Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» noviembre-diciembre de 2022
1.er domingo de Adviento (A)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 2,1-5)
Palabra que Isaías, hijo de Amós, recibió en una visión acerca de Judá y Jerusalén. Al final de los días, estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes y se elevará sobre las colinas, y hacia él afluirán todas las naciones. Irán muchos pueblos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; él nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas». Porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra del Señor. Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas; no alzará la espada nación contra nación, ni se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Todos los profetas anunciaron al Mesías esperado por las naciones. Isaías, quizá más que ningún otro, fue el profeta que puso en el centro de todo su libro y de su predicación la venida del Emanuel, el Dios-con-nosotros. Precisamente en el primer domingo de Adviento, la liturgia de la Iglesia propone a nuestra atención una de las novedades que vino a traer el Emanuel: la paz. Sería mejor decir el «shalom» hebreo, que es mucho más que la paz tal como la entendemos hoy. Para nosotros, la paz es ausencia de guerra; para Isaías y, por tanto, para Dios, la paz es un compromiso concreto para que todo sea transformado, para que la comunión entre los seres vivos pueda experimentarse en cada instante de la historia. ¿Utopía? Quien no conoce la vida y la misión de Jesús de Nazaret podría pensarlo y tendría toda la razón. Pero desde Jesús todo ha cambiado. No se entra en la historia del pueblo elegido por nacimiento, sino mediante una adhesión personal, gracias al contagio hecho posible por quienes, a su vez, se han dejado contagiar por la buena noticia de la encarnación. De testigo en testigo camina el sueño de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rom 13,11-14a)
Hermanos, esto debéis hacer, conscientes del momento: ya es hora de despertar del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día se acerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz. Comportémonos honestamente, como en pleno día: no en orgías ni borracheras, no en lujurias ni desenfrenos, no en rivalidades ni envidias. Revestíos, más bien, del Señor Jesucristo. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La gran tentación del cristiano no es el pecado, vencido por el Señor Jesús, sino más bien quedarse dormido, es decir, dejar de esperar algo, delegar en la historia la realización de la vida. Pablo nos invita, en este tiempo litúrgico de espera del Señor, a despertar del sueño. Una madre, cuando sabe que se acercan los días del parto, ya no piensa en dormir; solo su estado de vigilancia le permitirá percibir los dolores del parto en cuanto aparezcan. Del mismo modo, el cristiano no puede dormirse en los laureles. Si esto era posible hasta mediados del siglo pasado, cuando parecía que todavía se vivía en una sociedad (italiana y occidental) en conjunto cristiana, ahora, a una mirada atenta y no obtusa, resulta claro que el cristianismo es, de hecho, una minoría, ni siquiera muy ruidosa. Una minoría que valora algunas tradiciones y que a través de ellas sublima la falta de pueblo, el atractivo perdido. «Ya es hora de despertar del sueño» es una invitación que siento dirigida especialmente a mí. Arriba, comienza un nuevo día, se te ofrece una nueva oportunidad.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 24, 37-44)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en tiempos de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Pues, como en los días anteriores al diluvio comían y bebían, tomaban esposa y esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta de nada hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, dos hombres estarán en el campo: uno será llevado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será llevada y la otra dejada. Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que asaltaran su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos imaginéis viene el Hijo del hombre». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Al leer bien el Evangelio de este primer domingo de Adviento, nos damos cuenta de que no se nos anuncian los pecados de los hombres contemporáneos de Noé. Lo que se condena, como resulta evidente en los textos sagrados, es esa vida totalmente dedicada a las pequeñas satisfacciones terrenas. Los hombres del tiempo de Noé no eran muy distintos de nosotros (nihil sub sole novum, diría el Eclesiastés). Absorbidos por la vida cotidiana y por las obligaciones de cada día, no se dan cuenta de nada. Como si Dios no existiera. Viven una vida paralela, igual que la nuestra, entre lo que pertenece al ámbito de lo sagrado y lo que, en cambio, pertenece al ámbito de lo profano. Comen, beben, se casan. En cierto momento se dan cuenta de la existencia de este extraño personaje, Noé, que comienza a construir un arca. Pero esto tampoco los saca de su indiferencia. El ser humano, sobre todo cuando se siente seguro de sí mismo, ya no se esfuerza por interpretar los signos. Del signo a la realidad hay un paso breve. Llega el diluvio y arrasa con todos. Así será la llegada del Mesías: será siempre repentina, nunca suficientemente esperada, y seguirá trastocando los planes de quienes se creen seguros en sus casas, entre sus bienes. Ayudémonos mutuamente a permanecer despiertos.

