liturgia della domenica 3

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 5 min
Autore: Editrice Shalom

Cosa troverai in questo articolo?

Liturgia del domingo

domingo 6 de diciembre

6 de diciembre de 2020

Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» – noviembre diciembre de 2020

2.º domingo de Adviento (B)
2.ª sem. salt.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 40,1-5.9-11)
«Consuelen, consuelen a mi pueblo -dice su Dios-. Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio ha terminado, que su culpa ha sido expiada, porque ha recibido de la mano del Señor doble paga por todos sus pecados». Una voz grita: «En el desierto preparen el camino del Señor, allanen en la estepa la calzada para nuestro Dios. Que todo valle sea elevado, y todo monte y colina, rebajados; que lo escabroso se vuelva llano y lo abrupto, una llanura. Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres juntos la verán, porque ha hablado la boca del Señor». Súbete a un monte elevado, tú que anuncias buenas noticias a Sion; alza con fuerza tu voz, tú que anuncias buenas noticias a Jerusalén. Álzala, no temas; di a las ciudades de Judá: «¡Aquí está su Dios! ¡Aquí está el Señor Dios! Viene con poder, su brazo manda. Miren, viene con él su salario y su recompensa lo precede. Como un pastor apacienta su rebaño, con su brazo lo reúne; lleva en brazos a los corderos y conduce con ternura a las ovejas madres». - Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

La verdadera «consolación» ha llegado. Basta de esconderse. Gritemos desde los tejados, los balcones, las terrazas de las casas y las montañas más altas que está a punto de nacer el Señor de la vida y de la historia. En la lectura de hoy, esta actitud recíproca (dejarse consolar por Dios y brindar consolación en nombre de Dios) se convierte en un imperativo que hay que repetir hasta el agotamiento: «Consuelen, consuelen…». Una vez más, el texto sagrado nos recuerda la absoluta insuficiencia de las buenas ideas abandonadas a sí mismas: hace falta concreción, padecer, sufrir, sentir la gravedad de nuestra situación -sobre todo espiritual- para poder recibir un anuncio que no toque solo el cerebro, sino que penetre directamente en el corazón como una flecha. Nuestra vida es, casi inevitablemente, inestable, entre altibajos, alegrías y dolores, penosas subidas y (de vez en cuando) algún descenso vertiginoso, pero hoy, precisamente en el momento en que leemos esta frase, estamos llamados a preparar el camino al Señor de nuestra vida. Este camino de renovación parte de nuestra alma, pero, cuando esté colmada de alegría, deberá desbordarse en el anuncio y el testimonio.


SEGUNDA LECTURA

De la segunda carta del apóstol san Pedro (2 Pe 3,8-14)
Una cosa no deben perder de vista, queridos hermanos: para el Señor un día es como mil años y mil años como un solo día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, aunque algunos hablen de lentitud. Más bien tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos tengan la oportunidad de arrepentirse. El día del Señor llegará como un ladrón; entonces los cielos desaparecerán con gran estruendo, los elementos, consumidos por el calor, se disolverán y la tierra, con todas sus obras, será destruida. Puesto que todas estas cosas han de terminar así, ¡cómo deben vivir ustedes en santidad de conducta y piedad, mientras esperan y apresuran la venida del día de Dios, en el cual los cielos en llamas se disolverán y los elementos incendiados se derretirán! Nosotros, conforme a su promesa, esperamos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que habita la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense por que Dios los encuentre en paz, sin culpa y sin mancha. - Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

En esta carta, el apóstol Pedro afirma que el Señor «tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos tengan la oportunidad de arrepentirse». Él vino en la plenitud de los tiempos, nos preparamos para su venida en Navidad y vendrá en la gloria precisamente para salvar a cada ser humano, porque no se resigna a perder a nadie. También se dice que «la tierra, con todas sus obras, será destruida», y así se perfila la diferencia entre la tierra y la humanidad: con el término «tierra», san Pedro se refiere a todo aquello que no es eterno. Pensemos en la concreción de nuestras existencias: cuántos enfados inútiles, carreras hacia el éxito y la última moda, remordimientos en los que nos atormentamos (y no hacemos nada para vencerlos), superficialidad, tiempo desperdiciado y no compartido con las personas que amamos. Lo que permanece es la auténtica humanidad-divinidad de cada instante que Jesús -Dios hecho hombre- nos permite vivir. El núcleo ardiente de lo que permanece es la fe, la esperanza y la caridad. Demos ya ahora prueba de «que pertenecemos al día, somos sobrios, revestidos con la coraza de la fe y la caridad, y llevando como casco la esperanza de la salvación» (1 Tes 5,8).


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,1-8)
Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en el profeta Isaías: «Mira, envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino. Voz del que grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos», apareció Juan, que bautizaba en el desierto y proclamaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él. Se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero alrededor de la cintura y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: «Después de mí viene el que es más fuerte que yo: yo no soy digno de agacharme para desatar las correas de sus sandalias. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo». - Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

«Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios»: esta es la buena noticia anunciada por Marcos. Es un «principio» que evoca la creación del mundo y, al mismo tiempo, sugiere una novedad de tal magnitud que resulta imposible medirla. Se define a sí mismo como un «evangelio», una buena noticia, gracias a la cual el mundo ya no es el mismo. En efecto, Jesús, a quien las personas a las que escribe Marcos pudieron haber conocido o del que pudieron haber oído hablar por testigos directos, es verdaderamente el Hijo de Dios. Esto será objeto de mucho debate, sobre todo al principio de la Iglesia, porque si el Jesús terreno no es absolutamente separable de Jesucristo, Hijo de Dios, entonces toda la humanidad es acogida -con él y gracias a él- en el seno del Padre. Vivir divinamente ya no es una tentación sugerida por la serpiente maligna, sino la verdadera vocación de todo hombre y toda mujer. Es necesario que «preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos». Jesús pregunta personalmente a cada uno de nosotros: «¿Quieres acogerme?». Mientras no respondamos a esta pregunta, tendrá poco sentido agitarnos para preparar luces y belenes. Bastaría un sencillo: «Sí, quiero acogerte», para verlo actuar y devolver la vida.


Suscripción al Misalito
Suscripción al Misalito
Liturgia del domingo

Cosa troverai in questo articolo?