Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2022
Navidad del Señor (s)
propia
Misa vespertina de la vigilia
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 62,1-5)
Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que despunte como la aurora su justicia y su salvación resplandezca como una lámpara. Entonces las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria; te llamarán con un nombre nuevo, que la boca del Señor designará. Serás una magnífica corona en la mano del Señor, una diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán Abandonada, ni a tu tierra la llamarán Devastada, sino que te llamarán Mi deleite y a tu tierra Desposada, porque el Señor se complacerá en ti y tu tierra tendrá esposo. Sí, como un joven se casa con una virgen, así se casarán contigo tus hijos; como el esposo se alegra por su esposa, así se alegrará tu Dios por ti. – Palabra de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 13,16-17.22-25)
Pablo, [llegado a Antioquía de Pisidia, en la sinagoga,] se levantó y, haciendo una señal con la mano, dijo: «Hombres de Israel y ustedes, los que temen a Dios, escuchen. El Dios de este pueblo de Israel eligió a nuestros padres y enalteció al pueblo durante su exilio en la tierra de Egipto, y con brazo poderoso los sacó de allí. Después suscitó para ellos a David como rey, de quien dio este testimonio: “He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre conforme a mi corazón; él cumplirá todos mis deseos”. De su descendencia, según la promesa, Dios envió a Jesús como salvador de Israel. Juan había preparado su venida predicando un bautismo de conversión a todo el pueblo de Israel. Al final de su misión, Juan decía: “¡Yo no soy el que ustedes piensan! Pero miren, viene después de mí uno a quien no soy digno de desatar las sandalias”». – Palabra de Dios.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 1,1-25)
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró a Fares y a Zará de Tamar, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz de Rajab, Booz engendró a Obed de Rut, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró a Salomón de la que había sido esposa de Urías, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Jotam, Jotam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquim, Eliaquim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán hasta David son en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla en secreto. Mientras pensaba en esto, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa. Porque el niño que ha sido engendrado en ella viene del Espíritu Santo; dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Miren, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emanuel», que significa «Dios con nosotros». Cuando José despertó del sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa; y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo, al que él puso por nombre Jesús. – Palabra del Señor.
Misa de la noche
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 9,1-6 )
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras, una luz resplandeció. Multiplicaste la alegría, aumentaste el gozo. Se alegran ante ti como se alegran al cosechar y como exultan al repartirse el botín. Porque quebraste el yugo que lo oprimía, la barra sobre sus hombros y el bastón de su opresor, como en el día de Madián. Porque toda bota que pisa con estrépito y todo manto empapado de sangre serán quemados, devorados por el fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder y su nombre será: Consejero admirable, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de la paz. Grande será su poder y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, que él viene a consolidar y fortalecer con el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. Esto hará el celo del Señor de los ejércitos. – Palabra de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a Tito (Tit 2,11-14)
Hijo mío, ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres y nos enseña a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo. Él se entregó por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y formar para sí un pueblo purificado, que le pertenezca, lleno de celo por las buenas obras. – Palabra de Dios.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,1-14)
En aquellos días, un decreto del emperador Augusto ordenó que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, que era de Galilea, de la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David llamada Belén, porque pertenecía a la casa y familia de David; para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó el tiempo del parto. Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. Había en aquella región unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente, un ángel del Señor se les presentó y la gloria del Señor los envolvió de luz. Ellos se llenaron de gran temor, pero el ángel les dijo: «No teman: miren, les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tienen la señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que él ama». – Palabra del Señor.
Misa de la aurora
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 62,11-12)
Esto es lo que el Señor proclama hasta el confín de la tierra: «Digan a la hija de Sión: Mira, llega tu salvador; mira, trae consigo su recompensa y su premio lo precede. Los llamarán Pueblo santo, Redimidos del Señor. Y a ti te llamarán Buscada, Ciudad no abandonada». – Palabra de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a Tito (Tit 3,4-7)
Hijo mío, cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro salvador, y su amor por los hombres, él nos salvó, no por las obras justas que hubiéramos realizado, sino por su misericordia, mediante el agua que regenera y renueva en el Espíritu Santo, que Dios derramó abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro salvador, para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser, en esperanza, herederos de la vida eterna. – Palabra de Dios.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,15-20)
Cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos este acontecimiento que el Señor nos ha hecho conocer». Fueron rápidamente y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho acerca de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho. – Palabra del Señor.
