liturgia della domenica 3 aprile 2022

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 3 de abril de 2022

Jesús piedra

Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2022

5.º domingo de Cuaresma (C)
1.ª sem. salt.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 43,16-21)
Esto dice el Señor, que abrió un camino en el mar y un sendero entre aguas impetuosas; que hizo salir carros y caballos, ejército y guerreros a la vez; yacían muertos, no volverán a levantarse, se apagaron como una mecha, se extinguieron: «No recuerden lo pasado, no piensen en lo antiguo. Miren, voy a hacer algo nuevo: ya está brotando, ¿no lo notan? Abriré un camino en el desierto, haré que corran ríos por la estepa. Me glorificarán las bestias del campo, los chacales y los avestruces, porque daré agua al desierto, ríos a la estepa, para apagar la sed de mi pueblo, de mi elegido. El pueblo que yo me formé proclamará mi alabanza». – Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

El pueblo deportado a Babilonia está a punto de salir y regresar finalmente a la Tierra Santa. El profeta imagina el camino de regreso como un nuevo éxodo, más hermoso aún. En el primer éxodo, Dios abre el mar Rojo y los egipcios quedan atrapados en él; en el segundo no hay acontecimientos catastróficos, sino más bien el camino del pueblo acompañado por una sinfonía de acontecimientos gloriosos: un camino que aparece en el desierto, ríos de agua que se forman en los terrenos áridos para llevar vida, avestruces y chacales que aplauden y cantan de alegría por el pueblo que regresa a Israel. Siempre, la vida de todos, también la nuestra, puede compararse con un éxodo: se sale de un lugar triste, se emprende el camino hacia la verdadera patria, se viaja por el desierto. Podemos decidir quejarnos siempre, como hicieron los judíos en el primer éxodo, o caminar alegres hacia la meta, confiados y llenos de ardor, porque Dios nos sostiene con muchos dones. Como si dijéramos: hay dos taxis, uno negro (donde siempre se refunfuña) y uno blanco, lleno de esperanza. Tú puedes decidir en cuál de los dos subir.


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (Flp 3,8-14)
Hermanos, considero que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo dejé todo y lo considero basura, con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, teniendo como justicia no la que procede de la Ley, sino la que viene de la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se funda en la fe: para conocerlo a él, el poder de su resurrección, la comunión con sus padecimientos, haciéndome semejante a su muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya alcanzado la meta o llegado a la perfección; pero sigo corriendo para conquistarla, porque yo también fui conquistado por Cristo Jesús. Hermanos, no creo haberla conquistado todavía. Solo sé esto: olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, al premio al que Dios nos llama desde lo alto, en Cristo Jesús. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Un canto de amor a Cristo tan lírico, profundo y apasionado es raro encontrarlo en el Nuevo Testamento. San Pablo es un gran apóstol, un misionero, un hombre de acción como pocos, pero también un gran místico. Estamos acostumbrados a pensar en los hombres espirituales como demacrados, silenciosos y pasivos. Leamos entonces el ardor de este grandioso corazón encendido: «He sido conquistado por Cristo… considero todo basura con tal de ganar a Cristo… Corro hacia la meta para estar siempre con él…». En efecto, toda acción en la Iglesia debe tener este impulso, como dirá siglos más tarde santa Teresa del Niño Jesús: sin el corazón que late, la sangre no llega a las periferias del cuerpo, y en el Cuerpo que es la Iglesia el corazón es el amor. No un amor cualquiera, genérico, que termina siendo débil y sin sustancia, sino el amor a la persona de Jesús. «Si tuviera que elegir entre la verdad y Cristo -escribe de modo paradójico y provocador Fiódor Dostoyevski-, elegiría a Cristo». Por supuesto, Cristo es la verdad, pero la expresión nos hace comprender que uno no se enamora de una verdad abstracta, sino de una persona: Jesús.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 8,1-11)
En aquel tiempo, Jesús se dirigió al monte de los Olivos. Por la mañana volvió al templo y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y los fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en medio y le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Ahora bien, Moisés, en la Ley, nos mandó apedrear a mujeres como esta. Tú, ¿qué dices?». Decían esto para ponerlo a prueba y tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo en la tierra. Como insistían en preguntarle, se levantó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». Y, volviendo a inclinarse, siguió escribiendo en la tierra. Al oírlo, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio. Entonces Jesús se levantó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno; vete y desde ahora no peques más». – Palabra del Señor. 

Comentario al Evangelio del día

Una mujer sorprendida en flagrante adulterio podía ser apedreada, según lo escrito en la ley de Moisés (Levítico, Éxodo). Sin embargo, esta pena capital no se aplicaba automáticamente: se valoraba cada caso y, en tiempos de Jesús, era más bien raro que se llegara a dictar una sentencia de muerte. Si Jesús hubiera respondido que había que matar a la mujer, lo habrían acusado de rigorismo arcaico; si, por el contrario, hubiera sentenciado que la dejaran libre, lo habrían acusado de enseñar preceptos contrarios a la Ley. Jesús ve los corazones, da la vuelta a la situación y… ¡sorpresa! Quienes acusan pasan a ser acusados a su vez en el tribunal de Dios: son los fariseos quienes están llenos de pecados. Jesús no absuelve a la pecadora: de hecho, dice que arrojen las piedras, pero antes de hacerlo deben sentirse «sin pecado». Al no poder admitir algo semejante, se retiran. Jesús es verdaderamente juez, pero no ha venido a condenar: está entre nosotros para absolver. Además, es necesario estar arrepentido. Los fariseos no parecen arrepentidos; la adúltera, a decir verdad, tampoco. La escena queda como suspendida… pero la sentencia es clara. Jesús es quien perdona, y desde la cruz esta será su palabra: «Padre, perdónalos».


Suscripción al Misalito
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Liturgia del domingo: 3 de abril de 2022

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