Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2022
16.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
4.ª semana del salterio.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis (Gn 18,1-10a)
En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a las encinas de Mambré, mientras él estaba sentado a la entrada de la tienda, cuando apretaba el calor del día. Alzó los ojos y vio a tres hombres de pie cerca de él. En cuanto los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la tienda y se postró en tierra, diciendo: «Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Que traigan un poco de agua, lavaos los pies y descansad bajo el árbol. Voy a traer un bocado de pan para que recobréis fuerzas; después podréis seguir, pues habéis pasado junto a vuestro siervo». Ellos contestaron: «Bien, haz lo que dices». Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, toma tres medidas de flor de harina, amásala y haz unas tortas». Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y tierno y se lo dio a un criado, que se apresuró a prepararlo. Tomó también cuajada y leche, junto con el ternero que había preparado, y se lo ofreció. Mientras él estaba de pie junto a ellos, bajo el árbol, comieron. Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Contestó: «Aquí, en la tienda». Y añadió: «Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Abrahán, aunque es nómada, no olvida la importancia de la hospitalidad y acoge así a Dios en persona en su campamento. Su acogida está llena de solicitud, diligencia y atención hacia estos huéspedes ilustres. Hospedar a alguien no solo significa recibirlo en nuestra casa, sino también reconocerlo, amarlo y acogerlo en nuestro corazón. Del mismo modo, rechazar la hospitalidad puede ser manifestación de miedo, juicio o indiferencia. El motivo de los distintos sentimientos relacionados con el gesto de acogida reside en que el otro, también Dios, es siempre para nosotros un misterio; es, en cualquier caso, diferente, a veces un extraño que puede producir inseguridad, miedo y angustia. La diversidad siempre es una prueba y un desafío. La acogida nos ayuda a abrir el corazón antes que la puerta de nuestra casa y, sobre todo, a recibir la visita de Dios en nuestra vida cotidiana. Y Dios, tal como hizo con Abrahán y Sara, nos concederá las gracias que necesitamos para nuestro camino. Pero, sobre todo, nos dará su amistad y su confianza. ¿Qué significa para ti ser acogedor?
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (Col 1,24-28)
Hermanos, me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia. De ella me he convertido en servidor, conforme a la misión que Dios me encomendó respecto a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y manifestado ahora a sus santos. A ellos Dios quiso dar a conocer la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles: Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. Él es a quien anunciamos, amonestando a todos y enseñando a todos con toda sabiduría, para presentar a todos perfectos en Cristo. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Para Pablo, la tarea del ministro consiste en servir a quienes le han sido confiados y no en servirse de su cargo dentro de la Iglesia para obtener un beneficio personal. Está feliz de haber entregado su vida al Señor y de difundir la buena noticia de la salvación, alcanzada por Jesús para todos los hombres. Pablo se siente honrado de poder participar, con sus sufrimientos, en los de Cristo. De esta gran enseñanza suya nace la actitud del cristiano de abrazar y soportar sus propias cruces como crecimiento y purificación espiritual, en lugar de considerarlas una maldición. También cada uno de nosotros está llamado a recorrer un itinerario hacia la plena madurez espiritual. Al igual que el crecimiento físico, también nuestra experiencia de Dios debe crecer hasta alcanzar su plenitud, hasta la perfección de Cristo. Este camino requiere todo nuestro compromiso y dura toda la vida. Es muy importante escuchar la palabra de Dios, porque es un instrumento valioso en el proceso de crecimiento. Gracias a ella, en efecto, somos capaces de hacer cada vez más espacio a Jesús en nuestra vida.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 10,38-42)
n aquel tiempo, mientras iban de camino, Jesús entró en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios. Entonces se acercó y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile, pues, que me ayude». Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas; pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte y no se la quitarán». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Las figuras de Marta y María nos iluminan sobre dos maneras distintas de acoger a Dios; dos modos que no se excluyen, sino que más bien uno prepara al otro. En efecto, el camino de todo fiel pasa primero por Marta para después llegar a María. Marta nos muestra una acogida activa: sale al encuentro de Jesús, lo hospeda y lo recibe, le hace espacio en su vida y en su casa, y cuida de él. María nos muestra una forma de acogida orientada a la escucha: se sienta a los pies del Maestro para escuchar y comprender su palabra. Hasta aquí todo bien, pero ¿por qué reprende Jesús a Marta? Durante siglos hemos considerado el servicio de menor valor que la oración. De hecho, Marta siempre ha sido considerada el rostro activo de la Iglesia y María, el contemplativo. Sencillamente, Jesús no reprende a Marta por las cosas que hace, sino por la ansiedad con que las hace, por no estar serena en su lugar, por hacer las cosas pensando que sería mejor estar a sus pies. Por tanto, lo que hace Marta es tan digno de alabanza como lo que hace María. En las muchas cosas que hacemos por Jesús, dejemos de lado la ansiedad y la agitación. Y esto no sucede si no frecuentamos regularmente al Señor, dejándole espacio y dedicándole tiempo.

