Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» noviembre-diciembre
1.er domingo de Adviento (C)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Jeremías (Jr 33,14-16)
Esto es lo que dice el Señor: «Llegarán días en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar para David un vástago legítimo, que practicará la justicia y el derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “Señor-nuestra-justicia”». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Dios es fiel y mantiene las promesas hechas a los padres. En la primera lectura de hoy resuena con fuerza la invitación de Jeremías, el profeta de alma delicada y amante de la paz, enviado sin embargo a luchar contra todo y contra todos; su mensaje es una llamada a poner nuestra esperanza en Dios y no en el poderoso de turno. Esta palabra llena de luz resuena en el corazón del pueblo que se encuentra en el exilio por no haber sabido vivir en la justicia ni haber dado a Dios su lugar como único Señor, al haber buscado, en cambio, seguridad y apoyo en los ídolos. El exilio no tendrá la última palabra: Dios quiere vincularse a su pueblo con un compromiso nuevo y más fuerte. Él mismo será la justicia de su pueblo: Jerusalén será llamada «Señor-nuestra-justicia». Dejemos también nosotros de lado la ilusión de una justicia propia, de poder bastarnos a nosotros mismos. La promesa se cumple en Jesús: él es verdaderamente nuestra justicia y en él podemos presentarnos ante el Padre, fortalecidos no por una justicia nuestra, sino por la suya. Que el tiempo de Adviento que comienza sea para cada uno el tiempo de la esperanza, la virtud teologal que hace presente a Dios en el corazón que lo acoge.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1 Tes 3,12 - 4,2)
Hermanos, que el Señor os haga crecer y abundar en el amor mutuo y hacia todos, como nosotros os amamos, para que conservéis vuestros corazones firmes e irreprochables en la santidad ante Dios, nuestro Padre, cuando venga nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios, y así lo hacéis; pues seguid progresando. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La sentida invitación de Pablo hace referencia a la segunda «venida» del Señor Jesús y, ante ese acontecimiento, ruega y suplica a los tesalonicenses que mantengan firmes e irreprochables sus corazones en la santidad, recibida como don mediante el Bautismo. La santidad es la vida misma de Dios; podríamos decir que es aquello por lo que Dios es Dios. Por tanto, estamos llamados a revestirnos de la santidad de Dios, de su vida divina. La moral cristiana, antes que por normas, se rige por la persona de Jesús. «No se comienza a ser cristiano -nos recordó Benedicto XVI en la encíclica Deus Caritas est- por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da a la vida un nuevo horizonte y, con ello, la dirección decisiva» (1). Estamos llamados a la santidad para convertirnos nosotros mismos en «hijos en el Hijo, imagen y semejanza del Padre». ¡En marcha, pues! La vida cristiana es un camino de seguimiento para «agradar a Dios»; además, sabemos que quien ama busca agradar al amado, y el agrado del amado: al hacerlo, el amado se convierte en la vida de quien ama y los dos llegan a ser uno solo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 21,25-28.34-36)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las preocupaciones de la vida, y se os eche encima aquel día de improviso, porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
¿Qué significa para nosotros esperar al Señor? Muchos creen que el encuentro con el Señor ocurre solo en el momento de nuestra muerte, cuando en realidad el Señor viene siempre, viene ahora y por eso vendrá también mañana y por toda la eternidad. Se nos concede vivir la sorpresa continua del encuentro con el Señor. Por este motivo, lo primero que se impone es la vigilancia, es decir, una atención viva al Señor. Si es verdad que el Señor viene siempre, a menudo, sin embargo, no se produce ningún encuentro, porque vivimos distraídamente y permitimos que las cosas de este mundo nos hagan indisponibles para encontrarnos con él. El tiempo de Adviento, que comienza, vuelve para educarnos en esta venida del Señor. Es un tiempo interesante, porque nos enseña a salir al encuentro del Señor, para vivir después este siempre cada día del año. La vida cristiana, a menudo confundida con el compromiso de hacer cosas, es principalmente esta venida de Dios al alma. Por eso es importante que el corazón no se embote y que los ojos permanezcan abiertos para no dormirnos ante las cosas de Dios. Comprometámonos en este Adviento a vivir un verdadero ejercicio de recogimiento para acoger y custodiar la gran Presencia.

