liturgia della domenica 26 marzo 2023

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 7 min
Autore: Editrice Shalom

Cosa troverai in questo articolo?

Liturgia del domingo: 26 de marzo de 2023

Gesù

Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2023

5.º domingo de Cuaresma (A)
1.ª sem. salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Ezequiel (Ez 37,12-14)
Esto dice el Señor Dios: «Yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de sus tumbas, pueblo mío, y los llevaré de nuevo a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y los saque de sus tumbas, pueblo mío, ustedes sabrán que yo soy el Señor. Infundiré mi espíritu en ustedes y vivirán; los estableceré en su tierra. Entonces sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago». Oráculo del Señor Dios. – Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

En la liturgia de hoy se habla de resurrección, en un crescendo que va desde este pasaje del Antiguo Testamento hasta la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte. Dios, por boca del profeta Ezequiel, anuncia de antemano la próxima apertura de las tumbas. Se trata del regreso de los exiliados. Desde el año 586 a. C., en efecto, los hebreos se encuentran deportados en Babilonia y el desaliento se ha apoderado de sus corazones, pero el Señor hace que su pueblo, que en tierra extranjera se siente como muerto, experimente directamente su poder vivificante. Dios, en efecto, es quien tiene el poder de cumplir todo cuanto promete. Ese día será como una nueva creación. La imagen empleada anticipa el futuro anuncio de la salvación integral de la humanidad en la resurrección de Jesús. También el corazón del ser humano forma parte de esos sepulcros que el Señor pretende abrir para conducir a la humanidad hacia sí y regalarle una vida nueva. En esta Cuaresma, demos a Dios la posibilidad de entrar allí donde hemos sepultado nuestra dignidad, en esas tumbas que reúnen nuestras humillaciones.


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 8,8-11)
Hermanos, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no viven según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece. Si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, el que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

El pasaje paulino, tomado de la carta a los Romanos, es la actualización del oráculo anterior de Ezequiel: el Espíritu «habita» en el ser humano. Para la persona, esto es fuente de seguridad, paz y alegría, porque constituye el fundamento inamovible de su pertenencia a Cristo. Estar habitados por el Espíritu significa tener dentro de nosotros todo lo necesario para vivir según las enseñanzas de Cristo. Por eso, la fidelidad al Señor no solo es posible, sino que ya está en acción: «No viven (es un presente) bajo el dominio de la carne… Su cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu es vida». El duelo entre la muerte y la vida se libró históricamente, de una vez para siempre, en la cruz. Para cada cristiano se actualiza en el rito del Bautismo, cuando morimos a la vida antigua para renacer a la vida nueva en Cristo. Ahora, pues, hay que creerlo día a día, momento a momento, sobre todo con los hechos; es decir, no viviendo ya según lo que el mundo pide, sino siguiendo lo que el Espíritu sugiere, a la espera de que la victoria sobre la muerte sea definitiva.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 11,1-45)
En aquel tiempo, un cierto Lázaro de Betania, el pueblo de María y de Marta, su hermana, estaba enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro estaba enfermo. Las hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que amas está enfermo». Al oírlo, Jesús dijo: «Esta enfermedad no terminará en la muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en el lugar donde se encontraba. Después dijo a los discípulos: «Volvamos a Judea». Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?». Jesús les respondió: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él». Después añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo». Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se salvará». Jesús se refería a su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Pero vayamos a verlo». Tomás, llamado Dídimo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él». Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros, y muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María por la muerte de su hermano. Al enterarse Marta de que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aun ahora sé que Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?». Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo». Después de decir esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo en privado: «El Maestro está aquí y te llama». Al oírlo, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa con María, consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar. Cuando María llegó adonde estaba Jesús, al verlo se arrojó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». [Gesù] Jesús, al verla llorar y al ver llorar también a los judíos que la acompañaban, se conmovió profundamente y, muy turbado, preguntó: «¿Dónde lo han puesto?». Le respondieron: «Señor, ven a verlo». Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: «¡Miren cuánto lo amaba!». Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber hecho que Lázaro no muriera?». Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro. Era una cueva y una piedra la cerraba. Jesús dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, ya huele mal; lleva cuatro días muerto». Jesús le dijo: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Después de decir esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal afuera!». El muerto salió, con las manos y los pies atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar». Muchos de los judíos que habían ido a casa de María, al ver lo que había hecho, creyeron en él. –
Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Existe una conexión y una progresión en los grandes textos de Juan propuestos durante estos últimos domingos de Cuaresma. Después de hablarnos del don de Dios (el agua viva), Jesús, Luz verdadera, abrió los ojos del ciego de nacimiento. Estos gestos simbólicos anuncian el Bautismo, es decir, el renacimiento en el agua y en el Espíritu. Hoy, otra acción simbólica nos habla de las consecuencias del Bautismo: una vida nueva. Entre las muchísimas consideraciones posibles, detengámonos en el llanto de Jesús junto a la tumba de su amigo Lázaro. Si sabía que le devolvería la vida, ¿por qué llorar? Sus lágrimas, aunque muy reales, tienen un valor simbólico. Es, en efecto, toda la miseria humana, que culmina en el fenómeno de la muerte corporal, la que arranca a Jesús lágrimas de compasión. La resurrección de Lázaro provocará directamente la condena a muerte de Jesús, quien arranca a los demás de la muerte precisamente al precio de su propia muerte. El amor es don. En Jesús vence el amor, porque él no se salva a sí mismo, sino que muere por nosotros. En efecto, para vencer, el amor debe saber perder: esta es la ley fundamental del cristiano. No podemos obtener algo bueno para los demás sin perdernos a nosotros mismos en el amor.


Suscripción al Misalito
Suscripción al Misalito
Liturgia del domingo: 26 de marzo de 2023

Cosa troverai in questo articolo?