liturgia della domenica 19 novembre 2023

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 19 de noviembre de 2023

Jesús reza

Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2023

33.er domingo del Tiempo Ordinario (A)
1.ª sem. salt.


PRIMERA LECTURA

Del libro de los Proverbios (Pr 31,10-13.19-20.30-31)
¿Quién podrá encontrar una mujer fuerte? Su valor supera con mucho al de las perlas. Su marido confía en ella y no le faltará beneficio. Le procura felicidad y no desdicha todos los días de su vida. Busca lana y lino y los trabaja gustosamente con sus manos. Tiende su mano a la rueca y sus dedos manejan el huso. Abre sus palmas al necesitado, tiende su mano al pobre. Engañoso es el encanto y fugaz la belleza, pero la mujer que teme a Dios es digna de alabanza. Dadle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

De esta mujer perfecta e ideal se exaltan las virtudes prácticas, domésticas y laborales. «Que sus obras la alaben», se dice de ella, verdadera consolación del marido y pilar de la vida familiar. Pero sus manos no son activas únicamente para las cosas de la vida doméstica; están abiertas al necesitado y tendidas hacia el pobre. Por una parte conservan (para la casa) y por otra dan (a los necesitados). En esencia, la mujer nunca piensa en sí misma, sino siempre en los demás. Ella, que ama verdaderamente, no tiene el centro de su existencia en sí misma, sino que se realiza precisamente en estas relaciones de amor, con sus familiares y con los necesitados que llaman a la puerta. Así es también Dios, que no es un Narciso enorme que se contempla complaciéndose a sí mismo en el espejo, sino fuego vivo que se entrega continuamente: el Padre al Hijo y el Hijo al Padre; en el Espíritu Santo, Dios es don total de sí mismo al hombre necesitado y pecador. De aquí se desprende que la mujer del libro de los Proverbios se presenta ante nosotros como ejemplo del verdadero cristiano, que encuentra su realización al entregarse a los demás.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1Ts 5,1-6)
En lo referente al tiempo y al momento, hermanos, no necesitáis que os escriba, pues sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando la gente diga: «Hay paz y seguridad», entonces, de repente, les sobrevendrá la ruina, como los dolores a una mujer embarazada, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, de modo que ese día pueda sorprenderos como un ladrón. Pues todos sois hijos de la luz e hijos del día; no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino permanezcamos vigilantes y seamos sobrios. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Jesús nunca prometió en el Evangelio que se alcanzaría la paz entre los pueblos aquí en la tierra. Por desgracia, siempre habrá guerras y violencia, como siempre habrá pobres. No se trata de una profecía, sino de un hecho, porque si el pecado todavía existe en el mundo, entonces existe su consecuencia, que es precisamente la fractura, la rebelión contra Dios, la vida tenebrosa. Debemos rezar por la paz en el mundo, pero aunque un día se alcanzara ese equilibrio perfecto, nunca será la realidad definitiva, puesto que cuando se diga: «Hay paz y seguridad», la ruina llegará de repente. La verdadera paz es, por tanto, la ausencia de pecado, la vida de gracia, la presencia de Dios en el corazón del hombre. Y esta se puede obtener fácilmente porque Jesús la donó con su Espíritu: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo». No dejemos que los acontecimientos externos desfavorables nos perturben, sino pidamos al Señor la gracia de vivir santamente; entonces la verdadera paz se extenderá a nuestro alrededor y se derramará en el corazón de nuestros vecinos.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Mateo (Mt 25,14-15.19-21)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «Sucederá como a un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno, según las capacidades de cada uno; luego se fue. Enseguida, el que había recibido cinco talentos fue a negociarlos y ganó otros cinco. Asimismo, el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido un solo talento fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo, regresó el señor de aquellos siervos y quiso ajustar cuentas con ellos. Se presentó el que había recibido cinco talentos y llevó otros cinco, diciendo: “Señor, me entregaste cinco talentos; aquí tienes, he ganado otros cinco”. “Bien, siervo bueno y fiel -le dijo su señor-, has sido fiel en lo poco, te daré poder sobre lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. Se presentó después el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, me entregaste dos talentos; aquí tienes, he ganado otros dos”. “Bien, siervo bueno y fiel -le dijo su señor-, has sido fiel en lo poco, te daré poder sobre lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. Se presentó finalmente también el que había recibido un solo talento y dijo: “Señor, sé que eres un hombre duro, que siegas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra: aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Siervo malvado y perezoso, sabías que siego donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido; debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento y dádselo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y al siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Con razón se habla a menudo de la gratuidad del amor de Dios, de que nada se debe y todo es gracia. Pero no debemos insistir demasiado en esto y olvidar que, en realidad, también existe el mérito del hombre, su compromiso, su esfuerzo por vivir las leyes de Dios para ser y vivir como un verdadero cristiano. Así ocurre también en la vida humana: para aprobar un examen hay que estudiar, para ganar un concurso hay que esforzarse, para escalar una montaña se necesita un entrenamiento continuo. Lo mismo sucede con el Paraíso: nadie llega allí por casualidad, sin quererlo, como si fuera un foso inevitable en el que se cae al morir. También los padres, cuando educan a sus hijos, recompensan sus buenos esfuerzos. El Paraíso, entonces, al mismo tiempo se merece y se recibe gratuitamente. Puede parecer una paradoja, pero no lo es: el hombre debe esforzarse porque es justo que sea así. Al mismo tiempo recibe la vida eterna en Cristo, como acto de su suprema misericordia, como nos enseña la muerte del buen ladrón, que vio abrirse ante él las puertas del cielo por un acto final de fe y arrepentimiento, después de toda una vida de malas acciones. La “presunción de salvarse sin mérito” es uno de los seis pecados contra el Espíritu Santo.


Suscripción al Misalito
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