Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2024
21.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro de Josué (Jos 24,1-2a.15-17.18b)
En aquellos días, Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y convocó a los ancianos de Israel, a los jefes, a los jueces y a los escribas, y ellos se presentaron ante Dios. Josué dijo a todo el pueblo: «Si os parece mal servir al Señor, elegid hoy a quién queréis servir: a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río o a los dioses de los amorreos, en cuyo territorio habitáis. En cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor». El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses! Porque el Señor, nuestro Dios, es quien nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la condición servil; él realizó aquellos grandes signos ante nuestros ojos y nos protegió durante todo el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por los que pasamos. Por eso también nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
La alianza, como pacto de amor entre Dios y su pueblo, siempre necesita ser renovada y vivificada a lo largo de la historia. Dios ha sido fiel a sus compromisos, liberando a Israel de la esclavitud egipcia, guiándolo por las dificultades del desierto y entregándole la tierra prometida como lugar en el que el pueblo pudiera prosperar y vivir tranquilo. Ahora, en Siquén, todas las tribus israelitas están llamadas a tomar una nueva decisión, para expresar clara y públicamente sus auténticas intenciones: si están dispuestas a servir al Señor y a no postrarse ante otras divinidades. El servicio no es como el que habían prestado al faraón, cargado de opresión, trabajos forzados y falta de libertad. El Señor, por el contrario, pide un servicio alegre y liberador, que abarque tanto el ámbito litúrgico, con los solemnes sacrificios en el templo, como el ámbito de la vida cotidiana, en obediencia a su voluntad. En Siquén parece que el pueblo está bien dispuesto. ¿Lo estará en el futuro? ¿Se dejará engañar por divinidades astutas? Es la pregunta que rebota de siglo en siglo y llega incluso a nuestras generaciones.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 5,21-32)
Hermanos, sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificándola con el baño del agua mediante la palabra, y para presentársela a sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Pues nadie ha odiado jamás su propia carne, sino que le da alimento y la cuida, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este misterio es grande: yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La Carta a los Efesios no está dirigida a una sociedad cualquiera de las que existen sobre la faz de la tierra, sino a una comunidad cristiana, cuyos lectores han sido alcanzados por la acción salvadora de Cristo, liberados de toda esclavitud del mal y colmados del Espíritu Santo. Los efesios han experimentado el amor de Jesús y forman parte de la Iglesia como esposa de Cristo. Además, leen la Sagrada Escritura y así conocen el proyecto de Dios desde los orígenes de la creación, que quiso la unidad entre el hombre y la mujer, unidos por el vínculo del amor. A las personas casadas, el Apóstol dirige sus exhortaciones, de modo que la unión matrimonial de dos personas abiertas a la fe solo podrá vivirse en la fidelidad sin límites y en el amor indiviso. El matrimonio es una realidad mucho más grande y misteriosa de lo que el egoísmo, la instintividad humana o incluso la simple ley natural pueden dar a entender. El término “misterio” indica que la vida matrimonial está orientada desde el principio a significar la relación esponsal entre Cristo y la Iglesia, de la que, a su vez, recibe mayor valor y gracia.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 6,60-69)
En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús, después de oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro. ¿Quién puede hacerle caso?». Sabiendo Jesús dentro de sí que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero entre vosotros hay algunos que no creen». Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y añadió: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Creer en Jesús implica conocerlo y, junto con Pedro, proclamar con decisión: «Tú eres el Santo de Dios». Puede parecer que la fe brota únicamente de un impulso interior, de decisiones humanas o de capacidades intelectuales; por el contrario, necesita una gracia especial que viene del Padre celestial, la cual impulsa al discípulo a dirigirse hacia Cristo y debe ser acogida con sencillez de corazón. A veces Jesús se presenta como aquel que habla. Sin embargo, sus discursos parecen un lenguaje duro; incluso los discípulos se encontraron desorientados, hasta el punto de que muchos lo abandonaron. ¿Y qué harán los Doce? ¿Vale la pena seguir a este extraño maestro y acompañarlo en su misión? Y si se pretende permanecer con él, ¿cómo comprender sus llamadas y penetrar en sus enseñanzas, sean cuales sean? Jesús aclara que sus palabras contienen la presencia del Espíritu que se comunica. Y allí donde actúa el Espíritu, produce y genera vida, la misma vida de Dios, que es eterno. Pedro lo ha comprendido y puede decir: «Tú tienes palabras de vida eterna». No pretende dejar al Maestro, para recibir al Espíritu Santo en plenitud en Pentecostés, después de que Jesús haya subido al Padre.


