liturgia della domenica 27 febbraio 2022

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 4 min
Autore: Editrice Shalom

Cosa troverai in questo articolo?

Liturgia del domingo: 27 de febrero de 2022

evangelio

Textos extraídos del Misal “Sobre Tu Palabra” enero-febrero de 2022

8.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
4.ª sem. salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del Eclesiástico (Sir 27, 5-8 (NV) [gr. 27,4-7])
Cuando se agita un tamiz, quedan los residuos; así, cuando un hombre discute, aparecen sus defectos. El horno pone a prueba las vasijas del alfarero; así, la forma de razonar es la prueba de un hombre. El fruto demuestra cómo se ha cultivado el árbol; así, la palabra revela los pensamientos del corazón. No alabes a nadie antes de que haya hablado, porque esta es la prueba de los hombres.

Comentario a la primera lectura

«Cada árbol se reconoce por su fruto», dice hoy Jesús en el Evangelio. Diversos dichos del Señor proceden del Antiguo Testamento, porque él hace suya la sabiduría del pasado para aplicarla a sus oyentes del presente y de siempre. En este caso, ya el Eclesiástico enseña el valor de la palabra humana: es auténtica si procede de un hombre bueno, sabio y coherente. La palabra proviene, en efecto, del mundo interior: si este está unido y en comunión con Dios, la palabra es pura; si el mundo interior es tenebroso, caótico y vicioso, la palabra refleja su origen corrompido. De ahí se deriva la importancia del silencio y del recogimiento habitual. Si un hombre es incapaz de callar, también es incapaz de hablar, porque toda palabra sabia procede de un mundo interior de silencio. Si una persona habla siempre, habla demasiado, su palabra se convierte fácilmente en charla. Quien medita, observa, calla y razona, permaneciendo recogido en su intimidad, donde vive la gracia divina, pronunciará también una palabra razonada, justa y constructiva. Así era la palabra de Jesús: palabra de fuego que dejaba su huella.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 15,54-58)
Hermanos, cuando este cuerpo corruptible se vista de incorruptibilidad y este cuerpo mortal de inmortalidad, se cumplirá la palabra de la Escritura: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! Por tanto, mis queridos hermanos, manteneos firmes e inconmovibles, progresando cada vez más en la obra del Señor, sabiendo que vuestro esfuerzo no es inútil en el Señor.

Comentario a la segunda lectura

El extraordinario capítulo 15 de la primera carta a los Corintios aborda lo que será de nosotros después de la muerte. ¿Qué será de nuestro cuerpo? Sabemos que los elementos orgánicos se disolverán, pero en el Paraíso -y también, por desgracia, en el Infierno- ¿tendremos nuestro cuerpo? ¿Nos reconoceremos? ¿Tendremos manos, pies y nuestro rostro? Y si tenemos boca, ¿tendremos que hablar? Y si tenemos piernas, ¿caminaremos? El apóstol no nos da demasiados detalles, pero nos dice que el cuerpo mortal será revestido de inmortalidad, dándonos a entender que el cuerpo será el mismo, pero «recubierto» y, por tanto, espiritual, ya no sometido a las necesidades biológicas. El dogma de la resurrección de la carne -que proclamamos cada domingo en el Credo- es uno de los menos comentados e investigados, pero también uno de los más consoladores: lo que soy ahora, lo seré para siempre; es más, seré más resplandeciente y glorioso si me salvo en el Paraíso. Nada se pierde, porque lo que Dios hace es perfecto: llevamos el cuerpo a su plenitud con la fidelidad a la vida divina y con los actos de caridad.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 6,39-45)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? Un discípulo no es más que su maestro; pero, cuando esté bien preparado, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja del ojo”, mientras tú no ves la viga que hay en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano. No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni hay por otra parte árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se reconoce por su fruto: no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón; el hombre malo saca el mal de su mal tesoro, porque de lo que rebosa el corazón habla la boca».

Comentario al Evangelio del día

El dicho del Señor parece pertenecer más a la sabiduría natural que a una verdad revelada: si el árbol es bueno, sus frutos serán sabrosos; si es malo, serán incomestibles. Pero lo que el Señor dice al principio del pasaje no pertenece a la simple sabiduría popular: hay que trabajar mucho en la interioridad, hasta el punto de preocuparnos por nuestra viga interior y no por la paja de nuestro prójimo. Que cada uno se sienta implicado: nuestra capacidad de autocrítica es bastante limitada, porque siempre tendemos a justificarnos y a ser severos con nuestro prójimo. El secreto de la santidad consiste en reconocer humildemente nuestra nada y estar también contentos de ello. «Dios me ha concedido la gran gracia -decía santa Teresa del Niño Jesús- no solo de saberme miserable, sino de alegrarme de serlo». Sí, porque Dios se siente atraído por estos corazones humildes y sencillos, y se derrama inmediatamente en quienes saben que no son nada. Oremos con estas palabras: «Oh Dios, toma la nada que soy y dame el todo que eres». Así quedará destruida toda viga interior.


Suscripción al Misal
Suscripción al Misal
Liturgia del domingo: 27 de febrero de 2022

Cosa troverai in questo articolo?