Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2022
3.er domingo de Cuaresma (C)
3.ª sem. del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo (Ex 3,1-8a.13-15)
En aquellos días, mientras Moisés pastoreaba el rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián, condujo el ganado más allá del desierto y llegó al monte de Dios, el Horeb. El ángel del Señor se le apareció en una llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró y vio que la zarza ardía por el fuego, pero no se consumía. Moisés pensó: «Voy a acercarme para contemplar este gran espectáculo: ¿por qué no se quema la zarza?». El Señor vio que se había acercado para mirar; Dios lo llamó desde la zarza: «¡Moisés, Moisés!». Él respondió: «Aquí estoy». Dios le dijo: «¡No te acerques más! Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es tierra santa». Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro, porque temía mirar a Dios. El Señor le dijo: «He observado la miseria de mi pueblo en Egipto y he oído su clamor a causa de sus opresores: conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo del poder de Egipto y para hacerlo subir de esta tierra a una tierra hermosa y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel». Moisés dijo a Dios: «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: “El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes”. Ellos me preguntarán: “¿Cuál es su nombre?”. Y yo, ¿qué les responderé?». Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo Soy me ha enviado a ustedes”». Dios dijo todavía a Moisés: «Dirás a los israelitas: “El Señor, Dios de sus padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes”. Este es mi nombre para siempre; este es el título con el que seré recordado de generación en generación». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Para conducir al pueblo fuera de Egipto y liberarlo de la esclavitud, es necesario que quede claro el nombre de quien ordena tal operación. No es ninguna broma afrontar las dificultades de la huida y el viaje por el desierto hacia lo desconocido de todo un pueblo. Moisés pide a Dios conocer su nombre para comunicárselo al pueblo. Así llegamos a saber que el nombre de Dios es «Yo soy el que soy». Desde el momento en que Dios le dirige esta palabra, Moisés se relaciona de otra manera con él, con el pueblo y consigo mismo. Se siente llamado por su nombre y adquiere conciencia de la alteridad y la santidad de Dios. Él es el creador de todas las cosas. Así nosotros, criaturas, descubrimos que poseemos lo que tenemos porque otro nos lo ha dado. Incluso mi respiración no me pertenece: viene de Dios. Las cosas que poseo quizá me las haya ganado, pero aun así tienen su origen en Dios, creador de todas las cosas. Y cuando llega Jesús, que repite el nombre divino, nos invita a entrar en él para participar de su esencia («partícipes de la naturaleza divina», dice san Pedro en la segunda carta [1,4]). Para nuestra alma no es posible una solidez mayor que esta.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 10,1-6.10-12)
No quiero que ignoren, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, todos atravesaron el mar, todos fueron bautizados en relación con Moisés en la nube y en el mar, todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual: bebían de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. Sin embargo, la mayoría de ellos no agradó a Dios y por eso fueron exterminados en el desierto. Todo esto sucedió como ejemplo para nosotros, para que no deseáramos cosas malas, como ellos las desearon. No murmuren, como murmuraron algunos de ellos, y cayeron víctimas del exterminador. Todas estas cosas les sucedieron como ejemplo y fueron escritas para nuestra advertencia, para nosotros, que hemos llegado al final de los tiempos. Por tanto, quien crea estar en pie, cuídese de no caer. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
A pesar de que veían prodigios continuos y cotidianos en el desierto, los israelitas no creen en Dios y se postran ante otros ídolos. Toda la historia de la salida de Egipto y del viaje es un acontecimiento extraordinario de providencia y caridad divina, que, sin embargo, exige fe y abandono total. Pero no fue así: los hebreos se quejan continuamente y quieren volver a Egipto. Para que esto no nos suceda también a nosotros, el apóstol Pablo nos ofrece una interpretación original y audaz del símbolo de la roca: Moisés golpea con su bastón la piedra que llevan consigo, y de allí sale toda el agua que quieren; pues bien, esa roca «es Cristo». ¿De qué manera? Jesús es el agua viva que brota, que nos restaura, que nos permite sobrevivir en el desierto del mundo. Además, esa agua sale de la roca, y no hay nada más difícil de tallar que la propia roca. Jesús, por tanto, es estable como una piedra, duro como el granito, fuerte como una montaña y, al mismo tiempo, con solo tocarlo nos dona ríos de agua viva. ¿Podemos tener miedo en nuestro viaje terrenal? No, si tenemos la roca, no tememos.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 13,1-9)
En aquel tiempo, se presentaron algunos para contarle a Jesús lo sucedido con aquellos galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios. Jesús tomó la palabra y les dijo: «¿Creen que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, por haber sufrido tal suerte? No, les digo, pero si no se convierten, todos perecerán de la misma manera. O aquellas dieciocho personas sobre las que cayó la torre de Siloé y las mató, ¿creen que eran más culpables que todos los habitantes de Jerusalén? No, les digo, pero si no se convierten, todos perecerán de la misma manera». Y les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña y fue a buscar fruto en ella, pero no lo encontró. Entonces dijo al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. ¡Córtala! ¿Por qué ha de agotar la tierra?”. Pero él le respondió: “Señor, déjala todavía este año, hasta que cave a su alrededor y le eche abono. Veremos si da fruto en el futuro; si no, la cortarás”». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La Cuaresma es tiempo de conversión, y Jesús aprovecha hechos de actualidad conocidos por la gente de su tiempo para llamar a una inversión radical de rumbo. Cada vez que alguien muere de manera violenta o accidental, estamos invitados a recordar la fugacidad de la vida, la posibilidad de que también nosotros podamos morir en cualquier momento, a reflexionar sobre la vida del cielo y la condenación eterna y, por tanto, a estar siempre despiertos. De este modo no nos quedamos en la estéril constatación de la fatalidad (la torre que se derrumbó sobre los hombres), ni tampoco nos ensañamos con el Pilato de turno, que reprime la rebelión, sino que transformamos los acontecimientos en mensajes de vida. ¡Qué difícil es ver todas las cosas con los ojos de Dios! No nos quedemos, pues, en la superficie de los hechos ni en consideraciones humanas: las advertencias, los llamados y las invitaciones de Dios pueden llegarnos a través de las cosas que suceden en el mundo. Para ver los hechos con los ojos de Dios y juzgarlos rectamente, es necesario «tener el pensamiento de Cristo» (cf. 1 Cor 2,16), dice san Pablo, es decir, vivir siempre humildemente en gracia. No lo dejemos para después, porque el Señor nos concede un tiempo adicional para cavar y echar abono, pero, aun así, un tiempo breve.

