Textos tomados del Misalito “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2024
20.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
4.ª sem. sal.
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Proverbios (Pr 9,1-6)
La Sabiduría se ha construido su casa, ha tallado sus siete columnas. Ha sacrificado su ganado, ha preparado su vino y ha dispuesto su mesa. Ha enviado a sus criadas a proclamar en los puntos más altos de la ciudad: «¡El que sea inexperto, que venga aquí!». Al que carece de juicio le dice: «Venid, comed de mi pan, bebed del vino que he preparado. Abandonad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Los libros sapienciales tienen como objetivo ofrecer consejos útiles para volverse prudentes y saber afrontar la vida buscando los caminos correctos y las sendas que conducen a la plena felicidad. Además de las exhortaciones de hombres sabios, estos textos bíblicos presentan repetidamente el papel de la Sabiduría, concebida como una persona y señalada como esposa, madre, maestra, reina, arquitecta del mundo y mucho más. El texto en cuestión afirma que Ella se ha construido una gran casa para recibir a mucha gente. Como mujer activa e interesada por el bien de los hombres, toma la iniciativa de invitar al banquete, enviando a sus criadas como misioneras. El almuerzo no se presenta como un simple tentempié, sino que se ofrecen alimentos abundantes, comidos sin esconderse, como sucede en las reuniones de los malvados. Más allá de la imagen, se quiere sugerir que precisamente los inexpertos necesitan saber cómo deben vivir para no caer en el engaño de propuestas efímeras y también venenosas. Y todo lo que esa Mujer especial ofrece, es decir, sus consejos y sugerencias, es sumamente valioso para una vida bien lograda.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 5,15-20)
Hermanos, prestad mucha atención a vuestra manera de vivir, comportándoos no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. No seáis, por tanto, insensatos, sino sabed comprender cuál es la voluntad del Señor. Y no os embriaguéis con vino, que lleva al desenfreno; al contrario, llenaos del Espíritu, entreteniéndoos entre vosotros con salmos, himnos y cánticos inspirados, cantando y alabando al Señor de todo corazón, dando continuamente gracias a Dios Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El Apóstol, como un buen padre, propone algunos consejos para una auténtica vida cristiana. Ante todo, exhorta a ser sabios para descubrir la voluntad de Dios, sin desperdiciar el tiempo en acciones pecaminosas, tratando de resistir al mal, pues la vida reserva situaciones ciertamente desagradables. Como segundo consejo, Pablo invita a abrirse a la acción del Espíritu Santo, para recibir la plenitud de dones que colman el alma de gracias especiales. La comparación entre el vino y el Espíritu permite comprender que este último no es algo vacío e inconsistente, sino que produce un beneficio también físico, a diferencia del vino cuando se bebe en exceso. Como último consejo, al concluir lo sugerido, el Apóstol exhorta a la oración, sobre todo a la comunitaria, con el deseo de reunirse entre hermanos unidos a Dios. El contenido de la oración no debe ser solo de petición, sino también de acción de gracias por lo que se ha recibido. Todo concluye con la alabanza, el canto y la magnificencia de Dios. Son consejos útiles no solo para la Iglesia de Éfeso, sino para toda comunidad cristiana.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 6,51-58)
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguien come de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Entonces los judíos se pusieron a discutir acaloradamente entre ellos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que tiene la vida, me ha enviado y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no es como el que comieron los padres y murieron. El que come este pan vivirá para siempre». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Se retoman los temas propuestos anteriormente. Lo nuevo es la afirmación de la necesidad de comer el pan celestial, que es la carne de Cristo, para la vida del mundo, asociando también el tema de beber su sangre. Así, la acogida de Cristo no solo se concreta en la asimilación e interiorización de su palabra, como alimento de vida, sino que también debe expresarse comiendo y bebiendo concretamente. En efecto, quien no participa en la Eucaristía no puede poseer esa vida que solo Jesús puede comunicar. De ello se desprende el vínculo íntimo entre fe y sacramento, que comunican el mismo efecto salvífico. El sacramento no puede prescindir de la fe, y esta debe manifestarse también tomando parte activa en la cena del Señor. La vida que se obtiene de ello se caracteriza por una unión íntima y estrechísima entre el fiel y Cristo, en una única morada recíproca. Esta vida se origina en el Padre, llega a Cristo y alcanza a sus discípulos. Contra esta comunión de vida nada puede la muerte, que ya no logra alcanzar al creyente. Finalmente, solo en virtud de esta comunión de vida ininterrumpida, mantenida mediante la Eucaristía, Cristo resucitará a sus fieles en el último día.


