Textos tomados del Misalito “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2024
4.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
4.ª sem. del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio (Dt 18,15-20)
Moisés habló al pueblo diciendo: «El Señor, tu Dios, suscitará para ti, en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharás. Así tendrás lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, diciendo: “Que no vuelva a oír la voz del Señor, mi Dios, ni vuelva a ver este gran fuego, para no morir”. El Señor me respondió: “Está bien lo que han dicho. Les suscitaré un profeta en medio de sus hermanos y pondré mis palabras en su boca, y él les dirá cuanto yo le mande. Si alguien no escucha las palabras que él diga en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que tenga la presunción de decir en mi nombre algo que yo no le haya mandado decir, o que hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá”». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Es singular la petición del antiguo pueblo de Israel: ante Dios, que se manifiesta en el monte Sinaí entre rayos y truenos, pide no tener que tratar directamente con Él, sino que su voluntad sea presentada por un representante suyo, un hombre normal, que pueda explicar las cosas de Dios sin todos aquellos fenómenos estruendosos y peligrosos. Pues bien, Dios escucha esta petición y da inmediatamente un mediador de este tipo: Moisés. Pero la cosa no termina ahí; Moisés anuncia enseguida que después vendrá un mediador muy superior y habla -aunque sin nombrarlo- de Jesús. Él será el verdadero y último intérprete de la palabra de Dios, porque será la Palabra misma, será Dios hecho hombre, será el legislador que viene a explicar personalmente la ley. Dios, por tanto, es al mismo tiempo punto final y mediador, como dirá Jesús de sí mismo: yo soy la vida y la verdad, pero también soy el camino para llegar a ellas. No pueden existir otros profetas, y si alguien viniera a pronunciar palabras de muerte haciéndose pasar por mediador de Dios, morirá con sus palabras falsas.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 7,32-35)
Hermanos, quisiera que estuvieran libres de preocupaciones: el que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; el que está casado, en cambio, se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su esposa, y se encuentra dividido. Así, la mujer no casada, como la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, para ser santa en el cuerpo y en el espíritu; la mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para su bien: no para ponerles una trampa, sino para que se comporten dignamente y permanezcan fieles al Señor, sin desviaciones. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Aquí parece que san Pablo prefiere la condición de la virginidad a la del matrimonio. De la virgen, en efecto, dice que vive enteramente para Dios, para agradarle solo a Él, mientras que la mujer casada (y también el marido, evidentemente), al tener que agradar tanto a Dios como al cónyuge, se encuentra dividida, porque para agradar a su marido también debe preocuparse de las cosas del mundo. ¿Cómo son las cosas? Hablando objetivamente, la condición virginal facilita la espiritualidad, porque permite no tener que preocuparse demasiado por la materialidad de la vida y dedicarse solo a Dios, pero subjetivamente la santidad no depende del estado de vida, sino de la caridad. Por tanto, una mujer casada puede ser mucho más santa que una monja de clausura si vive mejor que ella la entrega plena a Dios, aunque esté inmersa en la realidad de la familia. Es más, una vocación puede ayudar a la otra: la monja será un ejemplo para los casados respecto a la primacía de Dios, y la mujer casada ayudará a la virgen consagrada a superar los pequeños cierres interiores, dándole ejemplo de una vida totalmente entregada.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,21-28)
En aquel tiempo, Jesús entró el sábado en la sinagoga [de Cafarnaúm] y se puso a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro, que se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó severamente: «¡Cállate! ¡Sal de él!». El espíritu impuro, sacudiéndolo violentamente y dando un fuerte grito, salió de él. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva, expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus impuros y le obedecen». Su fama se extendió inmediatamente por todas partes, en toda la región de Galilea. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El inicio de la vida pública de Jesús fue la irrupción de un poder extraordinario en el tiempo y en la historia. Curaba a los enfermos en un solo instante, con un simple acto de su voluntad; expulsaba a los demonios con la fuerza de su palabra; dominaba los vientos y los mares; hablaba con autoridad. No es de extrañar que todos acudieran a Él para conocerlo, ser curados y aprender las cosas nuevas que enseñaba. Hacía falta este comienzo para “despertar” a los hombres adormecidos y perezosos. Pero con los hombres también se despertaron los demonios, que al verlo se agitaban y gritaban. Al leer el Evangelio, sorprende cuántos endemoniados había entonces en Palestina: ¡casi en cada página aparece uno! En realidad, los demonios no acudieron todos a Palestina en tiempos de Cristo, sino que fue su presencia la que manifestó a los que ya estaban allí. Donde llega la luz, las tinieblas declaran su derrota; donde está Jesús, el demonio ya no logra permanecer oculto. Esto es siempre verdad. La prueba de la existencia del diablo, también hoy, no son los exorcistas, sino los santos: donde hay un santo, el demonio no resiste; intenta vencerlo, pero no lo consigue, y al final tiene que marcharse.


