5.º domingo de Pascua (B)
1.ª semana del salterio
Textos tomados del Misalito “Sulla Tua Parola” mayo-junio de 2021
En el Evangelio de hoy Jesús nos revela la profunda unión que estamos llamados a vivir con él; para hacérnosla comprender utiliza la imagen de la vid y los sarmientos. La vid verdadera es él mismo y el Padre es el agricultor que la cuida. Nosotros, sus discípulos, es decir, la Iglesia, somos los sarmientos que reciben de él su vida, la “savia” del Espíritu Santo. Pero ¿cómo podemos permanecer en Cristo? Permanecemos unidos a Jesús si dejamos entrar en nuestro corazón sus palabras, si meditamos el Evangelio, procurando vivirlo en nuestra vida cotidiana.
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 9,26-31)
En aquellos días, Saulo, llegado a Jerusalén, intentaba unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuera discípulo. Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo llevó ante los apóstoles y les contó cómo, durante el viaje, había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado con valentía en el nombre de Jesús. Así pudo estar con ellos y se movía por Jerusalén predicando abiertamente en el nombre del Señor. Hablaba y discutía con los helenistas, pero estos intentaban matarlo. Cuando se enteraron, los hermanos lo condujeron a Cesarea y lo hicieron partir hacia Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría: se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y, con el consuelo del Espíritu Santo, crecía en número. Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Este texto de los Hechos de los Apóstoles, además de dar testimonio de la fuerza apostólica y misionera de los primeros cristianos, no oculta cierta ironía. En efecto, solo después de que «lo hicieron partir hacia Tarso», al fogoso orador que era Pablo, «la Iglesia gozaba de paz». Pablo forma parte de los personajes “incómodos”, y si buscamos bien, también dentro de la Iglesia encontramos muchos. Francisco de Asís, que recuerda la importancia de la pobreza; Catalina de Siena, que advierte del peligro de una mezcla con el poder político; don Bosco, que ayuda a los jóvenes a redescubrir la dignidad y la pertenencia eclesial; y tantos otros testigos de ayer y de hoy. La Iglesia es la Esposa de Cristo y, como tal, está libre de mancha; pero está formada por hombres y mujeres pecadores, por lo que exige una reforma continua. Sin embargo, hay una enorme diferencia entre san Francisco de Asís, que hace todo lo posible para que el Evangelio se viva de manera más auténtica y profunda, y, por ejemplo, Lutero: este último, por su actitud y su forma de comunicarse, se coloca por decisión propia fuera de la Iglesia. Preguntémonos: ¿estamos dentro o fuera de la Iglesia?
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 3,18-24)
Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino con hechos y en la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, aunque nuestro corazón nos condene. Dios es más grande que nuestro corazón y lo conoce todo. Queridos míos, si nuestro corazón no nos condena, tenemos confianza en Dios, y todo lo que le pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, según el precepto que nos dio. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado. Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
«Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino con hechos y en la verdad». En estos años, la Iglesia italiana y europea está replanteándose las formas de transmitir la fe, la catequesis y el proceso de preparación para recibir los sacramentos. Se organizan debates y congresos, y los obispos y las conferencias episcopales se reúnen durante días y días. Como la Confirmación se había convertido en el sacramento de despedida de los jóvenes, que ya no volvían a aparecer hasta el Matrimonio, alguien pensó en invertir el orden entre la Confirmación y la Primera Comunión; con ello se consiguió cambiar la secuencia, pero no el efecto. Es más, ahora ni siquiera vuelven para el matrimonio. Pero ¿no estaremos equivocándonos precisamente en todo, centrándonos exclusivamente en las palabras, la lengua, las homilías y las técnicas de catequesis…, y no en el hecho supremo de la encarnación y del misterio pascual? Quizá antes de abrir la boca habría que pasar muchas horas escuchando las heridas y los sufrimientos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y de nuestras tierras.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 15,1-8)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el agricultor. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo sarmiento que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he anunciado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada. El que no permanece en mí es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo echan al fuego y lo queman. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se realizará. En esto es glorificado mi Padre: en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos».- Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos». «Permaneced en mí y yo en vosotros». Fascinación extraordinaria e insuperable. Vida que conmueve y mueve. Asombro estremecedor ante la iniciativa de un Dios que vive en nosotros. El don está ahí y es pleno; a nosotros nos corresponde responder. Si nos basamos únicamente en nuestras fuerzas, en nuestro “yo” egocéntrico e individualista, caeremos inevitablemente en el racionalismo (pretender encerrar en nuestra razón todas las maravillas del universo), en el moralismo (sentirnos continuamente culpables por no haber alcanzado una perfección decidida arbitrariamente por nosotros), en el sentimentalismo (comprometernos, rezar y vivir como cristianos solo cuando el corazón nos late con fuerza), en el idealismo (el peor riesgo, porque querríamos adorar una idea o un ideal inventado por nosotros y no conforme a las palabras y los gestos de Jesús). Y después, tantos otros peligros. Si, en cambio, nos rendimos al amor, si nos dejamos amar, el amor del Padre puede vivir en nosotros a través de Jesucristo, en el Espíritu Santo. «Permanecer» en Cristo y permitir que Cristo «permanezca» en nosotros transforma toda la existencia cotidiana, la fe, la esperanza y la caridad de cada día en la familia, en el trabajo, entre los amigos, en la parroquia y en las asociaciones.

