liturgia della domenica 28 marzo 2021

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo – 28 de marzo de 2021

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor (B)
2.ª sem. salt.

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra”, marzo-abril de 2021.

El Domingo de Ramos o de la Pasión del Señor marca el solemne inicio de la Semana Santa, en la que celebraremos los últimos días de la vida terrena de Jesús hasta su resurrección. Dos son los símbolos de este domingo: las palmas y la cruz. Están estrechamente unidos entre sí, ya que indican lo mismo: la vida entregada, la salvación y la resurrección. El Evangelio del Domingo de Ramos nos propone la lectura dialogada del relato de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según Marcos; el recuerdo de este acontecimiento central para nuestra fe merece toda nuestra atención y se convierte en una ocasión propicia para renovar el propósito y el compromiso de tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 50,4-7)
El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa dirigir una palabra al abatido. Cada mañana despierta mi oído para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no me he resistido, no me he echado atrás. Ofrecí mi espalda a los que me azotaban, mis mejillas a quienes me arrancaban la barba; no aparté mi rostro de los insultos y los escupitajos. El Señor Dios me ayuda, por eso no quedo avergonzado, por eso mantengo mi rostro firme como una piedra, sabiendo que no quedaré confundido. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

La palabra de Dios de hoy, Domingo de Ramos, nos introduce en una aparente contradicción: ¿cómo es posible dirigir una palabra al abatido, si nosotros mismos somos azotados? La clave está en la bellísima expresión: «El Señor Dios me ayuda». San Pablo dirá: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?». Si estamos realmente seguros de que Dios está a nuestro lado, si le permitimos permanecer allí, nuestra existencia se transforma totalmente. Desaparecen los miedos inútiles y la única preocupación es ser fieles a la voluntad de Dios, hasta la cruz… y la resurrección. También es interesante subrayar que la verdadera lengua que convierte, que Dios puede hacer “suya”, no es la del maestro o la del sabio, sino la del discípulo, aquel que adopta una profunda actitud de recepción y escucha. Dando un paso más en la profundización, san Francisco de Sales decía que «la boca habla solo a los oídos, pero el corazón habla al corazón».


SEGUNDA LECTURA

De la carta de san Pablo apóstol a los Filipenses (Flp 2,6-11)
Cristo Jesús, siendo de condición divina, no consideró un privilegio ser como Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y, reconocido por su aspecto como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le concedió el Nombre sobre todo nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame: «Jesucristo es Señor», para gloria de Dios Padre. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Todos sentimos profundamente la necesidad de reconocimiento; pero basamos nuestras decisiones en reconocimientos pasajeros, efímeros (duran un solo día y después desaparecen), o intentamos preguntarnos, tanto en los momentos decisivos de nuestra vida como en las pequeñas decisiones que tomamos a diario: «Jesús, ¿qué piensa de esta decisión mía? ¿Qué haría Jesús si estuviera en mi lugar?». El Domingo de Ramos nos recuerda que la kénosis (abajamiento) de Dios no es una derrota, sino su manera de amar y de ponerse al servicio. En primer lugar dentro de la misma Trinidad, y después con respecto a nosotros, los hombres. Lo que nos permite entrar en la misma sintonía de Jesús, en resonancia con Dios, es precisamente la obediencia: no es una prerrogativa de los consagrados, sino que pertenece a todo discípulo de Cristo. ¿Qué significa, para un marido, obedecer a su esposa? Y, para una esposa, ¿qué representa la docilidad a Dios mediante la escucha del marido? ¿Se puede ser un padre o una madre obediente? ¿Y unos hijos dóciles y disponibles (más allá de las banalidades y los lugares comunes)? Además, los dones que tenemos, precisamente porque son dones gratuitos a los que solo hemos colaborado, implican una dimensión de servicio.


EVANGELIO DEL DÍA

(Indicaciones para la lectura dialogada: ✠ = Jesús; C = Cronista; D = Discípulos y amigos; F = Multitud; A = Otros personajes).
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según Marcos (Mc 14,1 – 15,47)

Buscaban la manera de apoderarse de él para matarlo
C
Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos, y los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de capturar a Jesús con engaño para darle muerte. Pues decían: A «No durante la fiesta, para que no haya una revuelta del pueblo».

Ha ungido de antemano mi cuerpo para la sepultura
C
Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. Mientras estaba a la mesa, llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de perfume de nardo puro, de mucho valor. Rompió el frasco de alabastro y derramó el perfume sobre su cabeza. Algunos se indignaron: A «¿Por qué este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios y habérselos dado a los pobres». C Y estaban irritados contra ella. Pero Jesús dijo: ✠ «Dejadla; ¿por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí. A los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a ungir mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se hablará también de lo que esta ha hecho, para memoria suya».

Prometieron a Judas Iscariote darle dinero
C
Judas Iscariote, uno de los Doce, se dirigió a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba una ocasión propicia para entregarlo.

¿Dónde está mi sala, en la que pueda comer la Pascua con mis discípulos?
C
El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus discípulos le dijeron: D «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». C Entonces envió a dos de sus discípulos y les dijo: ✠ «Id a la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está mi sala, en la que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada y dispuesta. Preparadla allí para nosotros». C Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros, el que come conmigo, me traicionará
C
Al atardecer llegó Jesús con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo, Jesús les dijo: ✠ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo». C Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: D «¿Seré yo?». C Respondió: ✠ «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado!; ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre de la alianza
C
Mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: ✠ «Tomad, esto es mi cuerpo». C Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: ✠ «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres
C
Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo: ✠ «Todos os escandalizaréis, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. Pero, después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea». C Pedro le replicó: D «Aunque todos se escandalicen, yo no». C Jesús le dice: ✠ «En verdad te digo que tú hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres». C Pero él insistía: D «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». C Y los demás decían lo mismo.

