Textos extraídos del Misal «En tu Palabra» mayo-junio de 2025
Santos Pedro y Pablo, apóstoles (s)
propia
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 12,1-11)
En aquel tiempo, el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Mandó matar a Santiago, hermano de Juan, a espada. Al ver que esto agradaba a los judíos, mandó arrestar también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel y lo entregó a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, con la intención de presentarlo ante el pueblo después de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. En aquella noche, cuando Herodes iba a presentarlo ante el pueblo, Pedro, custodiado por dos soldados y atado con dos cadenas, dormía, mientras los centinelas vigilaban la cárcel delante de las puertas. De pronto, se presentó un ángel del Señor y una luz resplandeció en la celda. Tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «¡Levántate, deprisa!». Y las cadenas se le cayeron de las manos. El ángel le dijo: «Ponte el cinturón y átate las sandalias». Así lo hizo. El ángel le dijo: «Ponte el manto y sígueme». Pedro salió y lo siguió, sin darse cuenta de que era real lo que estaba sucediendo por obra del ángel; creía, en cambio, que estaba viendo una visión. Atravesaron el primer puesto de guardia y el segundo, y llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad; la puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron, recorrieron una calle y, de pronto, el ángel se alejó de él. Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel y me ha librado de la mano de Herodes y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
En la Iglesia hay diversas formas de evangelización y de servicio. El joven Santiago de Zebedeo, que había seguido a Jesús en Galilea desde los primeros tiempos, dejando la barca y las redes, fue apresado y asesinado sin motivo alguno por el rey Herodes. Probablemente Pedro está a punto de correr la misma suerte, pero en este caso el cielo se inclina sobre él y un ángel lo saca de la prisión: no debe permanecer encarcelado, porque la Iglesia lo necesita. ¿Acaso Santiago sufrió un destino «peor» que el de Pedro? De ningún modo, pero tanto el martirio como el gobierno ordinario son dos formas distintas que persiguen el mismo fin: dar gloria a Dios y servirlo en la Iglesia. Pedro también morirá mártir, pero en ese momento debe desempeñar otras tareas, por lo que tiene que recuperar la libertad. Dejémonos guiar por el Espíritu Santo. A algunos de nosotros la providencia puede pedirnos que seamos papas u obispos; a otros, que se santifiquen en el matrimonio o en el mundo laboral; y a otros, que tengan paciencia en la prueba o en la enfermedad. Todo tiene el mismo gran valor; basta con hacer sencillamente lo que pide el Espíritu y hacerlo con entusiasmo y amor.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2 Tim 4,6-8.17-18)
Hijo mío, yo estoy a punto de ser derramado en libación y ha llegado el momento de que abandone esta vida. He combatido el buen combate, he terminado la carrera, he conservado la fe. Ahora me espera solamente la corona de la justicia que el Señor, el justo juez, me entregará aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que han esperado con amor su manifestación. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que pudiera llevar a término el anuncio del Evangelio y todos los pueblos lo escucharan; y así fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me llevará a salvo a los cielos, a su reino; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Pablo sabe que está a punto de ser martirizado. No se trata simplemente de un anciano que sabe que debe morir tarde o temprano, sino de alguien que está a punto de ser decapitado. El momento de hacer balance, por tanto, llega ante la muerte inminente, vista no como un fin, sino como una culminación. San Pablo, mientras está a punto de enfrentarse a un martirio cruento, dice que el Señor le dará a cambio una corona. Casi parece que haya una sutil ironía en esta frase, pero lo que importa es que el apóstol se dispone a encontrarse finalmente con el Señor para siempre. Exhorta a todos a permanecer fieles, porque ha constatado que su vida de apóstol, aunque estuvo llena de peligros, fue hermosa y los diversos «leones» que habían amenazado continuamente su obra, al final no lograron vencerla. Todo en Pablo es acción de gracias, y también en las palabras de despedida de Timoteo no pierde ocasión de volver a dar gracias. Al despedirse de su fiel discípulo escribe: «El Señor me llevará a salvo a los cielos»; está seguro de ello porque conoce el poder de la gracia del Señor Jesús, a quien amó profundamente con todo su ser.
EVANGELIO
Del Evangelio según san Mateo (Mt 16,13-19)
En aquel tiempo, al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: «La gente, ¿quién dice que es el Hijo del hombre?». Ellos respondieron: «Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la vencerá. Te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
Que Jesús haga depender la salvación eterna de cada uno de un hombre resulta increíble. «Dar las llaves» significa que esa persona decidirá a quién dejar entrar y a quién mantener fuera. Sabemos que el único Señor y juez de vivos y muertos es nuestro Señor Jesucristo y, entonces, ¿qué tiene que ver Pedro? El Señor confiere las llaves a Pedro porque quiso dejar en el mundo su Iglesia, para que todos los hombres de la tierra recorrieran el camino de la fe. Es la Iglesia la que garantiza los sacramentos, es la Iglesia la que lleva el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es la Iglesia la que dispensa el perdón de los pecados… De generación en generación, la Iglesia está en el mundo para hacer presente al Señor Jesús, que siempre está con nosotros. Ciertamente, el «signo» de la Iglesia es visible, pero el Señor quiso precisamente que fuera así: que la Iglesia no fuera solo una realidad espiritual, sino también visible. Luego, los papas, los obispos, los sacerdotes, las estructuras, etcétera, no siempre serán agradables ni sumamente eficaces, pero es necesario pasar por este gran sacramento que es la Iglesia para entrar en el reino de los cielos. Ciertamente, el Señor tiene muchos medios para salvar las almas, pero eso no quita que las llaves estén en manos de Pedro.
