Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2024
Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo (s) (B)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Daniel (Dn 7,13-14)
Mirando en las visiones nocturnas, vi venir con las nubes del cielo a uno semejante a un hijo de hombre; llegó hasta el anciano y fue presentado ante él. Le fueron dados poder, gloria y reino; todos los pueblos, naciones y lenguas lo servían: su poder es un poder eterno, que nunca acabará, y su reino jamás será destruido. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
En el libro de Daniel se nos presenta la figura de un anciano, cuya majestad es absoluta, y un «hijo de hombre» que se presenta ante él. Hablamos de Dios, por tanto, se trata del Padre y del Hijo. El Padre entrega al Hijo todos los reinos y el poder de juzgar. Podemos considerar, pues, que todos seremos juzgados, desde el primero hasta el último, por el Señor Jesucristo. Ciertamente, Dios es uno; no hay tres divinidades, pero el juicio sobre nuestra vida ha sido puesto en manos de Jesús, rey, juez y Señor. No seremos juzgados por el Espíritu Santo y tampoco, hablando con rigor lógico, por el Padre. ¿Por qué? Porque Jesús es el Dios encarnado, que ya ha pagado por todos de una vez para siempre, y ya ha dictado una sentencia. Su sacrificio en la cruz tuvo el efecto de reparar la desobediencia y la rebelión, por lo que el juicio es de absolución. ¿No nos volvemos locos de alegría? Todo lo que debemos hacer es creer en nuestra salvación eterna por los méritos infinitos de Cristo; después, pedir perdón, ser humildes y mansos e invocar a menudo la sangre de Cristo, para que purifique continuamente nuestra alma.
SEGUNDA LECTURA
Del libro del Apocalipsis de san Juan apóstol (Ap 1,5-8)
Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha liberado de nuestros pecados con su sangre, que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad, viene entre las nubes y todo ojo lo verá, incluso los que lo traspasaron, y por él todas las tribus de la tierra se golpearán el pecho. Sí, amén. Dice el Señor Dios: Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Jesús es el rey, aquel que nos ha liberado del mal con su muerte en la cruz. El pasaje del Apocalipsis añade algo a la lectura del Antiguo Testamento: nos dice que, si estamos en Él, también participamos de su victoria; por tanto, ya desde ahora ejercemos cierta realeza, profecía y sacerdocio. Hemos sido bautizados para vivir todo esto. Debemos ejercer la realeza sobre todo sobre nuestras pasiones, gobernándonos a nosotros mismos y poniendo orden y disciplina en nuestra vida, derrotando al demonio; la profecía, leyendo e interpretando las Sagradas Escrituras y los acontecimientos del mundo a la luz de la fe en Cristo; y el sacerdocio, consagrando nuestro mundo (el trabajo, la casa, la familia, etc.) y suplicando la salvación eterna para aquellos que Dios nos ha confiado. Pero todo esto no lo vivimos en virtud de nuestras capacidades, sino siempre gracias al Señor Jesús y orientados a él, pues el Apocalipsis lo alaba continuamente como Alfa y Omega y como todopoderoso. ¡Qué grandeza tiene nuestra vida! Vivamos, pues, lo que somos, sumerjámonos en nuestro bautismo y obremos con Cristo la salvación del mundo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 18,33b-37)
En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «¿Dices eso por tu cuenta, o te lo han dicho otros de mí?». Pilato dijo: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Jesús respondió: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí abajo». Entonces Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La realeza de Cristo es universal. Él no puede ser un soberano como se entiende en el mundo, y Pilato lo había comprendido, porque Jesús no tenía un ejército, una corte imperial, carros ni caballos. El Señor fundamenta su realeza en el servicio de la verdad. Tratemos de comprender la profundidad de esta expresión. La última batalla de cada hombre se libra en el terreno de la verdad y la mentira, y las dos cabezas son Jesucristo y el demonio, llamado “padre de la mentira”. Jesús es la verdad de todas las cosas; él es quien lleva la luz al mundo para que los hombres se orienten a vivir en la verdad. La verdad es que somos hijos de Dios, que estamos en este mundo para conocerlo y amarlo y para amarnos unos a otros. Lo demás es mentira. La verdad es que viviremos en esta tierra poco tiempo y después pasaremos al reino definitivo de Dios, que se realiza después de la muerte, si hemos sido hallados fieles. El reino de Dios, por tanto, es espiritual, está dentro de nosotros, y precisamente el contraste (la persecución, el odio) que nos provoca el demonio es la prueba de que ya estamos en este Reino, con los sacramentos y la vida de gracia. Verdad y mentira son, por tanto, los dos términos sobre los que se juega toda nuestra vida.


