Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” septiembre-octubre de 2022
27.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
3.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Habacuc (Hab 1,2-3;2,2-4)
¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me escuches, te gritaré: «¡Violencia!», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresión? Tengo ante mí rapiña y violencia, hay contiendas y se suscitan disputas. El Señor respondió y me dijo: «Escribe la visión y grábala bien en las tablillas, para que se pueda leer fácilmente. Es una visión que atestigua un plazo, habla de una fecha límite y no miente; si tarda, espérala, porque ciertamente vendrá y no se retrasará. Mira, sucumbe quien no tiene el alma recta, mientras que el justo vivirá por su fe». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El profeta Habacuc demuestra una profunda sensibilidad ante el problema del mal. Pide a Dios que le explique su extraña manera de gobernar el mundo: ¿por qué permite que un pueblo despiadado y feroz oprima a los habitantes de Israel? ¿Acaso estos últimos son peores que quienes han invadido su tierra? ¡Los justos pagan como si fueran pecadores! Y de aquí nace la eterna pregunta del ser humano de todos los tiempos: ¿por qué predomina el mal sobre el bien? ¿Por qué se extienden las injusticias? A menudo también nosotros nos hacemos la misma pregunta. La respuesta de Dios es clara: la fe es el único camino para comprender lo que sucede. Dios invita a Habacuc y a cada uno de nosotros a conservar la fe y a tener confianza. Esta nos ayudará a reconocer claramente y con certeza la presencia de Dios en lo que somos y en los acontecimientos de nuestra vida. Dios no nos promete soluciones, sino que pide una adhesión incondicional a su amor; pide el valor de cambiar de mentalidad para aceptar el escándalo del mal, convirtiéndolo en una ocasión de conversión radical. La fe es un don de Dios, pero un don que espera nuestra respuesta libre.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2Tm 1,6-8.13-14)
Hijo mío, te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos. Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de fortaleza, amor y prudencia. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, que estoy encarcelado por él; antes bien, sufre conmigo por el Evangelio, con la fuerza de Dios. Toma como modelo las sanas enseñanzas que has oído de mí, con la fe y el amor que están en Cristo Jesús. Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el bien precioso que se te ha confiado. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
En esta segunda y última carta que el apóstol Pablo, desde la prisión, escribe a Timoteo, su fiel compañero de tantos viajes, lo exhorta a custodiar el bien precioso que se le ha confiado mediante el Espíritu Santo: la tarea insustituible de continuar evangelizando. En efecto, es a través del testimonio de la fe y de la predicación como el anuncio del Evangelio ha llegado hasta nosotros y hemos recibido un tesoro inestimable: la palabra de Dios. Él nos ha dado su Palabra para que la hagamos fructificar. También el papa Francisco, en una de sus homilías, nos recuerda que: «También nosotros, discípulos de hoy, estamos llamados a dar testimonio, para dar razón de nuestra fe. Ante una tarea tan exigente y pensando en nuestras debilidades, nos sentimos inadecuados, como seguramente también se sintieron los Apóstoles. Pero no hay que desanimarse, recordando las palabras que Jesús les dirigió: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. ¡Qué gran y consoladora promesa nos hizo Jesús!».
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 17,5-10)
En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: «¡Auméntanos la fe!». El Señor respondió: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a esta morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado arando o pastoreando, le dirá cuando vuelva del campo: “Ven enseguida y ponte a la mesa”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tendrá que estar agradecido al criado porque ha hecho lo mandado? Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer”». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La fe no es otra cosa que una cuestión de confianza: cuando sabemos que alguien es leal, no podemos sino confiar en él. Confiar en Dios significa simplemente creer que nos ama, que es bueno y que nos ayuda. El problema es que, en nuestra pequeñez, confiamos más en los amigos, en el banco, en el gobierno, en las redes sociales y en los medios de comunicación que en Dios y en su Palabra. En Juan 15,5 Jesús dice que sin él no podemos hacer nada. Por desgracia, muchas personas van a la iglesia, escuchan lo que deberían hacer, pero al volver a casa intentan realizarlo con sus propias fuerzas, para luego sentirse frustradas y decirle a Dios que lo están intentando, pero sin involucrarlo. Dios quiere que lo pongamos en primer lugar en nuestra vida. Desea que depositemos nuestra confianza en él, en todo momento y para todo. Comportémonos como niños pequeños y dirijámonos a Dios diciéndole: «Señor, no quiero vivir contando con mis propias fuerzas. Quiero confiar en ti. Cuando no sepa cómo hacerlo, confiaré en ti. Cuando no comprenda la razón de lo que sucede, confiaré en ti. Yo, con tu ayuda, haré mi parte y sé que tú te ocuparás de todo lo demás».

