liturgia della domenica 29 dicembre 2024

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 29 de diciembre de 2024

Sagrada Familia de Jesús, María y José

Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2024

Sagrada Familia de Jesús, María y José (f) (C)
propia


PRIMERA LECTURA

Del primer libro de Samuel (1Sam 1,20-22.24-28)
Al cabo del año, Ana concibió y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, «porque -decía- se lo he pedido al Señor». Cuando Elcaná subió con toda su familia para ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir su voto, Ana no subió, porque dijo a su marido: «No iré hasta que el niño haya sido destetado y yo pueda llevarlo a ver el rostro del Señor; después se quedará allí para siempre». Después de destetarlo, lo llevó consigo, junto con un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, y lo introdujo en el templo del Señor en Silo; era todavía un niño. Inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí, y ella dijo: «Perdóname, señor mío. Por tu vida, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando al Señor. Por este niño oraba, y el Señor me concedió la gracia que le pedí. También yo se lo entrego al Señor: todos los días de su vida queda entregado al Señor». Y se postraron allí ante el Señor. -Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Elcaná y Ana habían recibido al hijo como un don y una gracia, porque Ana era estéril. Samuel es consagrado a Dios y, de hecho, su vida será fundamental para la historia de Israel: él recibe de Dios la orden de iniciar la monarquía, ungiendo primero a Saúl y luego a David; acudían a él para resolver las cuestiones más graves (el propio rey Saúl lo consultaba continuamente) y era como el juez, la voz de Dios para todo el pueblo. Alcanzó un gran prestigio y fue una figura intachable. Esto nos hace comprender cuán necesario e importante es dedicar la vida a Dios, cualquiera que sea la misión que él quiera confiarnos. Cabe señalar que a menudo las personas tan entregadas a él tienen detrás unos padres santos, que no consideran a sus hijos una propiedad privada y saben separarse de ellos incluso cuando todavía son niños (e podemos imaginar el dolor de las madres), porque saben que están destinados a grandes cosas para Dios. Esto nos enseña la primacía de Dios y a educar a los hijos para que sean libres de seguir su camino, sobre todo si es el Señor quien los llama. Los hijos son de Dios antes que nuestros.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Juan (1Jn 3,1-2.21-24)
Queridos hermanos, mirad qué amor tan grande nos ha dado el Padre para llamarnos hijos de Dios, ¡pues lo somos realmente! Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos, sin embargo, que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es. Queridos hermanos, si nuestro corazón no nos acusa, tenemos confianza en Dios, y cualquier cosa que pidamos, la recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, según el mandamiento que nos dio. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto conocemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado. -Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Juan reafirma que el mandamiento de Dios es que creamos en el Hijo y que nos amemos unos a otros. Las dos realidades están relacionadas, porque creer que Jesús es Dios significa acogerlo en nuestra vida y luego conformar todos nuestros actos a la caridad, porque Dios es amor. Los hijos reciben la misma naturaleza de sus padres, por lo que, si estamos en Cristo, también nosotros somos hijos por participación en el amor. En el fondo, si estamos en gracia de Dios, somos un misterio para nosotros mismos, porque mientras conservamos todos los aspectos humanos con sus respectivas debilidades, al mismo tiempo llevamos en nosotros un germen divino que nos eleva a una dimensión sobrenatural, que no era propia de los hombres antes del don del Espíritu Santo. Nos sentimos, por tanto, atraídos por dos mundos: por una parte, estamos orientados hacia el mundo y, por otra, hacia Dios. Este conflicto interior es permanente hasta que seamos liberados de nuestro cuerpo con la muerte. Y es bueno que sea así, porque, si somos hijos, nuestro deseo es reunirnos definitivamente con el Padre y vivir la vida del amor para la que fuimos creados.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,41-52)
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre. Pero, pasados aquellos días, cuando emprendieron el camino de regreso, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada de camino y luego se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en su busca. Después de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te buscábamos». Él les respondió: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les había dicho. Bajó con ellos, volvió a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. -Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

«Ocuparse de las cosas del Padre» significa poner las cosas de Dios por encima de todas las demás, incluso de los afectos naturales de la familia. Si tiene esta intención, la familia se realiza a sí misma, porque la Providencia divina ha querido la familia como célula fundamental de la vida de la humanidad. Desde siempre, Dios, creador y ordenador, ha pensado y querido para nosotros la familia: padre, madre e hijos, y la quiso hasta tal punto que la santificó cuando, al venir al mundo, vivió gran parte de su existencia en la familia de José y María. La primacía de Dios, en efecto, no destruye las cosas buenas que él ha querido: una vez que regresó a Nazaret, Jesús obedece en todo a sus padres, mientras estos viven conforme al orden querido por Dios. En la familia de Nazaret todos obedecen a todos. Jesús, humilde y dócil, está sometido a sus padres; María santísima escucha a su esposo, como José escucha a su esposa; él, que tiene en casa a la Reina del cielo y a Dios mismo en Cristo Jesús, vive únicamente para ellos, obedeciendo todos los deseos del Padre por su bien. Familia perfecta, porque pone a Dios en primer lugar.


Suscripción al Misalito
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