liturgia della domenica 18 aprile 2021

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo – 18 de abril de 2021

Emaús

3.er domingo del tiempo de Pascua (B)
3.ª sem. salterio

Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2021

El tema común de las tres lecturas de hoy es el siguiente: Jesús, con su Pascua, ha obtenido para todos los hombres el perdón de los pecados. Para beneficiarse de él, es necesario ante todo darse cuenta de qué es el pecado y reconocerse pecadores. Los pecados levantan un muro entre nosotros y Dios, un muro que, después de haberlo levantado, no somos capaces de derribar. Pero con su muerte y resurrección Jesús ha derribado el muro, ha roto la cadena: quien quiera puede así obtener el perdón y comenzar una vida nueva. El perdón, ofrecido generosamente con el bautismo y después renovado siempre con la confesión, expresa el amor de Dios por sus hijos. No dejemos que nuestros pecados nos condicionen, sino avancemos renovados en el gozoso compromiso de tender hacia Él, el único capaz de colmar las expectativas más profundas y auténticas de nuestro corazón.


PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los Apóstoles (Hch 3,13-15.17-19)
En aquellos días, Pedro dijo al pueblo: «El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando él había decidido ponerlo en libertad; vosotros, en cambio, rechazasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que os indultaran a un asesino. Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos: nosotros somos testigos de ello. Ahora bien, hermanos, sé que actuasteis por ignorancia, como también vuestros jefes. Pero Dios cumplió así lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados».

Comentario a la primera lectura

«El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres»: esta insistencia en afirmar a Dios siempre presente en la cronología del Antiguo Testamento lleva a pensar que no hay ruptura entre lo antiguo y el momento presente. Lo que une y da sentido a toda la historia es la certeza de que Dios está con nosotros, no conoce el abandono ni la enemistad. Jesús mismo dice que Dios era, es y será. Si habla del “Dios de vuestros padres”, significa que Él está siempre presente, como en los tiempos de Abrahán, de Isaac y de Jacob. No es un dios de museo, ya relegado a los libros de historia, sino un Dios vivo y activo más allá de los tiempos, pasado-presente-futuro. «Yo soy», dice Jesús: soy el eterno encarnado en el tiempo, siempre he existido por amor, continúo mi presencia hoy amando a todo y a todos, soy el futuro de amor para cada criatura, soy la meta de la vida terrena vivida por amor. No soy el dios de los muertos, sino el Dios de los vivos, el Resucitado que ha vencido a la muerte, soy el Eterno: y este es el horizonte dentro del cual debemos vivir nuestra existencia. El único garante es Él, el Dios de nuestros padres.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 2,1-5a)
Hijos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis; pero si alguno peca, tenemos un Paráclito ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es víctima de expiación por nuestros pecados; no solo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. En cambio, quien guarda su palabra, en él el amor de Dios ha llegado verdaderamente a la perfección.

Comentario a la segunda lectura

«En cambio, quien guarda su palabra, en él el amor de Dios ha llegado verdaderamente a la perfección»: durante el tiempo pascual vuelve constantemente el tema de la palabra de Jesús, palabra del Padre confiada a los Apóstoles para que fuera anunciada en las comunidades. Y también como catequesis para personas concretas deseosas de conocer al Jesús de los Evangelios. Espléndida idea hacer girar toda la primera parte de la celebración eucarística en torno a la Palabra, dividiendo la santa Misa en dos partes: liturgia de la Palabra y liturgia Eucarística. Y la Palabra nos exhorta, nos impulsa a vivir el único mandamiento de Jesús, el del amor. Así se establece una dependencia entre la Palabra y el amor: del Padre hacia nosotros, del Hijo que acepta el proyecto de amor del Padre para la humanidad, del Espíritu Santo que procede del amor del Padre y del Hijo. La fe cristiana se identifica con la Sagrada Escritura y con el amor. Se llega a afirmar que la Palabra observada por amor nos conduce hacia la perfección. ¡Me parece una exageración del amor de Dios por nosotros! Pero quien ama sabe soñar horizontes impensables y originales, porque brotan del amor.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 24,35-48)
En aquel tiempo, [los dos discípulos que habían regresado de Emaús] contaban [a los Once y a los que estaban con ellos] lo que había sucedido por el camino y cómo habían reconocido a [Gesù] al partir el pan. Mientras hablaban de estas cosas, Jesús en persona se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con vosotros». Sobresaltados y llenos de miedo, creían ver un fantasma. Pero Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Tocadme y mirad; un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como aún no acababan de creer por la alegría y seguían asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado; Él lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: «Esto es lo que os dije cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de Moisés y en los Profetas y Salmos». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se proclamará a todos los pueblos la conversión para el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Comentario al Evangelio del día

«Jesús en persona se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros”»: Jesús nunca se cansa de estar con sus discípulos después de la resurrección; necesitan ser animados, vencer el miedo y la vergüenza de la huida durante la pasión y muerte. Todo este esconderse provoca confusión, agitación y miedo a ser tratados como el Maestro. He aquí, entonces, el encantador saludo que Jesús les dirige: la paz esté con vosotros. Pasad del miedo a la serenidad, de esconderos a manifestar vuestra amistad con el Crucificado, del silencio a proclamar con asombro que es el Resucitado. Despierta, tú que duermes, Cristo, nuestra Pascua, ha resucitado, ha disipado todo temor, viene a llevar la paz allí donde había miedo, allí donde parecía reinar la muerte. La paz de Cristo transforma toda actitud cerrada y temerosa en estilos de vida alegres y abiertos, como las situaciones del mundo donde se necesita la paz. Y no una paz vista superficialmente como ausencia de guerra, sino lugar teológico de la presencia de Dios, de la victoria del amor sobre el pecado, de la serenidad sobre la arrogancia, de las relaciones serenas sobre la dominación y la opresión. Paz que devuelve el sentido a cada persona que encontramos, digna de nuestro saludo: SHALOM.


Suscripción al Misalito
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Liturgia del domingo – 18 de abril de 2021

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