Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2022
II domingo después de Navidad
2.ª sem. salt.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Eclesiástico (Eclo 24,1-4.12-16 (NV) [gr. 24,1-2.8-12])
La sabiduría hace su propio elogio, en Dios encuentra su motivo de orgullo, en medio de su pueblo proclama su gloria. En la asamblea del Altísimo abre la boca, ante sus huestes proclama su gloria, en medio de su pueblo es ensalzada, en la santa asamblea es admirada, entre la multitud de los elegidos encuentra su alabanza y entre los bendecidos es bendecida, mientras dice: «Entonces el creador del universo me dio una orden, el que me creó hizo que plantara mi tienda y me dijo: “Fija tu tienda en Jacob y recibe tu herencia en Israel, echa tus raíces entre mis elegidos”. Antes de los siglos, desde el principio, él me creó, por toda la eternidad no desfalleceré. En la tienda santa, delante de él, ejercí mi ministerio y así me establecí en Sion. En la ciudad que él ama me hizo habitar y en Jerusalén está mi poder. Eché raíces en medio de un pueblo glorioso, en la porción del Señor está mi herencia, en la asamblea de los santos establecí mi morada». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El libro del Eclesiástico consiste en una recopilación de proverbios, dichos, máximas y recomendaciones útiles para vivir bien la religión en Israel. Cada pueblo tiene, entre sus tesoros, obras semejantes, que caracterizan esa determinada civilización y que se transmiten de generación en generación. Pero he aquí que, a mitad del libro del Eclesiástico, mientras se habla de cómo se debe respetar a los ancianos, de la honestidad necesaria en el comercio y de cosas semejantes, irrumpe de repente este capítulo en el que la sabiduría ensalza a Dios y su proyecto, que consiste precisamente en enviar la sabiduría en medio de su pueblo. La sabiduría habla como si fuera una persona humana y no un concepto. ¿Y quién es esta misteriosa persona? Muchos comentaristas dicen que se trataría del Verbo de Dios, Jesús (el mismo Juan, como leemos en el Evangelio de hoy, se habría inspirado en este pasaje para su Prólogo). Pero tampoco es descabellado identificar la sabiduría-persona con la Virgen María. Intenten releer este pasaje lentamente, imaginando que es la Virgen quien habla. Probablemente surgirán sorpresas.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 1,3-6.15-18)
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. En él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos e intachables ante él por el amor, predestinándonos a ser para él hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al designio amoroso de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos ha agraciado en el Amado. Por eso también yo [Paolo], al enterarme de vuestra fe en el Señor Jesús y del amor que tenéis a todos los santos, doy gracias continuamente por vosotros, recordándoos en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo profundamente; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis a qué esperanza os ha llamado y cuál es la riqueza de gloria que encierra su herencia entre los santos. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Durante el tiempo navideño seguimos contemplando a Jesús niño, Dios hecho hombre. La venida del Señor al mundo no es un hecho cerrado en sí mismo, sino una poderosa llamada: gracias a él, en efecto, los hombres están llamados a convertirse en “hijos de Dios” o, mejor dicho, a participar de la vida de Cristo, el único Hijo del Padre. Ahora bien, ser hijos significa tener la misma naturaleza que el progenitor: un gato no engendra un caballo, sino otro gato, y, del mismo modo, yo he recibido la naturaleza humana de mis padres, y ellos de mis abuelos. Pero si soy hijo de Dios, como afirma Pablo, ¡significa que también he recibido de Dios la naturaleza divina! Entonces, ¿quién soy yo? ¿Hombre o Dios? Soy un hombre llamado a participar de la naturaleza divina, a recibir y dar amor, a resplandecer eternamente. Esta es la esperanza de la que habla el Apóstol, este es el tesoro del que habla la carta. Ante tal magnificencia, san Juan de la Cruz exclama: «Oh almas creadas para cumbres tan altas y llamadas a ellas, ¿qué hacéis? ¿En qué os entretenéis? ¿Querréis ser ciegas ante tanta luz y sordas ante llamadas tan autorizadas?».
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 1,1-18)
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Todo fue hecho por medio de él, y sin él no se hizo nada de cuanto existe. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Vino un hombre enviado por Dios: su nombre era Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que debía dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, viniendo al mundo. Estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de él, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios: a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria como del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y proclama: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». De su plenitud todos hemos recibido: gracia sobre gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El escritor ruso Fiódor Dostoyevski meditó durante toda su vida sobre esta página del Evangelio de Juan y escribió: «Podéis discutir cuanto queráis, pero una cosa es cierta: nosotros sabemos, vosotros y yo, que la sola ciencia nunca satisfará todo ideal humano, y que la paz del hombre, la fuente de la vida, la salvación de la desesperación para todos los hombres y la garantía de salvación para todo el universo se contienen enteramente en estas palabras: Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros». La frase central del prólogo de san Juan es precisamente esta expresión: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Si Dios no se hubiera encarnado, habría sido imposible toda relación directa con él. Ya habrá tiempo de meditar sobre la evangelización, sobre la misión de Cristo y sobre su muerte sacrificial; hoy todo el mundo se detiene y adora, sin ninguna otra distracción. Acoger a Dios en un niño parece una locura para el mundo, y realmente lo es. Por eso san Francisco, el primer gran promotor del belén, fue un “loco” enamorado. Y es así: todo hombre que quiera entrar verdaderamente en relación con Dios y frecuentarlo no tiene más que una tarea: estar siempre alegre, porque Dios se hizo carne.