Misa del día
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 52,7-10)
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, del mensajero que trae buenas noticias y anuncia la salvación, que dice a Sión: «¡Reina tu Dios!». Escucha: tus vigías alzan la voz, juntos gritan de alegría, porque ven con sus propios ojos el regreso del Señor a Sión. Prorrumpan a una en cantos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusalén. El Señor ha desnudado su santo brazo ante todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Por fin ha llegado la Navidad del Señor. La encarnación de Dios es la gran novedad del cristianismo, una revolución copernicana dentro del gran mundo de las religiones. El profeta Isaías canta precisamente esta revolución. Cuando todo parece irremediablemente perdido, cuando humanamente no se vislumbra ninguna esperanza, surge una nueva aurora. Un nuevo día en el que, de repente, todo cambia; por fin se retira ese velo de tristeza y depresión que cubría el rostro de la esposa Israel/Iglesia. Abandonada y Devastada eran los nombres que indicaban al pueblo de Dios. Hoy, en cambio, se canta la belleza de los pies del mensajero de una buena noticia. Dios mismo había dicho: «¿Acaso olvida una madre a su niño…? Aunque una madre se olvidara de su niño, yo nunca te olvidaré». A todos nos sucede vivir momentos en los que nos sentimos abandonados. El creyente del Antiguo Testamento podía recurrir a la Escritura para recuperar la esperanza. Nosotros tenemos la gracia de haber recibido la revelación de que en Jesús es Dios mismo quien se hizo compañero de camino.
SEGUNDA LECTURA
De la carta a los Hebreos (Heb 1,1-6)
Dios, que muchas veces y de muchas maneras habló antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo. Él es reflejo de su gloria e impronta de su ser, y sostiene todo con su palabra poderosa. Después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas, tanto más superior a los ángeles cuanto más excelente es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo Dios jamás: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»? Y también: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»? Y cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios». – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La carta a los Hebreos es una larga homilía que, partiendo de las promesas hechas al pueblo de la primera alianza, demuestra cómo todas se cumplieron con la llegada del Señor Jesús. Dios habla, y nos habla, a través de todo: la naturaleza, la historia, los encuentros, los sentimientos, las emociones, las decepciones y las esperanzas; nos habla a través de los profetas dentro y fuera de la Iglesia. Todo nos habla de él, todo es un mensaje suyo de amor para mí y para cada ser humano. Depende de nosotros saber interpretarlo, saber discernir el mensaje para cada uno de nosotros, aquí y ahora. Esto, sin embargo, nos pone en la condición de poder equivocarnos; de hecho, no siempre somos capaces de descifrar lo que el Señor nos dice. Por eso era necesaria la encarnación, es decir, la palabra clara y definitiva de Dios que tiene el nombre y el rostro de Jesús de Nazaret. Solo él, eternamente coexistente desde siempre con el Padre y el Espíritu Santo, conoce en lo más íntimo el misterio de amor de la Trinidad y puede revelárnoslo. Cuando ya no logramos sentir a Dios en nuestra vida, abramos el Evangelio; allí encontraremos su palabra verdadera y eficaz, la única capaz de dar sentido a la vida.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 1,1-18)
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Todo fue hecho por medio de él, y sin él no se hizo nada de cuanto existe. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que debía dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que al venir al mundo ilumina a todo hombre. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria como del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y proclama: «Este es aquel de quien yo dije: “El que viene después de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”». De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
En el día de Navidad, la liturgia de la Palabra, entre tantas propuestas, pone a nuestra reflexión la maravillosa página del prólogo de Juan. No es una página de fácil lectura. No narra episodios inmediatamente comprensibles. Pensemos en Mateo y Lucas, que deciden describir personas, circunstancias y hechos inseparables del acontecimiento del nacimiento de Jesús. Juan se sitúa en un plano diferente. Parte de lo que es desde siempre para llegar a lo que todavía puede suceder. «En el principio…», un principio que está incluso antes de aquel principio que encontramos en la primera página de la Biblia. Allí leemos que en el principio Dios creó el cielo y la tierra; aquí vemos que antes de aquel principio hay una vida en Dios, hay una relación de amor. De esta debemos partir si queremos comprender de manera inteligente lo que todavía sucede hoy. Todo lo que existe y ha sido hecho no es más que la manifestación exterior de esa relación de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Todo fue hecho por medio de él (el Verbo) y para él; por tanto, también yo. «Yo soy Tú que me haces», solía repetir un gran sacerdote de nuestros días (don Luigi Giussani). Yo existo, Señor, porque tú me quieres.

