liturgia della domenica 29 gennaio 2023

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 5 min
Autore: Editrice Shalom

Cosa troverai in questo articolo?

Liturgia del domingo: 29 de enero de 2023

Cristo

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2023

4.º domingo del Tiempo Ordinario (A) 
4.ª sem. salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Sofonías (Sof 2,3;3,12-13)
Busquen al Señor todos ustedes, pobres de la tierra, que cumplen sus órdenes; busquen la justicia, busquen la humildad; quizá podrán encontrar refugio el día de la ira del Señor. «Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre». Confiará en el nombre del Señor el resto de Israel. Ya no cometerán iniquidad ni dirán mentiras; no se encontrará ya en su boca una lengua fraudulenta. Podrán pastar y descansar sin que nadie los moleste. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El profeta Sofonías lamenta la falta de fidelidad a Dios por parte de todo el pueblo. La gran potencia asirio-babilónica está a las puertas, a punto de invadir Israel; el templo será destruido y todo el pueblo será deportado lejos. Estamos en vísperas de estos acontecimientos, pero el profeta anuncia que no todo será desastroso y que permanecerá una pequeña porción de fieles a Dios. El castigo será, por tanto, una especie de criba o, mejor dicho, de purificación general. Permanecerá con vida un pequeño resto fiel: los humildes y los pobres. Así sucede siempre en la historia, cuando hay que comenzar de nuevo, después de períodos de infidelidad; no son los grandes y poderosos quienes vuelven a poner orden en las cosas, sino los últimos, aquellos que no tienen otra esperanza sino en Dios, que tienen como única fuerza su fe. El tema del “pequeño resto fiel” sigue siendo siempre actual. En los momentos en que parece que toda la humanidad pierde la razón, la fe y, por tanto, también la paz, debemos saber que la salvación de Dios se realiza gracias a los puros de corazón, a las personas ocultas a los ojos del mundo, pero ricas en una gran fe.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta de san Pablo apóstol a los Corintios  (1Cor 1,26-31)
Consideren su llamamiento, hermanos: no hay entre ustedes muchos sabios desde el punto de vista humano, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Más bien, lo que es necio para el mundo, Dios lo escogió para confundir a los sabios; lo que es débil para el mundo, Dios lo escogió para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciado para el mundo, lo que no es nada, Dios lo escogió para reducir a nada lo que existe, para que nadie pueda presumir delante de Dios. Gracias a él ustedes están en Cristo Jesús, quien se convirtió para nosotros en sabiduría por obra de Dios, en justicia, santificación y redención, para que, como está escrito, quien se gloría, que se gloríe en el Señor. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Las cosas, en el reino de Dios y en el mundo cuyo príncipe es Satanás, funcionan exactamente al revés. En el mundo se busca la gloria, el poder, el honor y la riqueza humana, para estar lo mejor posible, y no importa si los demás están mal o sufren. En el reino de Dios, en cambio, se busca su gloria, se vive para él, realizando nuestro verdadero bien al entregarnos a los demás y encontrando el sentido de la existencia en hacer felices a los demás. Y, sin embargo, también nosotros debemos vivir en el mundo, hostil a las cosas de Dios. ¿Qué hacer? ¿Cómo “conquistar” el corazón de los hermanos? San Pablo nos da la receta: permaneciendo pequeños, humildes, pobres, porque quien toca los corazones no somos nosotros, sino el Espíritu Santo; quien convence no somos nosotros, sino el poder de Dios; quien actúa no somos nosotros, sino la gracia divina. Nosotros somos como canales de comunicación, puentes colocados entre dos orillas y, si el Espíritu de Dios está en nosotros, entonces actuará precisamente a través de nuestra pequeñez. «Encuentra la paz del corazón -decía san Serafín de Sarov- y mil personas a tu alrededor se salvarán».


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Mateo (Mt 5,1-12a)
En aquel tiempo, al ver a la multitud, Jesús subió al monte: se sentó y sus discípulos se acercaron a él. Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados ustedes cuando los insulten, los persigan y, mintiendo, digan toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque grande será su recompensa en los cielos». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Dios es Padre y quiere que sus hijos sean felices. Esto también es propio de la naturaleza humana: ¿qué padre no desea ver feliz a su hijo? El Señor no quiere nuestra tristeza, sino nuestra alegría, no solo en el Paraíso, después de la muerte, sino también en esta tierra, porque entre la gracia y la gloria hay continuidad. Pero ¿cuál es la felicidad del ser humano aquí, en la realidad terrena? ¿Quizá la posesión, la acumulación, el prestigio? No, es ser criaturas nuevas, completamente proyectadas hacia la gloria de Dios, con pobreza y mansedumbre; es simplemente vivir para Dios y para los demás, aunque del mundo recibamos persecuciones. Esta página del Evangelio es, en cierto modo, la tarjeta de identidad del cristiano. Conozco a una persona que todas las mañanas, antes de salir de casa, repite en voz alta, una tras otra, todas estas bienaventuranzas, para afrontar su día tratando de ser pobre, manso, constructor de paz, puro de corazón… Pues bien, ¡este señor es una persona feliz! Y si le preguntan por qué, ni siquiera él lo sabe. Pero la respuesta está escrita en esta página del Evangelio: aunque tenga dificultades, como todos, o los diversos sufrimientos de la vida, es bienaventurado, porque tiene paz en el corazón y es cristiano.


Suscripción al Misal
Suscripción al Misal
Liturgia del domingo: 29 de enero de 2023

Cosa troverai in questo articolo?