liturgia della domenica 25 luglio 2021

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 25 de julio de 2021

Panes y peces

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2021

17.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
1.ª sem. salterio


PRIMERA LECTURA

Del segundo libro de los Reyes (2 Re 4,42-44)
Por aquellos días, un hombre vino de Baal Salisá, llevando al hombre de Dios pan de las primicias: veinte panes de cebada y grano nuevo que tenía en su alforja. Eliseo dijo: «Dáselo de comer a la gente». Pero su criado respondió: «¿Cómo puedo poner esto delante de cien personas?». Él replicó: «Dáselo de comer a la gente. Porque así dice el Señor: “Comerán y sobrará”». Lo puso delante de ellos, que comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor. Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Probemos a leer la palabra de Dios cambiando el sujeto y poniéndonos nosotros mismos en el lugar del hombre que lleva los panes. Por tanto, hoy es a mí a quien Dios dice que dé de comer «a la gente» que tengo alrededor. Me doy cuenta enseguida de que no pueden bastar. ¿Qué representan en mi vida esos veinte panes? Pueden ser las pocas fuerzas que me quedan al final de una jornada agotada por las fatigas del trabajo, por las incomprensiones en la familia, por problemas económicos o por falta de afecto: son muchos los problemas que pueden afligirnos a diario. Y así me doy cuenta de que no “puedo bastar”, con mis escasos balances diarios. Pero debo mirar dentro de mí y mirar atrás: ¿cuántas veces, a pesar de mis pobres panes, el Altísimo ha intervenido y ha “hecho bastar” lo poco que tenía? El ejercicio de la confianza incondicional no se aprende de una vez para siempre, sino que debe practicarse día tras día. La confianza practicada, invocada y aprendida nos hará decir: «Comerán y sobrará», porque «el Señor está cerca de quienes lo invocan, de cuantos lo invocan sinceramente».


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 4,1-6)
Hermanos, yo, prisionero por causa del Señor, os exhorto a que viváis de manera digna de la vocación que habéis recibido, con toda humildad, dulzura y magnanimidad, soportándoos mutuamente con amor, procurando conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados, la de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está presente en todos. Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Pablo es prisionero a causa del Evangelio. Nosotros nunca hemos experimentado esta situación y también nos cuesta comprenderla, aunque todavía suceda hoy en día. Nos la hacen más concreta todas las personas que han tenido que huir de su país para buscar penosamente refugio en Europa a causa de su fe cristiana. Los miro con admiración: desarraigados de su tierra y de sus familias, a menudo acogidos en un centro de refugiados sin intimidad ni privacidad, esforzándose por aprender nuestro idioma y encontrar cualquier trabajo, que a menudo se les niega por el color de su piel. Junto a ellos, tantos otros pobres y desheredados que nos interpelan cada día sobre las decisiones que llevamos adelante. Incluso en nuestras parroquias los miramos con desconfianza. Entonces, ¿yo, nosotros, somos verdaderos cristianos como san Pablo nos pide que seamos? ¿Somos realmente un solo cuerpo y un solo espíritu? Y, sin embargo, profesamos junto con él un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, «un solo Dios y Padre de todos». Es necesario reflexionar sobre ello.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 6,1-15)
En aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del mar de Galilea, es decir, de Tiberíades, y lo seguía una gran muchedumbre, porque veía los signos que hacía con los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús, entonces, levantando los ojos, vio que acudía hacia él una gran muchedumbre y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para ponerlo a prueba, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno reciba un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». Jesús respondió: «Haced que se sienten». Había mucha hierba en aquel lugar. Se sentaron, pues, y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces, tanto como querían. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos que han sobrado, para que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los que habían comido. Entonces la gente, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el profeta que viene al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo. Palabra del Señor. 

Comentario al Evangelio del día

Juan sitúa el relato de la multiplicación de los panes cerca de la Pascua: una clara alusión al gesto de la Última Cena. Se trata de un acontecimiento de especial importancia; de hecho, lo narran los cuatro evangelistas. Muchos siguen a Jesús; atraídos por sus prodigios, esperan ser curados de todos sus males. Con cinco panes y dos peces, Jesús sacia su hambre. Todos están entusiasmados, quieren hacerlo rey, un rey que los liberará del esfuerzo de procurarse el pan día tras día. Piensan que ha llegado un nuevo Moisés, que alimentará a su pueblo. ¡No han entendido nada! Sus corazones son incapaces de dar el paso que los separa de la vida verdadera. Siguen a Jesús por interés, buscan únicamente una comodidad fácil. El hombre se engaña cuando pone en el centro de su relación con Dios a sí mismo; de este modo se vuelve incapaz de captar una vida nueva, que es la que Jesús está ofreciendo y que no puede germinar cuando los objetivos son de naturaleza material. Jesús reprocha a quienes lo buscan por interés propio, rechaza una realeza terrena porque ha venido a ofrecer algo diferente: solo tú, Señor, eres pan partido para la vida del mundo.


Suscripción al Misal
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