No debemos abatirnos nunca ante las muchas decepciones y dificultades de nuestra vida, sino que debemos confiar en el Señor, como nos recuerda la liturgia de la palabra de este XII domingo del tiempo ordinario. Dios lo es todo y puede hacerlo todo, como de hecho ha realizado y sigue realizando en la historia de esta humanidad débil y frágil. Cada vez que nos encomendamos a Dios, del drama nace la esperanza, la alegría y la felicidad; de la muerte nace la vida. Cuando regresen las tormentas, gritemos con fuerza al Señor nuestra sincera voluntad de acoger su palabra y ponerla en práctica, haciéndola fructificar para los graneros del Reino de los cielos. Creer en el poder de Dios y de su Cristo es el primer paso hacia una fe madura.
12.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
4.ª sem. salterio
Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2021
PRIMERA LECTURA
Del libro de Job (Job 38,1.8-11)
El Señor dijo a Job en medio del huracán: «¿Quién encerró el mar entre dos puertas, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando yo lo vestía de nubes y lo envolvía en una nube oscura, cuando le fijé un límite, le puse cerrojos y puertas, diciendo: “Hasta aquí llegarás y no más allá; aquí se romperá el orgullo de tus olas”?».
Comentario a la primera lectura
En el pasaje de hoy del libro de Job, Dios hace comprender a su siervo que sus intentos de comprenderlo y de comprender el mundo están destinados al fracaso: ¿quién puede conocer perfectamente el universo sino aquel que lo creó? A menudo nos enfrentamos con quien se comporta de manera distinta a nosotros o hace algo de otra forma de como lo habríamos hecho nosotros; es saludable recordar que no poseemos nosotros la clave del comportamiento humano, sino aquel que creó el mar, la tierra y el cielo, y todo lo que vive en ellos, para que todos juntos alaben al Creador, sin la arrogancia de sobrepasar los propios límites, sino disfrutando de la diversidad de cada criatura. No nos abatamos nunca ante las muchas decepciones de nuestra vida, sino que confiemos en el Señor, como nos recuerda Job, ejemplo de santa resignación y paciencia. Dios lo es todo y puede hacerlo todo, como de hecho ha realizado y sigue realizando maravillas en la historia de esta humanidad débil y frágil.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2 Cor 5,14-17)
Hermanos, el amor de Cristo nos posee; y nosotros sabemos bien que uno murió por todos, por tanto, todos murieron. Y él murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De modo que ya no consideramos a nadie según la manera humana; y aunque hemos conocido a Cristo según la manera humana, ahora ya no lo conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo, es una criatura nueva; lo viejo ha pasado; ha comenzado lo nuevo.
Comentario a la segunda lectura
«El amor de Cristo nos posee»: qué fuerza tiene esta frase de Pablo. Ser poseídos por el amor de Cristo es lo que salva nuestra vida, porque ese amor es capaz de acompañarnos y sostenernos en cualquier situación, incluso en la más difícil. El amor de Cristo se reveló en la cruz, venció a la muerte y, por tanto, es capaz de hacernos también vencedores a nosotros, que somos poseídos por ese amor. La resurrección de Cristo ha sellado la posibilidad de una vida nueva para todos, pero depende de nosotros acoger plenamente la gracia de Dios. Si somos criaturas nuevas, no podemos mirar a los demás según la “manera humana”; debe producirse un cambio en nuestra mirada que nos permita ver lo que Cristo ha obrado en las demás personas, que a su vez son poseídas por su amor. En nosotros y en los demás ya no debemos ver el pasado difícil, sino el rostro de una criatura nueva, transformado por el amor recibido. Solo el amor nos convierte en criaturas nuevas. Solo la conciencia de ser amados nos hace capaces de renovar nuestra vida. Déjate poseer y guiar por el amor de Cristo, que te convierte en una criatura nueva.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 4,35-41)
Aquel día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Y, después de despedir a la gente, se lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tormenta y las olas rompían contra la barca, hasta casi llenarla. Él estaba en la popa, dormido sobre el cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Se despertó, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, cálmate!». El viento cesó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».
Comentario al Evangelio del día
En la Biblia, el mar es la sede de todas las fuerzas hostiles a Dios. La victoria sobre las fuerzas malignas no está al alcance del ser humano: pertenece solo a Dios. Jesús se alza contra la furia del viento y ordena al mar, utilizando las mismas palabras empleadas para dominar al demonio: así se revela como el único Salvador, el único que puede salvar al ser humano de todas las fuerzas malignas. Todo esto se comprende a la luz del hecho fundamental de la fe: Dios salva por medio de la muerte y resurrección de su Hijo. ¡Cuántas veces tenemos miedo, cuántas veces los problemas de la vida se hacen tan grandes y parecen sumergirnos como las aguas impetuosas de un mar embravecido! ¡Cuántas veces tenemos la sensación de que el Señor no está cerca, no piensa en nosotros, no nos ayuda y nos deja aplastados por ciertos hechos o situaciones! Dios no está en otra parte ni duerme. Ya está aquí, en tu barca. Dios está presente, pero a su manera; quiere salvarte, pero lo hace pidiéndote que pongas en juego todas tus capacidades, toda la fuerza del corazón y de la inteligencia. No interviene en tu lugar, sino junto a ti; no te exime de la travesía, sino que te acompaña en la oscuridad. No te protege del miedo, sino en medio del miedo. A pesar de las apariencias, Jesús está siempre contigo y te salva. ¡Ten fe!

