Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2023
7.º domingo del Tiempo Ordinario (A)
3.ª sem. salt.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Levítico (Lv 19,1-2.17-18)
El Señor habló a Moisés y dijo: «Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: “Sean santos, porque yo, el Señor, su Dios, soy santo. No guardarás en tu corazón odio contra tu hermano; reprende abiertamente a tu prójimo, para que no cargues con un pecado por su causa. No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Cuando Jesús habla del amor al prójimo retoma precisamente este pasaje del libro del Levítico. El Señor dice: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón… y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Por tanto, no inventa nada, ya que la primera parte del mandamiento procede del libro del Éxodo y la segunda, precisamente, del Levítico. El amor al prójimo en el Antiguo Testamento se sitúa en el plano de la justicia: así como quieres tu propio bien (te amas a ti mismo), del mismo modo debes querer el bien de tu prójimo, es decir, debes darle lo que le corresponde: honor, paciencia, benevolencia, ayuda en la necesidad, etcétera. Pero esta es solo la base de partida. Jesús completa el amor al prójimo en el discurso de la última Cena: «Ámense los unos a los otros como yo los he amado» (cf. Jn 15,12.17). Y Jesús amó al prójimo (es decir, a nosotros, los seres humanos) hasta dar la vida, sacrificarse en todo, consumirse por completo, ofreciendo el sacrificio de la cruz por nuestro bien. Así como debemos darlo todo por Dios, también debemos darlo todo por los hermanos, porque los dos amores ya no pueden separarse.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 3,16-23)
Hermanos, ¿no saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es santo, y ustedes son ese templo. Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio, porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. Pues está escrito: «Él hace caer a los sabios por medio de su astucia». Y también: «El Señor sabe que los proyectos de los sabios son vanos». Por tanto, que nadie ponga su orgullo en los hombres, porque todo es de ustedes: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro: ¡todo es de ustedes! Pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El ser humano es un misterio para sí mismo. El ser humano en la gracia de Dios lo es todavía más. Hemos recibido el Espíritu Santo; por tanto, la vida de Dios fluye en nosotros y se convierte en principio de nuestro actuar. Sin embargo, es necesario saberlo y consentir a los movimientos de la gracia que nos inspiran desde dentro, porque el Espíritu no actúa automáticamente. No somos máquinas neutrales: podemos decirle sí a Dios y entonces seremos sabios, o podemos negarle la entrada y entonces seremos verdaderamente necios. Pero ¿cómo es posible vivir sin Dios? Con él lo tenemos todo, ya que todo ha sido hecho para nosotros. San Francisco es llamado el “pobrecillo”, pero desde la perspectiva cristiana no hay nadie más rico que él. San Juan de la Cruz, místico carmelita, cantará, tres siglos después del santo de Asís: «Míos son los cielos y mía es la tierra, míos son los hombres, míos son los justos y míos los pecadores. Míos son los ángeles y la Madre de Dios, mías son todas las cosas. El mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo es para mí. ¿Qué cosas pides, pues, y qué buscas, alma mía? Todo esto es tuyo y todo es para ti».
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 5,38-48)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo que no se opongan al malvado; al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra, y a quien quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto. Y si alguien te obliga a acompañarlo una milla, acompáñalo dos. Da al que te pide, y a quien desee pedirte un préstamo no le vuelvas la espalda. Han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en los cielos; él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. Porque si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El amor al prójimo, en Cristo, supera toda expectativa y prudencia humana. Puesto que Dios amó al ser humano hasta dar la vida, gratuitamente, por amor, también quien posee a Dios en el corazón siente que no debe poner ningún límite al amor hacia el prójimo. Amar a los ingratos y a quienes nos calumnian, haciéndonos daño de todas las maneras, supera las capacidades humanas; como máximo podemos soportar con paciencia, pero sacrificarnos y hacer el bien a los malvados nos hace hervir la sangre: no podemos lograrlo. Y es bueno experimentar esta imposibilidad, porque así se demuestra si amamos de manera simplemente humana o si el fuego del Espíritu está en nosotros. Tener bondad hacia quien nos odia es realmente la firma de la presencia de Dios en nosotros. San Maximiliano María Kolbe y santa Teresa Benedicta de la Cruz, asesinados en los campos de concentración, demostraron un amor hacia sus verdugos que dejó a todos maravillados. Miraban a los feroces guardias con amor y benevolencia, los bendecían, derramando la luz de Cristo en sus tinieblas. Esta es la victoria de Dios: el amor sobre el odio, el perdón sobre el asesinato. Esta es la “ciencia” de Dios, que dio a estos mártires un indescriptible sentido de paz interior.

