siempre existirá la posibilidad de responder: quizá en el último aliento de nuestra vida respondamos positivamente a Dios, según una Palabra escuchada tal vez años o décadas antes.


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos  (Rm 8,18-23)
Hermanos, considero que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria futura que se revelará en nosotros. La ardiente expectación de la creación, en efecto, está orientada hacia la manifestación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad - no por su voluntad, sino por voluntad de aquel que la sometió -, con la esperanza de que también la propia creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos, en efecto, que toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta hoy. Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, esperando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo. - Palabra de Dios. 

Comentario a la segunda lectura

Toda la creación participó en la caída de Adán y Eva, «sufrió» el pecado original de nuestros primeros padres, pero no es posible que se pierda, porque nada de lo que Dios ha creado debe terminar para siempre. También las plantas, los minerales y los animales cantan con su existencia la gloria de Dios y gimen esperando la liberación plena. Es el problema que se han planteado tantos Padres: ¿se salvan los animales? ¿Y las plantas? No tienen un alma racional, capaz de decidir, pero están necesariamente vinculados al ser humano, que ha sido constituido rey de la creación. Por tanto, podemos decir que la creación se «salvará» con nosotros y en nosotros, cuando participemos - ¡esperemos! - en la vida del cielo, en el Paraíso. No estaremos solos, sin los animales que hemos amado, sin la vegetación obra de la munificencia de Dios, sino que reencontraremos nuestros lugares y todas las cosas que, de algún modo, hemos «asumido» en el amor. ¡Qué gran gloria nos espera entonces! Esto nos ayuda a superar todas las tristezas del mundo presente: nada se pierde en el amor que Dios nos tiene.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Mateo (Mt 13,1-23)
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tanta gente que subió a una barca y se sentó, mientras toda la gente permanecía en la orilla. Les habló de muchas cosas en parábolas. Y les dijo: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó enseguida, porque la tierra no era profunda, pero cuando salió el sol se abrasó y, al no tener raíces, se secó. Otra parte cayó entre zarzas, y las zarzas crecieron y la ahogaron. Otra parte cayó en tierra buena y dio fruto: el ciento, el sesenta, el treinta por uno. El que tenga oídos, que oiga». Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «A vosotros se os ha dado a conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías que dice: “Oiréis, sí, pero no entenderéis; miraréis, sí, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, se han vuelto duros de oído y han cerrado los ojos, para no ver con los ojos ni oír con los oídos ni entender con el corazón ni convertirse para que yo los sane”. Dichosos, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. Vosotros, pues, oíd la parábola del sembrador. Cada vez que uno escucha la palabra del Reino y no la entiende, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso es el que escucha la Palabra y la acoge enseguida con alegría, pero no tiene raíces en sí mismo, es inconstante y, en cuanto llega una tribulación o una persecución por causa de la Palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre zarzas es el que escucha la Palabra, pero la preocupación del mundo y la seducción de la riqueza ahogan la Palabra, y esta no da fruto. Lo sembrado en tierra buena es el que escucha la Palabra y la entiende; este da fruto y produce el ciento, el sesenta, el treinta por uno».- Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

La parábola del sembrador es fácil de comprender, también porque es una de las pocas que el propio Señor explica con todo detalle. El comentario, por tanto, lo hace él. Más complicado es el discurso central, en el que dice que a los amigos Cristo les explica las parábolas para que conozcan los secretos del reino de los cielos, mientras que los demás están destinados a no comprender. ¿Por qué esta disparidad? Jesús se refiere aquí a los fariseos y a los doctores de la Ley, que en teoría ya deberían saberlo todo; por tanto, no necesitarían volver a escuchar los discursos del Reino expresados en parábolas. Sin embargo, para ellos vale la antigua profecía de Isaías: se trata de quienes han endurecido el corazón y cerrado los oídos y los ojos para no escuchar ni ver. Para ellos no valen ni las antiguas doctrinas ni las nuevas parábolas, porque no quieren convertirse a la Buena Nueva, que es la vida del amor. El problema, por tanto, no está tanto en la Palabra como en el terreno que debería acogerla, es decir, nuestro corazón. Esto nos consuela mucho: cada vez que nos disponemos a escuchar a Jesús cuando habla, debemos realizar una acción interior de purificación y acoger todo lo que Dios nos diga, como la tierra buena bien preparada.


Suscripción al Misalito
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