Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra», julio-agosto de 2025
17.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
1.ª sem. sal.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis (Gn 18,20-32)
En aquellos días, dijo el Señor: «El clamor contra Sodoma y Gomorra es demasiado grande y su pecado es muy grave. Voy a bajar a ver si realmente han cometido todo el mal cuyo clamor ha llegado hasta mí; ¡quiero saberlo!». Aquellos hombres partieron de allí y se dirigieron hacia Sodoma, mientras Abraham permanecía todavía en presencia del Señor. Abraham se acercó y le dijo: «¿De verdad vas a exterminar al justo con el malvado? Quizá haya cincuenta justos en la ciudad: ¿de verdad quieres acabar con ellos? ¿No perdonarás aquel lugar por consideración a los cincuenta justos que se encuentran allí? ¡Lejos de ti hacer morir al justo con el malvado, tratando al justo como al malvado; lejos de ti! ¿Acaso el juez de toda la tierra no hará justicia?». Respondió el Señor: «Si encuentro cincuenta justos en Sodoma, dentro de la ciudad, por consideración a ellos perdonaré a todo el lugar». Abraham volvió a hablar y dijo: «Mira, me atrevo a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza: quizá a los cincuenta justos les falten cinco; ¿destruirás por esos cinco toda la ciudad?». Respondió: «No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco». Abraham volvió a hablarle y dijo: «Quizá se encuentren allí cuarenta». Respondió: «No lo haré, por consideración a esos cuarenta». Continuó: «No se enfade mi Señor si sigo hablando: quizá se encuentren allí treinta». Respondió: «No lo haré si encuentro allí treinta». Continuó: «Mira, me atrevo a hablar a mi Señor. Quizá se encuentren allí veinte». Respondió: «No la destruiré por consideración a esos veinte». Continuó: «No se enfade mi Señor si hablo una vez más: quizá se encuentren allí diez». Respondió: «No la destruiré por consideración a esos diez». - Palabra de Dios.
Comentario de la primera lectura
Rezar e interceder por los demás significa ponerse cara a cara con Dios. Y esto quiere decir reconocer en él a nuestro mejor amigo, a quien nos atrevemos a pedir incluso cosas que no tendríamos el valor de pedir a los extraños. Esta es la actitud de Abraham, verdadero amigo de Dios. También nosotros podemos crecer en esta amistad con él hasta atrevernos a pedir con la misma confianza del antiguo patriarca. La cuestión, más bien, es salir de cierta mentalidad, de la que también nosotros estamos a menudo impregnados, según la cual Dios tiene otras cosas en las que pensar antes que escuchar nuestras peticiones. Si viéramos con qué atención escucha nuestras oraciones, incluso las más disparatadas, nos quedaríamos realmente asombrados.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (Col 2,12-14)
Hermanos, sepultados con Cristo en el bautismo, con él también habéis resucitado mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Con él Dios también os ha dado vida a vosotros, que estabais muertos a causa de las culpas y de la incircuncisión de vuestra carne, perdonándonos todas las culpas y anulando el documento escrito contra nosotros que, con sus prescripciones, nos era contrario: lo quitó de en medio clavándolo en la cruz. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Nadie habría podido quitarnos el pecado, pues era como un acta de acusación escrita con caracteres indelebles contra nosotros. Ni siquiera nuestras buenas obras o la observancia perfecta de la Ley, según Pablo, habrían podido borrar o destruir tal documento. Pero Dios, en Jesús, clavó ese documento en el árbol de la cruz. Esto significa que en Cristo somos libres, criaturas nuevas ya no sometidas a la ley del mal. Ahora nos corresponde a nosotros, con nuestras decisiones cotidianas, elegir qué estilo de vida queremos adoptar; vivir como resucitados significa hacer que cada acción, por pequeña o insignificante que sea, esté revestida de amor y de fe. En ese momento también se hace evidente para los demás qué gran don hemos recibido.
EVANGELIO
Del Evangelio según Lucas (Lc 11,1-13)
Jesús se encontraba en un lugar orando; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos abandones a la tentación”». Luego les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo y va a medianoche a su casa para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y si el otro, desde dentro, le responde: “No me molestes, la puerta ya está cerrada, mis hijos y yo estamos acostados, no puedo levantarme para darte los panes”, os digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, al menos por su insistencia se levantará para darle cuanto necesite. Pues yo os digo: pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abre. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
La oración es verdaderamente oración solo si nos pone en una actitud filial hacia Dios. Cuando lo llamas Padre, él abre su corazón y te concede todo lo que le pides. Pronunciar este nombre con el corazón y con la vida significa atreverse a hacer lo que nadie podría hacer: entrar en una relación de confianza con él. Nuestro Padre que está en los cielos siente un inmenso placer cuando sus hijos le piden algo en el nombre de su Hijo; él mismo se apresura a concedérnoslo, incluso más que nosotros a pedirlo. Jesús te invita hoy a pedir con más fuerza, a buscar con perseverancia, a llamar con mayor convicción. Solo así tu oración será vivida como la de un hijo, junto con el Hijo Jesús, para la salvación de los hermanos.
