Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2025
3.er domingo del Tiempo Ordinario (C)
3.ª sem. del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro de Nehemías (Neh 8,2-4a.5-6.8-10)
En aquellos días, el sacerdote Esdras llevó la ley ante la asamblea de los hombres, de las mujeres y de cuantos eran capaces de entender. Leyó el libro en la plaza, delante de la puerta de las Aguas, desde que despuntó la luz hasta el mediodía, en presencia de los hombres, de las mujeres y de quienes eran capaces de entender; todo el pueblo prestaba oído al libro de la ley. El escriba Esdras estaba de pie sobre una tribuna de madera que habían construido para la ocasión. Esdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo, pues estaba más alto que todos; al abrir el libro, todo el pueblo se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo respondió: «Amén, amén», levantando las manos; se arrodillaron y se postraron rostro en tierra ante el Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios por fragmentos distintos y explicaban su sentido, y así hacían comprender la lectura. Nehemías, que era el gobernador, Esdras, sacerdote y escriba, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a todo el pueblo: «Este día está consagrado al Señor, su Dios; no hagan duelo ni lloren». En efecto, todo el pueblo lloraba mientras escuchaba las palabras de la ley. Luego Nehemías les dijo: «Vayan, coman carnes grasas y beban vinos dulces, y envíen porciones a quienes no tienen nada preparado, porque este día está consagrado a nuestro Señor; no se entristezcan, porque la alegría del Señor es su fuerza». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Gracias a Ciro, el pueblo de Israel regresa del exilio en Babilonia, pero el entusiasmo pronto deja paso a la desolación ante la destrucción de la ciudad. Serán Nehemías y Esdras quienes deberán motivar al pueblo y ayudarlo a recuperar la identidad de su condición de pueblo. El texto que se presenta aquí muestra la liturgia de la Palabra en torno a la cual el sacerdote Esdras reorganiza la comunidad. Así como en el Génesis la Palabra de Dios “crea” de la nada, también el sacerdote Esdras reúne al pueblo en torno a la Palabra y lo ayuda a comprender que precisamente a partir de la Palabra de la Ley recuperará la confianza y el valor para reconstruir. Todo el pueblo escuchaba y comprendía, porque Esdras buscaba todos los medios para hacerse entender y así alentar a cada uno: «No se entristezcan, porque la alegría del Señor es su fuerza». Así también hoy, cada domingo, la comunidad se reúne en torno a la Palabra, porque -como dice el salmo- «la ley del Señor es perfecta, reconforta el alma... Los preceptos del Señor... alegran el corazón».
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 12,12-30)
Hermanos, así como el cuerpo es uno solo y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. En efecto, todos nosotros fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, judíos o griegos, esclavos o libres; y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo no está formado por un solo miembro, sino por muchos. Si el pie dijera: «Como no soy mano, no pertenezco al cuerpo», no por eso dejaría de formar parte del cuerpo. Y si el oído dijera: «Como no soy ojo, no pertenezco al cuerpo», no por eso dejaría de formar parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato? Pero Dios dispuso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad. Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; ni la cabeza, a los pies: «No los necesito». Más aún, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son los más necesarios; y los que consideramos menos dignos, los rodeamos de mayor respeto, mientras que los más decorosos no lo necesitan. Dios dispuso el cuerpo dando mayor honor a lo que carecía de él, para que no haya división en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro recibe honores, todos se alegran con él. Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de ese cuerpo. Dios puso en la Iglesia, en primer lugar, a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; después vienen los milagros, luego el don de curar, de asistir, de gobernar y de hablar diversas lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Hablan todos lenguas? ¿Todos las interpretan? – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Ayer celebramos la fiesta de la conversión de san Pablo, quien comprendió que la persecución contra los cristianos era en realidad contra Cristo mismo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Pablo comprendió muy bien este concepto, tanto que hoy podemos meditar sobre la reflexión que se derivó de él. La Iglesia es un “cuerpo” donde Cristo es nuestra cabeza: «Así como el cuerpo, aunque es uno, tiene muchos miembros, también Cristo». Cada uno, recuerda Pablo, cumple una tarea concreta en la Iglesia, y nadie es más o menos importante: «Dios dispuso cada uno de los miembros de manera distinta... pero el cuerpo es uno solo». Esto también se aplica a nosotros hoy: lo que te realiza en la vida, lo que te hace feliz, es cumplir plenamente aquello que Dios mismo te ha confiado. ¡No es qué haces ni dónde lo haces lo que cuenta, porque con esta lógica, a la larga, te desgastas! Lo importante no es quién eres frente a los demás, sino quién eres ante Dios.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,1-4;4,14-21)
Puesto que muchos han tratado de componer un relato ordenado de los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros, tal como nos los transmitieron quienes fueron testigos oculares desde el principio y luego llegaron a ser ministros de la Palabra, también yo he decidido investigar cuidadosamente todo desde los orígenes y escribirte un relato ordenado, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu y su fama se extendió por toda la región. Enseñaba en las sinagogas de ellos y todos lo alababan. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y, según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para leer. Le entregaron el rollo del profeta Isaías; lo desenrolló y encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí; por eso me ha ungido y me ha enviado a llevar la Buena Noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor». Enrolló el rollo, se lo devolvió al ayudante y se sentó. En la sinagoga, todos tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La primera lectura siempre ofrece la clave para comprender el texto del Evangelio. Después de meditar sobre la estructura y la motivación de la Liturgia de la Palabra, ahora comprendemos mejor lo que sucede en la sinagoga con Jesús, quien, como buen observante, acude a la sinagoga el sábado: «Entró en la sinagoga y se levantó para leer». El rito prevé la lectura de un texto y su comentario: estructura que precisamente encontramos en la primera lectura. Mientras todos tienen los ojos fijos en él, Jesús concluye diciendo: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír»: «La Buena Noticia a los pobres... la libertad a los cautivos... la libertad a los oprimidos» es «hoy», dice Jesús. Lo dijo entonces y sigue diciéndolo cada vez que escuchamos su Palabra al abrir el Evangelio, cada vez que la comunidad se reúne el domingo para la Eucaristía. La Palabra está viva y siempre se dirige a nosotros para ofrecernos un camino de liberación y alegría. Pero yo, nosotros... ¿sabemos escuchar? ¿Creemos en la eficacia de la Palabra de Dios? Por eso, en este tercer domingo, la Iglesia celebra el Domingo de la Palabra, para que comprendamos toda su belleza.