Comenzó a sentir espanto y angustia
C
Llegaron a una finca que se llama Getsemaní y dijo a sus discípulos: ✠ «Sentaos aquí mientras voy a orar». C Se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y empezó a sentir espanto y angustia. Les dijo: ✠ «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad». C Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora. Y decía: ✠ «¡Abba! Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieres». C Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: ✠ «Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil». C De nuevo se apartó y oró, repitiendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, porque sus ojos se les cerraban, y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: ✠ «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Mirad, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Prendedlo y conducidlo bien custodiado
C
Enseguida, mientras aún estaba hablando, se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: D «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien custodiado». C En cuanto llegó, se acercó y le dijo: D «¡Rabbí!» C Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes sacó la espada, le dio un tajo al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja. Jesús tomó la palabra y les dijo: ✠ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido? A diario estaba con vosotros enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero que se cumplan las Escrituras». C Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía un muchacho envuelto solo en una sábana; y le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?
C
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos hasta el interior del palacio del sumo sacerdote y se sentó con los criados a la lumbre. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban falso testimonio contra él: A «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por manos humanas, y en tres días construiré otro no edificado por manos humanas”». C Pero ni siquiera en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio de la asamblea y preguntó a Jesús: A «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?». C Él permanecía en silencio y no respondía. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: A «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?». C Jesús contestó: ✠ «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y venir entre las nubes del cielo». C El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dijo: A «¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». C Todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, le daban bofetadas y le decían: F «¡Profetiza!». C Y los criados le daban puñetazos.

No conozco a ese hombre del que habláis
C
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una de las criadas del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: A «También tú estabas con el Nazareno, con Jesús». C Él lo negó, diciendo: D «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir». C Salió fuera, al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes: A «Este es uno de ellos». C Pero él volvió a negarlo. Poco después, también los presentes dijeron a Pedro: A «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo». C Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar: D «No conozco a ese hombre del que habláis». C Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres». Y rompió a llorar.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C
Y enseguida, [por la mañana, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín, después de reunirse, ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: A «¿Eres tú el rey de los judíos?». C Él respondió: ✠ «Tú lo dices». C Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: A «¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan». C Jesús no respondió más, de modo que Pilato estaba sorprendido. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre. Pilato les contestó: A «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?». C Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que les soltase más bien a Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: A «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?». C Ellos gritaron de nuevo: F «¡Crucifícalo!». C Pilato les dijo: A «Pues, ¿qué mal ha hecho?». C Ellos gritaron más fuerte: F «¡Crucifícalo!». C Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le ciñeron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza
C
Los soldados lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le ciñeron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza. Y le dirigían este saludo: F «¡Salve, rey de los judíos!». C Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota
C
Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota, que quiere decir lugar de «la Calavera», y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó.

Crucificaron con él a dos bandidos
C
Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver qué se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

Ha salvado a otros y a sí mismo no se puede salvar
C
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: F «¡Anda!, tú que destruyes el templo y lo construyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz». C De igual modo, también los sumos sacerdotes, con los escribas, se burlaban de él y decían: A «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. El Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos». C También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C Al mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús clamó con voz potente: ✠ «Eloí, Eloí, lemá sabaqtaní?», C que significa: ✠ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». C Algunos de los presentes, al oírlo, decían: A «Mira, está llamando a Elías». C Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le daba de beber diciendo: A «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo». C Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

(Aquí se arrodillan y se hace una breve pausa)

C El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: A «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».] C Había también unas mujeres que miraban desde lejos, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé, que, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

José hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro
C Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, José de Arimatea, miembro respetable del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios, se presentó con valentía ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamado al centurión, le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó a Jesús de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

«Buscaban la manera de capturar a Jesús con engaño para darle muerte». Escribas y fariseos buscan la muerte de Jesús. Yo, real, profunda y conscientemente… ¿qué busco? ¿A quién busco? «Tu rostro buscaré, Señor»: quién sabe cuántas veces aquella gente había rezado dirigiéndose a Dios con estas palabras; sin embargo, cuando se encuentran ante el verdadero hombre y verdadero Dios, buscan su trágico final porque no corresponde a sus esquemas. Deseemos una Semana Santa de búsqueda auténtica de Dios. Mejor dicho: dejémonos buscar y encontrar por Dios, que nunca se cansa de ponerse en camino, de salir verdaderamente… a nuestro favor. Su búsqueda es opuesta a la de sus perseguidores; Dios busca hacerse amar libremente, no por obligación, y por eso acepta también el drama, el riesgo de la cruz. Sabemos que la cruz no será la última palabra, sino un instrumento terrible y doloroso a favor de nuestra salvación. El Sábado Santo, como en los antiguos iconos bizantinos, los instrumentos de la pasión se convertirán en llaves para abrir las puertas de los infiernos: la salvación de cada hombre que se abre a la salvación. Del Domingo de Ramos al Domingo de Pascua: de una exaltación a la verdadera victoria de Jesús sobre el mal y la muerte.


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