Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2024
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (s) (B)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo (Ex 24,3-8)
En aquellos días, Moisés fue a referir al pueblo todas las palabras del Señor y todas las normas. Todo el pueblo respondió a una sola voz diciendo: «¡Cumpliremos todos los mandamientos que el Señor ha dado!». Moisés escribió todas las palabras del Señor. Se levantó de madrugada y erigió un altar al pie del monte, con doce estelas por las doce tribus de Israel. Encargó a algunos jóvenes de los israelitas ofrecer holocaustos y sacrificar novillos como sacrificios de comunión para el Señor. Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en varios recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el libro de la alianza y lo leyó en presencia del pueblo. Ellos dijeron: «Cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor y obedeceremos». Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, conforme a todas estas palabras». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El vínculo entre las “diez palabras” y la alianza aparece aún más claramente en este pasaje del libro del Éxodo, que contiene el relato de la conclusión de la alianza. Primero se celebra un rito sacrificial y después un banquete de comunión, que une a Yahvé con el pueblo y establece entre ambos una relación de consanguinidad, como miembros de una misma familia. Todo el pueblo responde a una sola voz, diciendo: «¡Cumpliremos todos los mandamientos que el Señor ha dado!». Antes de la aspersión del pueblo tiene lugar un rito importante: Moisés toma el libro de la alianza y lo lee al pueblo. La alianza quedará verdaderamente concluida «conforme a todas estas palabras». Después de que Israel ha aceptado oficialmente la alianza y ha escuchado la lectura del decálogo, Moisés rocía la sangre sobre el pueblo y declara establecida la alianza. El decálogo aparece claramente como el documento oficial de la alianza, su expresión fundamental, la garantía y el signo de la elección de Israel. De hecho, en el libro del Éxodo el decálogo también recibe los nombres de “palabras de la alianza”, “cláusulas de la alianza”, “diez palabras” y, más aún, “libro de la alianza”.
SEGUNDA LECTURA
De la carta a los Hebreos (Heb 9,11-15)
Hermanos, Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de una tienda más grande y más perfecta, no construida por mano de hombre, es decir, no perteneciente a esta creación. Él entró una vez para siempre en el santuario, no mediante la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, obteniendo así una redención eterna. En efecto, si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y la ceniza de una novilla, rociada sobre los que están contaminados, los santifican purificándolos en la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo -que, movido por el Espíritu eterno, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios- purificará nuestra conciencia de las obras de muerte, para que sirvamos al Dios vivo! Por eso él es mediador de una alianza nueva, porque, al intervenir su muerte como rescate de las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Cuando los antiguos profetas anunciaban la nueva alianza, no explicaban de qué forma sería instituida ni cuál sería su acto fundador. El autor de la carta a los Hebreos nos lo proclama, en cambio, con toda claridad en la frase central de toda la carta: «Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de una tienda más grande y más perfecta, no construida por mano de hombre, es decir, no perteneciente a esta creación. Él entró una vez para siempre en el santuario, no mediante la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, obteniendo así una redención eterna». Jesús entra así en el verdadero santuario de la intimidad con Dios y nos abre el camino, ofreciéndonos la comunión plena con el Padre y realizando así la alianza definitiva. ¿Con qué medios? «Por medio de su propia sangre», es decir, mediante su muerte en la cruz transformada en ofrenda. Jesús se ofrece por nosotros al Padre y hace de su vida un medio de unión perfecta con Dios y de comunión entre nosotros. Ha obtenido para “muchos” una redención eterna, es decir, la liberación de los pecados, que es la condición fundamental para la institución de la nueva alianza.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 14,12-16.22-26)
El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la Pascua, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que puedas comer la Pascua?». Entonces envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua; seguidlo. Allí donde entre, decid al dueño de la casa: “El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, en la que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Él os mostrará en el piso superior una sala grande, amueblada y ya preparada; preparad allí la cena para nosotros». Los discípulos fueron, entraron en la ciudad, encontraron todo como les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, tomó el pan y pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó un cáliz, dio gracias, se lo entregó y todos bebieron de él. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el reino de Dios». Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.- Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El cenáculo es “la sala grande” donde llega la hora de la unión más profunda con Dios. Es un lugar “preparado” y, al mismo tiempo, por preparar. ¿Qué significa preparar el cenáculo? Hay una preparación exterior y otra interior. La vida cristiana no se improvisa: «Él os mostrará en el piso superior una sala grande, amueblada y ya preparada; preparad allí la cena para nosotros». Debemos preguntarnos entonces: ¿en qué punto se encuentra mi discipulado? ¿Sigo siendo un alumno en la escuela de Jesús o ya estoy saciado de sus lecciones de amor? El discípulo sabe que no está abandonado a sí mismo. No está solo, no vive solo. Ha aceptado poner su vida en manos seguras. Sabe que su vida está guiada por su Maestro, en quien confía plenamente. El discípulo es como un ciego que ve con los ojos de su Maestro; es como un mudo que habla con la lengua de su Maestro. ¿Es realmente así para nosotros? En el don de la Eucaristía, Jesús se entrega por adelantado y nos dice con qué animus, por qué y por quién irá a la pasión y a la muerte. Jesús sube a la cruz por el ser humano. Él nos une a sí por medio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada. No puede haber una alianza más estrecha, que pueda identificarnos más plenamente con Dios, que esta.


