Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra”, mayo-junio de 2025
6.º domingo de Pascua (C)
2.ª sem. salt.
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 15,1-2.22-29)
En aquellos días, algunos que habían venido de Judea enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis según la costumbre de Moisés, no podéis salvaros». Como Pablo y Bernabé discrepaban y discutían acaloradamente con ellos, se decidió que Pablo y Bernabé, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros. Entonces pareció bien a los apóstoles y a los presbíteros, con toda la Iglesia, escoger a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: Judas, llamado Barsabás, y Silas, hombres de gran autoridad entre los hermanos. Y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros, hermanos vuestros, saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia, procedentes de los paganos. Nos hemos enterado de que algunos de los nuestros, sin que les hubiéramos dado encargo alguno, han ido a turbaros con palabras que han desconcertado vuestros ánimos. Nos ha parecido bien, por unanimidad, escoger a algunas personas y enviároslas junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Os enviamos, pues, a Judas y a Silas, que os comunicarán también de viva voz estas mismas cosas. Nos ha parecido bien, al Espíritu Santo y a nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: abstenerse de la carne ofrecida a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de las uniones ilegítimas. Haréis bien en guardaros de estas cosas. ¡Salud!». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Es normal que haya problemas, dudas y opiniones diferentes cuando se trata de establecer normas de conducta. Hay muchas cabezas y muchas maneras de pensar. Hace falta alguien que dirima las cuestiones y establezca normas válidas y seguras para todos. Por poner un ejemplo, cuando Lutero puso en duda la presencia real del Cuerpo de Cristo en la Misa, los obispos se reunieron con el Papa (Concilio de Trento) para dar una respuesta clara no solo a Lutero, sino a toda la Iglesia. En este caso, la cuestión planteada por Lutero fue para la Iglesia la ocasión de aclarar y dar respuestas seguras y definitivas sobre la naturaleza del sacramento eucarístico. Así actúa el Magisterio auténtico de la Iglesia. Demos, por tanto, gracias por poder disponer de documentos y aclaraciones ciertas, porque en este caso la autoridad está al servicio de la verdad y, por tanto, del pueblo de Dios. Una característica que debe tener el Magisterio para ser auténtico es la continuidad: lo que era verdadero ayer debe serlo también hoy y deberá serlo también mañana, porque la Iglesia es una y Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.
SEGUNDA LECTURA
Del libro del Apocalipsis de san Juan apóstol (Ap 21,10-14.22-23)
El ángel me transportó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, resplandeciente de la gloria de Dios. Su resplandor era semejante al de una piedra preciosa, como una gema de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla grande y alta, con doce puertas: sobre las puertas había doce ángeles y nombres escritos, los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. Al oriente, tres puertas; al norte, tres puertas; al sur, tres puertas; y al occidente, tres puertas. La muralla de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos estaban los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en ella, porque su templo es el Señor Dios, el Todopoderoso, y el Cordero. La ciudad no necesita la luz del sol ni la luz de la luna, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La ciudad celestial (el Paraíso) es el reino de Dios, pero los cimientos, las puertas y las murallas están constituidos por nombres de hombres: los patriarcas del Antiguo Testamento y los doce apóstoles. Las llaves de este Reino se entregan a un hombre, Pedro. Entonces, ¿la vida eterna es divina o humana, material o espiritual? Puesto que Dios se hizo hombre, sabemos que divinizó lo que era humano y «humanizó» lo que era divino. Por tanto, el Paraíso es la plenitud de nuestra humanidad, la realización definitiva de nuestro ser humano. Don Divo Barsotti decía que el Paraíso no es simplemente un lugar, sino Cristo resucitado. «El Paraíso es él», afirmaba. Esto es un poco difícil de imaginar, así que conservemos ambas cosas: es una ciudad, con la luz de Dios, y al mismo tiempo es el Cuerpo de Cristo, porque la relación con Dios solo es posible gracias a la encarnación del Verbo. Miremos entonces al Reino que nos espera y venzamos toda tristeza humana sabiendo que Jesús ha abierto de par en par ante nosotros las puertas del cielo. El Señor nunca quiere nuestro desaliento, nunca, porque él es nuestra vida eterna.
EVANGELIO
Del Evangelio según san Juan (Jn 14,23-29)
En aquel tiempo, Jesús dijo [a sus discípulos]: «Si alguno me ama, observará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y estableceremos nuestra morada junto a él. El que no me ama no observa mis palabras; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas mientras todavía estoy con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. Os dejo la paz, os doy mi paz. No os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni tengáis miedo. Habéis oído que os dije: “Me voy y volveré a vosotros”. Si me amarais, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
Es fundamental recibir la paz de Cristo «no como la da el mundo». Hay, pues, una paz que viene del mundo y otra que procede de Dios, y son cosas diferentes entre sí. La que el Señor da a sus hijos es su mismo Espíritu, que les hace sentirse en comunión con él, les da la alegría de sentirse amados, les da la fuerza para amar al prójimo con generosidad y sacrificio, y les hace sentirse en armonía con la creación. Los hijos de Dios, por tanto, están en paz con todos. En cambio, el mundo da una paz que es una ausencia momentánea de conflictos exteriores, pero interiormente se sigue estando dominado y, a veces, atormentado por las pasiones y los egoísmos. Si se vive inmerso en el mundo, nunca se es feliz, porque el mundo nunca cumple sus promesas, no da la paz íntima simplemente porque no la posee. Entonces, recibir el Espíritu Santo es vivir esa paz que todos soñamos y deseamos. La paz se obtiene de rodillas, humillándonos bajo la poderosa mano de Dios y acogiendo dócilmente su divina Presencia. «Estableceremos nuestra morada junto a él», dice hoy Jesús en el Evangelio. Abramos, pues, la puerta de nuestro corazón, hoy, precisamente durante la Misa, y Dios Uno y Trino habitará en nosotros.
