Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» julio-agosto de 2023
20.º domingo del Tiempo Ordinario (A)
4.ª semana del salterio.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 56,1.6-7)
Esto dice el Señor: «Observen el derecho y practiquen la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia está a punto de manifestarse. A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo y amar el nombre del Señor, y para ser sus siervos, a cuantos se guardan de profanar el sábado y permanecen firmes en mi alianza, los conduciré a mi monte santo y los colmaré de alegría en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán agradables sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Israel no surgió para ser el único pueblo de Dios, sino para preparar la venida del Mesías como único salvador de todas las naciones, por todos los siglos. Debía hacerlo mediante la observancia de la Ley, pero luego sabemos cómo fueron las cosas cuando Dios se hizo carne en Cristo Jesús. Sin embargo, la profecía de Isaías sigue siendo válida: también los extranjeros que se adhieren al Señor son colmados de alegría y sus holocaustos son aceptados. Isaías es un profeta de amplios horizontes, y así también debe ser la santa Iglesia. Ya no existe un pueblo particular, una raza privilegiada, una categoría de personas preferida a las demás. Por este motivo la Iglesia siempre ha sido misionera, y también nosotros lo somos en nuestro pequeño mundo, poblado por muchas personas que ya no creen o que han sido desviadas por tantos falsos maestros e ideologías nefastas. Observemos, sin embargo, la expresión final: la casa de Dios es «casa de oración para todos los pueblos». La oración es el camino más importante por el que comunicamos la verdad de la fe a quienes «caminan en las tinieblas». La oración es nuestro verdadero poder.xxx
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 11,13-15.29-32)
Hermanos, a ustedes, los gentiles, les digo esto: como apóstol de los gentiles, honro mi ministerio, con la esperanza de provocar los celos de los de mi sangre y salvar a algunos de ellos. Pues si su rechazo significó la reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión sino una vida que surge de entre los muertos? Porque los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Así como ustedes antes fueron desobedientes a Dios y ahora han obtenido misericordia a causa de la desobediencia de ellos, también ellos ahora se han vuelto desobedientes a causa de la misericordia que ustedes han recibido, para que ellos también obtengan misericordia. Dios, en efecto, encerró a todos en la desobediencia, para tener misericordia de todos. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El reconocimiento de la mesianidad de Jesús por parte del pueblo de Israel es una verdadera “obsesión” de Pablo. Él ama a su pueblo y no puede soportar que hayan rechazado al Mesías. Sin embargo, el argumento es positivo: si los paganos han acogido a Jesús como salvador y ahora viven en la nueva luz del Espíritu Santo, pueden provocar los celos del pueblo elegido manifestando y mostrando la belleza de la vida en Cristo: el amor mutuo, el perdón, las curaciones y los milagros. Por tanto, los cristianos tenemos un papel importante con respecto a los judíos: darles a conocer el verdadero rostro de Cristo, que no desea un reino humano ni propone éxitos en el mundo, sino que sana los corazones heridos, derrota las potencias infernales del demonio y concede la paz a los corazones. Si los judíos, al ver esto, acogen a Jesús como el Mesías y su salvador, entonces llegará el fin, la resurrección de los muertos. La mayoría de los comentaristas está convencida de que esto significará el fin del mundo, pero, aunque no fuera así, la readmisión de los judíos será de todos modos el cumplimiento de la misión divina en la tierra.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 15,21-28)
En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió palabra alguna. Entonces sus discípulos se acercaron y le suplicaron: «Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros». Él respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Pero ella se acercó y se postró ante él, diciendo: «¡Señor, ayúdame!». Él le respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Es verdad, Señor –dijo la mujer–, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas». Y desde aquel momento su hija quedó curada. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Los judíos consideraban a los paganos como “perros” y juzgaban sus formas religiosas con cierto desprecio, conscientes de ser ellos los poseedores del Dios verdadero. Jesús quiere hacerles cambiar de idea, pero no fue fácil ni siquiera con los propios apóstoles. La única vez que Jesús y los Doce salen de Israel -imaginemos con cierta incomodidad por parte de los apóstoles-, él manifiesta, en cambio, la universalidad de su misión. Al principio le niega a la mujer extranjera la gracia, pero lo hace deliberadamente, para “despertar” a sus discípulos; en efecto, deben ser ellos mismos quienes insistan para que Jesús la atienda. En esencia, son los mismos judíos quienes oran para que se conceda la gracia a la mujer pagana. Es como decir: son ellos quienes se dan un golpe en el pie, para aprender finalmente que Jesús no es una posesión privada que deba custodiarse celosamente, una “cosa suya” que no debe compartirse, sino que es el salvador de todos. Deben quedar convencidos por la fe de la mujer, una fe que ni siquiera ellos mismos tienen, aunque creen conocer bien al Señor. La gran lección de hoy vale para todos: quienquiera que invoque el nombre de Jesús, quienquiera que crea en su poder, quienquiera que lo acoja como salvador, le pertenece.


