Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» septiembre-octubre de 2021
26.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
2.ª sem. del salterio.
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Números (Nm 11,25-29)
En aquellos días, el Señor bajó en la nube y habló con Moisés: tomó parte del espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos; cuando el espíritu se posó sobre ellos, profetizaron, pero no volvieron a hacerlo. Sin embargo, habían quedado dos hombres en el campamento, uno llamado Eldad y el otro Medad. El espíritu se posó también sobre ellos; estaban entre los inscritos, pero no habían salido para ir a la tienda. Se pusieron a profetizar en el campamento. Un joven corrió a anunciarlo a Moisés y le dijo: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento». Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés desde su adolescencia, tomó la palabra y dijo: «Moisés, señor mío, ¡prohíbeles hacerlo!». Pero Moisés le respondió: «¿Estás celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y el Señor infundiera en ellos su espíritu!». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El libro de los Números relata un episodio relacionado con la elección de setenta hombres destinados a ayudar a Moisés a guiar al pueblo que se encaminaba hacia la tierra prometida. Dios comunica el espíritu de Moisés a los setenta ancianos reunidos alrededor de la tienda, pero también a dos hombres que se habían quedado en el campamento. Josué, servidor de Moisés y su sucesor en la guía del pueblo, se opone, sosteniendo que profetizar está reservado a unos pocos. Para Moisés, en cambio, todo el que obra el bien es bendecido por Dios y nadie debe impedir ni obstaculizar la acción del Espíritu. El Señor ve los corazones y concede su Espíritu a sus elegidos, aunque no se encuentren dentro de los límites visibles del lugar santo. No debemos estar celosos de los dones de Dios; al contrario, cuando reconocemos un don de Dios, debemos alegrarnos. Si nos disgusta, significa que nos buscamos a nosotros mismos, y no la gloria de Dios ni el servicio al prójimo y a la Iglesia. El amor de Dios no tiene fronteras, no se concede exclusivamente a algunos, sino que llama a todos para que crezca el bien.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol Santiago (St 5,1-6)
Ahora, ustedes, los ricos: lloren y griten por las desgracias que les sobrevendrán. Sus riquezas están podridas y sus vestidos, apolillados. Su oro y su plata están oxidados; su herrumbre se levantará contra ustedes como acusación y devorará sus carnes como un fuego. ¡Han acumulado riquezas para los últimos días! Miren: el salario de los trabajadores que cosecharon sus campos y que ustedes no les han pagado clama, y las protestas de los cosechadores han llegado a los oídos del Señor todopoderoso. Han vivido en la tierra entre placeres y deleites, y se han cebado para el día de la matanza. Han condenado y matado al justo, que no les opuso resistencia. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El pasaje de la carta de Santiago es una durísima acusación contra toda injusticia y todo desequilibrio que provocan sufrimiento y discriminación. No se trata de condenar la riqueza en sí misma, sino de denunciar a quienes, aferrados a ella, no tienen escrúpulos para seguir acumulando mientras privan a los demás de lo necesario para vivir. Es la condena de quienes, gracias a su riqueza, se permiten el lujo de permanecer indiferentes ante tantas vidas miserables de hombres y mujeres, ancianos y niños. La riqueza conlleva el altísimo riesgo de que quien la posee quede atrapado por el mal puesto en práctica para acrecentarla y defenderla a costa de las legítimas necesidades de los demás. La denuncia del apóstol Santiago no tiene que ver con posturas ideológicas, sino que parte de la firme convicción de que ante Dios toda persona ha recibido ante todo el don de la vida y, como herencia, la tierra con sus recursos, para sostener la vida de muchos. Para los cristianos, es urgente descubrir la necesidad del desapego de las riquezas.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 9,38-43.45.47-48)
En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y quisimos impedírselo, porque no nos seguía». Pero Jesús dijo: «No se lo impidan, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí: quien no está contra nosotros está a favor de nosotros. Y quien les dé a beber un vaso de agua en mi nombre porque ustedes pertenecen a Cristo, en verdad les digo que no perderá su recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar en la vida con una sola mano que ir con las dos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar en la vida con un solo pie que ser arrojado a la Gehena con los dos pies. Y si tu ojo te hace caer, arráncatelo: más te vale entrar en el reino de Dios con un solo ojo que ser arrojado a la Gehena con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Marcos, al retomar el breve diálogo entre Jesús y Juan, nos exhorta a no volvernos celosos del bien, orgullosos de nuestras seguridades ni despectivos con quienes parecen alejados de Dios. Es hermosísima la respuesta del Señor. Jesús quiere hacer comprender a Juan y a los demás que no deben escandalizarse, porque Dios ama a cada persona y, si nosotros amamos a Dios, debemos tener un corazón grande como el suyo. Cuántas veces, por desgracia, utilizamos la fe no para hacer el bien a los demás, sino para alejarlos con nuestra soberbia, nuestro egoísmo y nuestra arrogancia; cuántas veces utilizamos los dones del Señor no para buscar a quien está lejos, sino para condenar a quien se esfuerza por acercarse al Señor y así lo desanimamos. Jesús, por tanto, exhorta a los discípulos y a nosotros a saber ver y valorar siempre el bien; pide una profunda conversión que elimine toda mentalidad de privilegio y exclusivismo religioso; invita a tener una apertura real hacia quienes están fuera de la comunidad, sin juicios ni prejuicios. Jesús nos dice después una palabra maravillosa: incluso por un solo vaso de agua dado por amor a él, no perderemos su recompensa. Qué hermoso saber que Dios recompensa hasta el gesto más pequeño de generosidad.

