Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto 2022
17.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis (Gn 18,20-32)
En aquellos días, dijo el Señor: «El clamor contra Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es muy grave. Voy a bajar a ver si realmente han obrado todo el mal cuyo clamor ha llegado hasta mí; lo quiero saber». Aquellos hombres partieron de allí y se dirigieron hacia Sodoma, mientras Abrahán seguía en presencia del Señor. Abrahán se acercó y le dijo: «¿De verdad vas a exterminar al justo con el malvado? Quizá haya cincuenta justos en la ciudad: ¿de verdad los quieres suprimir? ¿No perdonarás aquel lugar por consideración a los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer morir al justo con el malvado, de modo que el justo sea tratado como el malvado! ¡Lejos de ti! ¿El juez de toda la tierra no hará justicia?». Respondió el Señor: «Si encuentro en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos». Abrahán respondió y dijo: «Mira, me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza: quizá falten cinco para los cincuenta justos; ¿destruirás por esos cinco toda la ciudad?». Respondió: «No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco». Abrahán volvió a hablarle: «Quizá se encuentren allí cuarenta». Respondió: «No lo haré en atención a esos cuarenta». Abrahán insistió: «No se enfade mi Señor si sigo hablando: quizá se encuentren allí treinta». Respondió: «No lo haré si encuentro allí treinta». Insistió: «Mira, me he atrevido a hablar a mi Señor: quizá se encuentren allí veinte». Respondió: «No la destruiré en atención a esos veinte». Insistió: «No se enfade mi Señor si hablo una vez más: quizá se encuentren allí diez». Respondió: «No la destruiré en atención a esos diez». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Muchos, incluso cristianos, consideran que rezar consiste simplemente en huir de las responsabilidades para refugiarse en un mundo ideal, lejos de las contradicciones de la vida. Sin embargo, Abrahán nos muestra que es precisamente lo contrario: rezar significa discutir y casi luchar con Dios por la salvación de los demás. Abrahán intercede por las ciudades corruptas de Sodoma y Gomorra, que el Señor quiere destruir. Pide que las salve si encuentra en ellas al menos cincuenta justos. El Señor acepta el trato porque quiere perdonar más que castigar. El diálogo continúa hasta llegar al número diez: si encuentra al menos diez justos, no las destruirá. Evidentemente, el texto del Génesis es deliberadamente simbólico, pero del relato emerge un hecho inequívoco: solo con la oración podemos hablar verdaderamente con el Señor sin miedo, con plena confianza en él, incluso cuando nos parece que no nos escucha. Rezar significa, pues, establecer una relación de confianza con Dios, como hacen dos amigos que dialogan con gran familiaridad.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (Col 2,12-14)
Hermanos, por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él por la fe en la fuerza de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y por la incircuncisión de vuestra carne, Dios os dio vida con Cristo, perdonándoos todos los pecados y cancelando el documento que nos era contrario y que contenía sus cláusulas: lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El apóstol Pablo, al escribir a los Colosenses, nos recuerda que Dios envió a su Hijo al mundo para salvarnos. La nueva alianza realizada por Jesucristo es eterna porque está sellada con su sangre, que decretó el perdón definitivo de nuestros pecados: la firma de este acto definitivo de amor de Dios es la cruz. Por tanto, ¡qué sentimientos de gratitud y de amor deberían estar presentes en nuestro corazón cuando hacemos la señal de la cruz o contemplamos la cruz de Cristo! El amor de Dios por nosotros es grande y eterno, y nunca disminuirá. Esta es la noticia más hermosa que la humanidad esperaba: este es el Evangelio que todo ser humano desea. Tampoco el pecado debe alejarnos del Señor, sino que, a través de la fe, debe llevarnos a pedir perdón con sencillez y a reanudar el camino con Cristo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 11,1-13)
Jesús estaba en un lugar orando. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”». Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche a decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha llegado de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y desde dentro aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte los panes”, os digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, al menos por su insistencia se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo os digo: pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden!». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
En tiempos de Jesús se dormía en el suelo, todos juntos, sobre esterillas y lechos improvisados. Por eso el hombre de la parábola no puede levantarse para abrir al amigo inoportuno; si lo hiciera, tendría que despertar a toda su familia. Sin embargo, dice el Señor, este hombre -aunque solo sea por la insistencia del amigo- se levanta para darle lo que pide. Dios, en cambio, que escucha con amor nuestras oraciones, ¿no será aún más solícito y estará más dispuesto a darnos lo que le pedimos? Él, que es Padre, ¿no nos concederá todo lo que realmente necesitamos, tal como hace un padre con sus hijos? Con las personas puede ser difícil y pesado pedir, llamar a su puerta, pero con el Señor no existen obstáculos: siempre está dispuesto a darnos aquello por lo que rezamos si se lo pedimos con humildad. Por eso Jesús nos invita a rezar sin cansarnos, seguros de la ayuda providente de Dios. Por tanto, rezar significa ante todo perseverar, sin temer molestar a Dios. Él sabrá escucharnos en el momento oportuno. Solo nos queda encontrar un momento del día, al que permanezcamos fieles, para entregarnos totalmente al Padre y sintonizar con el Espíritu: es fundamental, nos transforma y nos hace hijos.

