En este XIII domingo del tiempo ordinario, la palabra de Dios nos lleva a reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre el transcurso del tiempo y la eternidad, sobre nuestra condición humana, pero también sobre nuestro destino de vivir una vida sin fin. «Sobre cada uno de nosotros, sea cual sea la porción de dolor que llevamos dentro, sea cual sea nuestra porción de muerte, sobre cada uno el Señor hace descender la bendición de aquellas antiguas palabras: “Talita kum”. Vida joven, levántate, resurge, retoma la fe, la lucha, el descubrimiento, la vida, vuelve a recibir y a devolver amor» (Ermes Ronchi).
13.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
1.ª sem. salt.
Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2021
PRIMERA LECTURA
Del libro de la Sabiduría (Sab 1,13-15; 2,23-24)
Dios no ha creado la muerte ni se complace en la ruina de los vivos. Él ha creado todas las cosas para que existan; las criaturas del mundo son portadoras de salvación, en ellas no hay veneno de muerte, ni el reino de los muertos está sobre la tierra. La justicia, en efecto, es inmortal. Sí, Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, lo hizo imagen de su propia naturaleza. Pero por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan quienes le pertenecen.
Comentario a la primera lectura
Las lecturas que hoy nos propone la liturgia son un himno a la vida, a la justicia y a hacernos prójimos compartiendo equitativamente los bienes recibidos. La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos recuerda el proyecto de Dios sobre el hombre, tal como se describe en el libro del Génesis (1,27). Dios es el Señor de la vida y no ha creado la muerte, ni se complace en la ruina de los vivos. Deberíamos recordarlo sobre todo cuando nuestra vida se bloquea ante esos “porqués” que hacen que la fe sea tan complicada. No creemos en un Dios de la muerte, sino de la vida, que no se rinde ante el mal que llevamos dentro, sino que parte de aquello bueno que nuestro corazón conserva, porque «las criaturas del mundo son portadoras de salvación, en ellas no hay veneno de muerte». Nuestra dificultad es que el proyecto de Dios es la vida, pero nuestra experiencia es la muerte, y no solo la física. Por eso, depende de nosotros no traicionar la confianza de Dios, reconociéndonos siempre necesitados de su ayuda y no poniéndonos nunca del lado del mal, que nos envenena a nosotros mismos y a cuantos encontramos en el camino.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta de san Pablo apóstol a los Corintios (2Cor 8,7.9.13-15)
Hermanos, así como sois ricos en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en todo empeño y en la caridad que os hemos enseñado, sed también generosos en esta obra. Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para que vosotros os enriquecierais con su pobreza. No se trata de ponerlos en dificultades para aliviar a los demás, sino de que haya igualdad. En este momento, vuestra abundancia supla su indigencia, para que también su abundancia supla vuestra indigencia, y haya igualdad, como está escrito: «El que recogió mucho no tuvo de más, y el que recogió poco no tuvo de menos».
Comentario a la segunda lectura
La invitación del apóstol Pablo a la comunidad de Corinto es que compartan sus bienes con quienes se encontraban en situación de pobreza, especialmente con los cristianos de la Iglesia de Jerusalén. Para animarlos a realizar obras de caridad, los invita a tomar como ejemplo al Señor Jesús, que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos a nosotros. San Pablo nos hace comprender que, así como Jesús se entregó por completo para sacarnos de la pobreza del pecado, también nosotros estamos llamados a experimentar esa riqueza que nace del amor a los hermanos necesitados. Si realmente queremos encarnar la Palabra, no debemos ser personas solo de bellas palabras o buenas intenciones, sino cristianos capaces de realizar gestos de caridad concreta, así como es concreta la carne de Cristo, muerta y resucitada por nosotros. Nosotros somos los verdaderamente ricos, aunque muchas veces nos encontremos en situaciones de verdadera pobreza material, porque nuestra riqueza, que dura para siempre, es Jesús mismo, su gracia y su presencia en nuestra vida.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 5,21-43)
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se reunió a su alrededor mucha gente y él se quedó junto al mar. Se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies y le suplicó con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos para que se salve y viva». Jesús se fue con él. Lo seguía mucha gente y lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos y se había gastado todos sus bienes sin obtener ningún beneficio; al contrario, iba empeorando. Al oír hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Con solo tocarle el vestido, quedaré curada». Inmediatamente se secó la fuente de su sangre y notó que su cuerpo estaba curado del mal. Jesús, dándose cuenta de que una fuerza había salido de él, se volvió en medio de la gente y preguntó: «¿Quién me ha tocado el vestido?». Sus discípulos le contestaron: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». Él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. La mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se acercó, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad». Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?». Pero Jesús, al oír lo que hablaban, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». Y no permitió que lo acompañara nadie, excepto Pedro, Santiago y Juan, hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y vio el alboroto, y gente que lloraba y gritaba mucho. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida». Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: «Talita kum», que significa: «Muchacha, a ti te digo: levántate». La muchacha se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. Les insistió en que nadie se enterase y les dijo que dieran de comer a la niña.
Comentario al Evangelio del día
Marcos nos presenta dos relatos que se entrelazan, como sucede en la vida, aparentemente diferentes pero muy similares en su significado. Se habla de dos mujeres, una de doce años y la otra enferma desde hacía doce años -el número doce representa la totalidad de Israel-; ambas heridas de muerte, una biológica y otra social, ambas convertidas en impuras e intocables. Las dos mujeres son llamadas “hijas”, y ambas son curadas y salvadas. «Talita kum» no es una fórmula mágica, sino la invitación que el Señor nos dirige continuamente cuando la vida nos derriba. Nos toma de la mano y nos dice: «Levántate de tu convicción de no ser amado; levántate cuando te sientas rechazado; levántate si el dolor te ha puesto de rodillas». En el caso de la mujer que padecía hemorragias, el verdadero milagro que realiza Jesús no se refiere a su curación física, sino a haberle devuelto la dignidad, liberándola de la marginación social a la que había sido condenada por su enfermedad. Donde el hombre se rinde, Dios sigue esperando y actuando. Ante la enfermedad y la muerte, cuando pensamos que ya no queda nada por hacer, Jesús nos dice: «No temas; basta que tengas fe».

