Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2024
5.º domingo de Pascua (B)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 9,26-31)
En aquellos días, Saulo, llegado a Jerusalén, intentaba unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no creían que fuera discípulo. Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo condujo ante los apóstoles y les contó cómo, durante el viaje, había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado con valentía en el nombre de Jesús. Así pudo estar con ellos y se movía por Jerusalén, predicando abiertamente en el nombre del Señor. Hablaba y discutía con los que hablaban griego; pero estos intentaban matarlo. Cuando se enteraron, los hermanos lo llevaron a Cesarea y lo hicieron partir hacia Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría: se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y, con el consuelo del Espíritu Santo, crecía en número. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Pablo, recién convertido, comenzó a refutar a los judíos, tratando de convencerlos de que Jesús era Dios. Era la persona adecuada, porque estaba muy preparado, lo que hoy llamaríamos un graduado universitario. Pero cuando se presentó ante los discípulos en Jerusalén, estos, extrañamente, le tuvieron miedo. ¿Por qué? ¿Quizá no estaban convencidos de su conversión plena? ¿Quizá usaba métodos que ellos no aprobaban? Aquel santo hombre, Bernabé, convenció a todos de que Pablo se había convertido verdaderamente y de que la gracia de Dios estaba con él. Parecía, pues, que todo estaba en orden, pero algunos «de lengua griega» no lo soportaban, hasta el punto de que intentaban incluso matarlo. Así fue como los dirigentes decidieron mantenerlo alejado por un tiempo y le pidieron que regresara durante cierto período a su ciudad natal, Tarso. Permaneció allí varios años, escondido, como olvidado por todos. Parece, por tanto, la imagen de un fracaso, pero en realidad, en aquel silencio, Pablo se preparó mejor para las futuras misiones, que fueron clamorosas, porque él solo llevó el Evangelio a todo el mundo grecorromano. El fracaso se transforma en gracia: basta con dejar que Dios actúe.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 3,18-24)
Hijitos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón delante de él, aunque nuestro corazón nos condene en algo. Dios es más grande que nuestro corazón y lo conoce todo. Queridos hermanos, si nuestro corazón no nos condena, tenemos confianza en Dios, y cuanto pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, según el precepto que nos dio. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. En esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
«Dios es más grande que nuestro corazón». Esto es importante, porque, en general, hacemos de nuestro corazón -de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos- un absoluto y consideramos que lo que experimentamos, sentimos y pensamos es la directriz cierta e indudable según la cual debemos vivir todos los actos de nuestra jornada. Pero hacemos las cuentas sin contar con el posadero. Si nos preguntáramos más a menudo cuál es el pensamiento de Dios y cuál es la verdad a la que debemos ajustarnos, nos daríamos cuenta de que a veces nuestro corazón exagera y otras veces minimiza, porque estamos dominados por nuestras pasiones. Somos como niños de primero de primaria que todavía tienen que aprender muchas cosas, y nuestro maestro es el Espíritu Santo. El criterio para saber si estamos en la verdad -y, por tanto, la primera cuestión que debemos plantearnos- es si seguimos los mandamientos de Dios. San Juan vincula siempre el cumplimiento de los mandamientos con el amor a Dios. Estos preceptos son la fe -creer que somos amados por Dios- y el amor, sobre todo el amor a los hermanos. No nos desanimemos nunca, pues: ¡Dios nos ha dado su Espíritu y su guía es buena y segura!
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 15,1-8)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he anunciado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. El que no permanece en mí es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo echan al fuego y lo queman. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se realizará. En esto es glorificado mi Padre: en que deis mucho fruto y lleguéis a ser mis discípulos».- Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Nuestras obras, nuestras acciones y nuestro actuar pertenecen más a Dios que a nosotros. La actividad del cristiano es, ante todo, pasividad. El ejemplo de los sarmientos y de la vid es perfecto. Los racimos -los frutos- brotan en los sarmientos -las ramas-, pero quien lleva la savia a las ramas es el tronco de la vid -Jesús resucitado-. Nosotros simplemente dejamos que Dios actúe en nosotros. ¡Esta es la grandeza del abandono en Dios y en su voluntad! Nos lo enseña la Virgen María, con aquel maravilloso verbo suyo en forma pasiva: fiat, «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). ¿Acaso desde aquel momento la Virgen no hizo nada más? Al contrario, actuó continuamente, pero según las indicaciones del Espíritu de Cristo, realizando dócilmente lo que le llegaba a través de las mociones interiores de la gracia. Quien quiere hacerlo por sí mismo, en cambio, considera que su propia voluntad es superior y mejor que la de Dios. Es el pecado de Satanás: el orgullo. Al final, quien dirige la Iglesia y quien actúa en las actividades cristianas, apostólicas y caritativas es el Espíritu Santo, que utiliza nuestras manos y nuestros corazones. ¿Y no es hermoso estar en la vid? La docilidad no es renunciar a actuar activamente, sino, por el contrario, actuar conforme a la única voluntad, que es la de Dios.


