Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2021
21.º domingo del tiempo ordinario (B)
1.ª sem. sal.
PRIMERA LECTURA
Del libro de Josué (Jos 24,1-2a.15-17.18b)
En aquellos días, Josué reunió en Siquem a todas las tribus de Israel y convocó a los ancianos de Israel, a los jefes, a los jueces y a los escribas, y ellos se presentaron delante de Dios. Josué dijo a todo el pueblo: «Si os parece mal servir al Señor, elegid hoy a quién queréis servir: si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo territorio habitáis. En cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor». El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses! Porque el Señor es nuestro Dios; él es quien nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la condición de esclavos; él realizó ante nuestros ojos aquellos grandes signos y nos protegió durante todo el camino que recorrimos y en medio de todos los pueblos por los que pasamos. Por eso también nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios». Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
La asamblea de Siquem tiene una gran importancia religiosa: es el momento en que el Señor, que se manifestó en el Sinaí, es reconocido como Dios por todas las tribus que aceptan su ley; es el momento de crecimiento de Israel como pueblo de Dios. Impresiona pensar que todas las tribus de israelitas aceptan la alianza establecida por Dios para su pueblo. ¿Sigue siendo así hoy o hemos olvidado la nueva alianza que Dios estableció para nuestra salvación al enviar a su Hijo a la cruz? En el Antiguo Testamento, Dios liberó a su pueblo de una condición de esclavitud. Nosotros, mediante el sacrificio de Cristo, hemos sido liberados y salvados de la esclavitud del pecado. Reconozcamos a Dios como nuestro Salvador al seguir construyendo este don de salvación. No hacen falta gestos llamativos; podemos hacerlo en las pequeñas cosas de cada día, en el apoyo que damos y recibimos, en saber escuchar o regalar una sonrisa, en decir “gracias” por la familia, por los amigos, por el trabajo, por la naturaleza, por la creación, por la vida.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 5,21-32)
Hermanos, sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Y vosotros, maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos: quien ama a su mujer se ama a sí mismo. Pues nadie ha odiado jamás su propia carne, sino que le da alimento y cuidados, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este misterio es grande: yo lo digo en referencia a Cristo y a la Iglesia. Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El pasaje paulino contiene una serie de exhortaciones morales dirigidas a los esposos. En particular: «Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo». Nos detenemos en esta frase para comprenderla correctamente. «Unos a otros» describe el tipo de relación en la que nadie intenta imponerse al otro, sino más bien someterse. Esta es la actitud de una relación acogedora y humilde, es la expresión de la disponibilidad hacia el otro. Es exactamente lo contrario de una actitud prepotente, de quien quiere aplastar. Someterse indica, en cambio, sostener, apoyar, pero solo funciona si la relación es recíproca, es decir, en una circularidad en la que yo pienso en ti y tú en mí. Al contemplar a Cristo y a la Iglesia, unidos mutuamente, podemos comprender cómo debe ser la relación entre marido y mujer. Cristo, que se entrega por la humanidad, es el modelo del amor conyugal. Así, la Iglesia, como una esposa enamorada de su esposo, se somete a él. La unión de Cristo con la Iglesia representa el amor entre Dios y el ser humano, hasta hacer de ambos una sola carne.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 6,60-69)
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro. ¿Quién puede hacerle caso?». Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero entre vosotros hay algunos que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y añadió: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Para comprender este pasaje debemos retroceder un poco: Jesús habla en la sinagoga, se compara con el pan bajado del cielo, un pan que deberá comerse para tener la vida eterna. Los judíos no aceptan este lenguaje. Alguien que habla así, ¿puede ser un rey? Jesús ve alejarse a quienes no creen en él, pero no hace concesiones: esta es la verdad. Es coherente consigo mismo. Se dirige a los discípulos y pregunta: «¿También vosotros queréis marcharos?». Es la tentación que experimenta el cristiano cuando debe anunciar una verdad que parece escandalizar: para obtener resultados, a veces facilita la adhesión suavizando su Palabra. Pero así corre el riesgo de cambiar el sentido y la autoridad de las palabras de Jesús. Este no es el camino que debemos seguir; la verdad se impone por sí misma. Aunque sean pocos, siempre habrá personas que crean. También eran pocos los que entonces permanecieron con Jesús, un pequeño resto. Y, sin embargo, Dios realizó maravillas a través de ellos. Al estilo de Jesús, anunciemos la Palabra con dulzura, pero también con valentía, decisión y extrema franqueza.

