liturgia della domenica 21 aprile 2024

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 21 de abril de 2024

Jesús, buen Pastor

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2024

4.º domingo de Pascua (B)
4.ª semana del salterio.


PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los Apóstoles (Hch 4,8-12)
En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, y por quién ha sido curado, quede bien claro para todos vosotros y para todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Por este nombre se presenta este hombre ante vosotros completamente sano. Él es la piedra que desechasteis vosotros, los constructores, y que se ha convertido en piedra angular. No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos». – Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

El nombre de Jesús significa “Dios salva”. Cada vez que proclamamos este nombre invocamos una acción. No se trata solamente de recordar a una persona, sino de hacerla presente en el acto en que esa persona viene a salvar. En el caso del paralítico, la salvación también es física, pero la misión de Cristo es mucho más amplia. Dios viene a salvarnos y a sacarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte, del sinsentido y de la prisión de nosotros mismos. Pedro, lleno del Espíritu Santo, es un hombre feliz, porque es el primero en sentirse salvado. El filósofo Nietzsche tenía palabras negativas hacia nuestra religión y decía a propósito de los cristianos: «Que demuestren que son salvados. ¿Cómo podremos creer si vienen a anunciarnos la liberación con el rostro triste hasta dos palmos de largo?». En esto también podemos darle la razón. Ciertamente, los cristianos tienen sus sufrimientos y momentos difíciles, como también los tuvo Nuestro Señor, pero Cristo no era un hombre triste; al contrario, estaba lleno de la alegría espiritual que nace de la certeza de estar en la voluntad del Padre, que es Amor.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 3,1-2)
Queridos hermanos, ved qué gran amor nos ha dado el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos realmente! Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es. – Palabra de Dios. 

Comentario a la segunda lectura

La relación de un hombre con su propio padre es fundamental. Sabemos cuántos problemas hay en la vida de un niño que no tiene padre o que vive con él una relación equivocada y difícil; este niño no crecerá bien y, de adulto, manifestará siempre dificultades. Ahora bien, en la revelación cristiana, Jesús vino precisamente para hablarnos del Padre, para mostrarnos su rostro. «A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único nos lo ha dado a conocer», dice Juan en el prólogo (cf. Jn 1,18). Por tanto, Dios no es alguien que permanece solitario en su infinita dicha, sin conocernos; al contrario, se interesa por nosotros porque él nos ha dado la vida: es nuestro Padre. Todo el camino cristiano consiste, pues, en reconocernos como hijos y confiar en él. La relación con el Padre eterno es, por tanto, fundamental también desde el punto de vista psicológico: crecemos bien si nos sentimos hijos, si nos movemos por el mundo siempre con la protección del Padre y con su benevolencia, y podremos ser plenamente hijos si, en Cristo, vivimos su misma filiación. Somos «hijos en el Hijo», ¡y esta es la gran noticia!


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 10,11-18)
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado – que no es pastor ni dueño de las ovejas – ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; porque es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Por esto me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido de mi Padre». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

En pocas palabras, Jesús nos dice qué misión ha recibido del Padre eterno. No nos oculta nada y conocemos al Señor precisamente porque nos revela aquello para lo que vino al mundo. Una vez más descubrimos que el cristianismo no es una simple doctrina entre otras, que se sigue si la consideramos más o menos correcta, sino una relación de amor y filiación. Es una implicación total, es vida junto al Pastor. Miremos a Jesús como al pastor que vive por las ovejas, que no tiene otros intereses que conducirlas a la plenitud de la vida. «Todo es vuestro – dirá san Pablo –, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios» (1 Cor 3,23). Fijémonos en este “de”, que indica pertenencia. ¿De quién soy? ¿A quién pertenezco? ¿Al mundo, a las modas pasajeras? ¿Dónde está mi verdadero yo? Si no pertenezco a nadie, estoy perdido, porque el ser humano está hecho para pertenecer a alguien. Así como la oveja vive en un rebaño, también nosotros debemos caminar con otras personas, porque el amor exige la unidad. No podemos soportar estar solos ni que otras ovejas estén dispersas por los barrancos: también ellas llegarán a formar parte del rebaño, nos dice Jesús. Esto también depende de nosotros, de nuestra oración por quienes todavía no conocen al verdadero Pastor.


Suscripción al Misal
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