Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2022
13.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del primer libro de los Reyes (1 Re 19,16b.19-21)
En aquellos días, el Señor dijo a Elías: «Ungirás a Eliseo, hijo de Safat, de Abel-Mejolá, como profeta en tu lugar». Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat. Este araba con doce yuntas de bueyes delante de él, y él mismo guiaba la duodécima. Elías pasó junto a él y le echó encima su manto. Eliseo dejó los bueyes y corrió detrás de Elías, diciéndole: «Iré a besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré». Elías respondió: «Ve y vuelve, pues ya sabes lo que he hecho contigo». Eliseo se alejó de él, tomó una yunta de bueyes y los sacrificó; con la madera del yugo de los bueyes coció la carne y se la dio al pueblo para que comiera. Después se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio. Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Dios elige a Eliseo como profeta y Elías, al echarle el manto encima, lo llama a acoger esta vocación. El gesto de poner el manto sobre los hombros indica el oficio especial que Eliseo deberá desempeñar y que no debe olvidar, aunque se le permita ir a despedirse de sus seres queridos. En efecto, la vocación implica abandonar la forma de vida habitual, un verdadero corte con el propio entorno, con la familia y con lo que se posee. Ante una indicación tan precisa y evidente, ¿se puede dudar? ¿Acaso se pueden tener dudas? Eliseo comprende que es Dios en persona quien lo llama y responde con un signo contundente: sacrifica los bueyes y quema su arado. Esto significa que está dispuesto a dejarlo todo, su trabajo y su casa con sus afectos, para asumir plenamente y con entusiasmo la nueva misión. Su actitud te parecerá valiente; por otra parte, cuando se descubre el amor de Dios y la benevolencia que reserva a cada uno de nosotros, ¿cómo no responder con la misma generosidad? Esto, evidentemente, vale para todos los bautizados. Si Dios pasara también por tu vida, ¿tendrías la misma prontitud que Eliseo?
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (Gál 5,1.13-18)
Hermanos, Cristo nos ha liberado para que vivamos en libertad. Manténganse, pues, firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Ustedes, hermanos, han sido llamados a la libertad. Pero que esta libertad no se convierta en un pretexto para la carne; por medio del amor, pónganse al servicio los unos de los otros. Toda la Ley, en efecto, encuentra su plenitud en un solo precepto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Pero si se muerden y se devoran mutuamente, ¡cuidado, no sea que terminen destruyéndose unos a otros! Les digo, pues: caminen según el Espíritu y no serán llevados a satisfacer los deseos de la carne. La carne tiene deseos contrarios al Espíritu, y el Espíritu tiene deseos contrarios a la carne; ambos se oponen entre sí, de modo que ustedes no hacen lo que quisieran. Pero si se dejan guiar por el Espíritu, no están bajo la Ley. Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Pablo, con palabras bastante duras, llama a los Gálatas a decidirse: o seguir la Ley judía y permanecer en la condición de esclavos, o adherirse a la ley de Cristo, que concede la salvación por medio de la fe. También para cada uno de nosotros es fuerte esta tentación a la que fueron sometidos los cristianos de Galacia: después de haber conocido la gracia de la salvación y la libertad ofrecida por el Espíritu de Cristo, a menudo volvemos a la ley tiránica de la carne. ¿Qué son realmente los deseos de la carne? Con esta expresión, san Pablo se refiere a una vida vivida bajo el signo del egoísmo, de comportamientos centrados simplemente en uno mismo y en la satisfacción de los propios deseos. En realidad, Dios nos ofrece mucho más, pues nos propone vivir una vida bajo la guía del Espíritu: el resultado es la libertad interior, que nos hace depender solo de Dios y de nadie más. Por tanto, la libertad no puede consistir en dar vía libre al pecado, sino que debe ser apertura a las necesidades de los demás. ¿Has deseado alguna vez ser verdaderamente libre? Vive según el Espíritu y lo serás.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 9,51-62)
Cuando se acercaba el tiempo de su elevación al cielo, Jesús tomó la firme decisión de ponerse en camino hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Estos se pusieron en camino y entraron en una aldea de samaritanos para prepararle alojamiento. Pero no quisieron recibirlo, porque se dirigía claramente hacia Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?». Él se volvió y los reprendió. Y se fueron a otra aldea. Mientras caminaban por el camino, alguien le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Este respondió: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre». Él le replicó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el reino de Dios». Otro dijo: «Te seguiré, Señor; pero primero déjame despedirme de los de mi casa». Jesús le respondió: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios». Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El tiempo apremia y Jesús sabe que pronto tendrá que volver al Padre. Por eso quiere aclarar cuáles son las condiciones para ser sus discípulos. La invitación inicial, que marca un giro decisivo, está contenida en ese «Sígueme», que significa “ven detrás de mí”. Debemos estar dispuestos a poner a la persona de Jesús y su mensaje en el centro de nuestra vida, dispuestos a sacrificar todo lo demás. Seguir a Jesús es una invitación que debemos acoger ahora y no aplazarla hasta mañana o hasta que todo esté en orden. La familia, el oficio y los intereses pasan inmediatamente a un segundo plano. Hay que dejarlo todo para seguir al Maestro. Es evidente que Jesús no quita nada; al contrario, lo devuelve todo multiplicado en gracia y amor, pero mientras tanto es necesario comprender que, si no nos decidimos a acoger plenamente las exigencias del discipulado, nunca podremos ser de los suyos. Por tanto, no debes cometer el error de seguir a Jesús poniendo condiciones; incluso los afectos más queridos, en comparación con él, deben pasar a un segundo plano. Jesús basta para llenar la vida y ante él todo lo demás palidece y se vuelve relativo. Entonces pidamos el don del discernimiento, para no ir detrás de cosas secundarias y superfluas, sino concentrarnos en lo que realmente es prioritario para nosotros.

