Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2024
3.er domingo del Tiempo Ordinario (B)
3.ª sem. del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Jonás (Jon 3,1-5.10)
La palabra del Señor fue dirigida a Jonás: «Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y anúnciales cuanto te digo». Jonás se levantó y fue a Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad muy grande, de tres días de camino. Jonás comenzó a recorrer la ciudad durante un día de camino y proclamaba: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida». Los habitantes de Nínive creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Dios vio sus obras, es decir, que se habían convertido de su mala conducta, y Dios se arrepintió del mal que había amenazado con hacerles y no lo hizo. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Nínive era una ciudad pagana, pero Dios no pertenece a un solo pueblo: el destino de todos los hombres le importa porque él es el Padre de todos los hombres en la tierra. Después de la venida de Cristo, esta universalidad será clara para todos; en este pasaje del profeta Jonás vemos una especie de ensayo general de lo que sucedería en el futuro. Y la respuesta del pueblo pagano es excepcional: creen al profeta, se convierten, conocen al Dios verdadero. Ciertamente, había una grave amenaza («Nínive será destruida») y se podría comentar que los habitantes de Nínive se convirtieron por interés, pero está bien de todos modos. Hay muchas maneras de llegar a Dios. En el fondo, la “amenaza” de la destrucción puede tener valor también hoy, si entendemos con esta palabra la ruina de la propia alma. «Si no te conviertes, te perderás para siempre» sigue siendo una verdad. A veces, una llamada fuerte puede servir para sacudirse y despertar a la verdadera fe. Después vendrá también lo demás, el verdadero conocimiento del amor. Este será también el mensaje de Cristo en la primera predicación: «¡Conviértanse y crean!».
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 7,29-31)
Esto les digo, hermanos: el tiempo se ha acortado; en adelante, los que tienen esposa, vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que disfrutan de los bienes del mundo, como si no los disfrutaran plenamente: porque la apariencia de este mundo pasa. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El mundo es definido como “apariencia”. ¿Qué significa esta palabra? La imagen de algo no es la cosa misma; la estampa del futbolista para el álbum no es el futbolista en persona, sino algo que lo recuerda y lo evoca. Así, este mundo parece no tener consistencia propia; de hecho, no la tiene, hasta tal punto que esta realidad terrena terminará y el mundo, algún día, ya no existirá. Por eso, el apóstol Pablo nos exhorta a ver todo como una referencia, como un signo evocador de algo más, como algo transitorio y no definitivo. El mundo es siempre algo penúltimo, no último. La realidad verdadera es Cristo resucitado, su cuerpo glorioso, la vida en él. Y la vida en él es eterna. Este mundo, entonces, nos sirve para arraigarnos en Cristo. Solo permaneceremos aquí durante los años de nuestra vida; por tanto, si nos apegamos demasiado a las realidades pasajeras, acabaremos quedándonos fuera de la vida eterna, también nosotros aferrados a las cosas que pasan. No vale la pena. «Para quien cree, todo es signo», decía la beata Benedetta Bianchi Porro. Y, pensándolo bien, es precisamente verdad.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,14-20)
Después de que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea para proclamar el Evangelio de Dios, y decía: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio». Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes al mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Vengan detrás de mí, y los haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que también estaban en la barca reparando las redes. Enseguida los llamó. Ellos dejaron en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros y se fueron detrás de él. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
En la primera lectura hemos escuchado la predicación de Jonás, semejante a la del Señor Jesús: «¡Conviértanse y crean!». Jonás hablaba al pueblo en general, mientras que el Señor se dirigía a cada persona, llamándolas una por una. Entraba en las sinagogas y en las casas, se detenía en las orillas del lago y decía que, para vivir la novedad de ser hijos de Dios en el amor del Padre, era necesario convertir la mentalidad, cambiar la manera de pensar. La Ley estaba bien, pero había que vivirla de otra manera: ya no como simple observancia, sino como vida en el amor, porque Dios es amor. La exigencia es tan amplia y totalizante que algunos se sintieron llamados a cambiar no solo de mentalidad, sino también de tipo de vida: ya no pescadores, comerciantes, ciudadanos dedicados al trabajo y a la familia, sino totalmente desarraigados de sus costumbres para seguir la ráfaga del nuevo viento santo: convertirse en discípulos y apóstoles, sin otro interés que el Evangelio. Dejarse involucrar en la vida del Evangelio no significa perder la vida, sino encontrarla. Hoy todos estamos llamados. Algunos dejarán a su familia, otros permanecerán con ella, pero la vida será renovada para todos, en el amor de Dios y en una vida entregada por los hermanos.


