Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2024
31.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
3.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio (Dt 6,2-6)
Moisés habló al pueblo diciendo: «Teme al Señor, tu Dios, observando durante todos los días de tu vida, tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, todas sus leyes y todos sus mandamientos que yo te doy, y así se prolongarán tus días. Escucha, Israel, y cuida de ponerlos en práctica, para que seas feliz y llegues a ser muy numeroso en la tierra donde manan leche y miel, como el Señor, Dios de tus padres, te ha dicho. Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que hoy te mando estarán en tu corazón». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El amor a Dios se da a Israel como mandamiento. Pero ¿puede mandarse el amor? ¿No consiste precisamente su carácter en la plena y recíproca libertad? ¿Puedo dirigirme a una persona para ordenarle que me ame? Absolutamente no. Así, Dios es libre en el don de sí mismo y nosotros somos libres de responderle o no. Pero, como somos niños eternos, volubles y a veces caprichosos, el Señor, como un buen padre, nos pone en el camino. Nos dice que nuestra felicidad, el sentido de todo, el verdadero bien en cada cosa, consiste en el amor a él, y por eso insiste con un lenguaje benévolo, pero firme. Será el amor mismo el que se ponga a prueba, en el sentido de que, si obedecemos este mandamiento, comprenderemos por nosotros mismos que es mejor vivir en su amistad y con su protección que aislados y zarandeados por el mundo que, si reniega de Dios, está vacío y carece de sentido. Él nos pide el primer paso, el acto inicial de fe. Nos dice: ámame, acoge mi presencia divina y verás. Pon en marcha el amor y el amor florecerá.
SEGUNDA LECTURA
De la carta a los Hebreos (Heb 7,23-28)
Hermanos, [en la primera alianza] hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer durante mucho tiempo. Cristo, en cambio, como permanece para siempre, posee un sacerdocio que no pasa. Por eso puede salvar perfectamente a los que se acercan a Dios por medio de él: vive siempre para interceder en favor de ellos. Este es el sumo sacerdote que necesitábamos: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos. Él no necesita, como los sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo: lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. La Ley constituye sumos sacerdotes a hombres sujetos a debilidad; pero la palabra del juramento, posterior a la Ley, constituye sacerdote al Hijo, hecho perfecto para siempre. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Dios vive fuera del tiempo y del espacio, en una dimensión que por ahora desconocemos. Todo está presente para él; no está limitado por las estrechas redes de las dimensiones espacio-temporales. Por este motivo, la carta a los Hebreos nos dice que Jesús está siempre vivo e intercede siempre por nosotros; esto significa que en este momento él está pensando en nosotros, presentándonos ante el Padre como fruto de su pasión, y siempre suplica para nosotros el don del perdón de los pecados. Si también nosotros intentamos acercarnos a esta imagen de Cristo Sumo Sacerdote, entonces podemos sumergirnos en la actualidad de su acto redentor. Escribe Kierkegaard: «Nosotros los hombres pensamos que el hecho de la caída de Adán es algo muy, muy lejano y olvidado; ahora somos buenas personas. Pero para Dios el hecho de la caída de Adán ocurrió hoy». Vivir esta contemporaneidad nos ayuda a ver en las cosas que hacemos la presencia de Jesús Sumo Sacerdote; al comprender tal grandeza, nuestra alma se llena de asombro y gratitud.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 12,28b-34)
En aquel tiempo, se acercó a Jesús uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús respondió: «El primero es: “¡Escucha, Israel! El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento mayor que estos». El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, y con verdad has dicho que él es único y no hay otro fuera de él; amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, al ver que había respondido sabiamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El escriba pregunta a Jesús cuál es el primero de los mandamientos y él le responde con el mandamiento del amor. Dios es amor y, por tanto, existe un solo amor con dos rostros: el dirigido a Dios, por una parte, y el amor dirigido al prójimo, por otra. Quien ama siente la necesidad irrefrenable de querer el bien del otro y orienta toda su existencia hacia esta voluntad. No hay nada que hacer: estamos hechos para el amor y, si no amamos, nos condenamos nosotros mismos a la soledad. Sin embargo, permanece la prioridad: primero viene el amor a Dios y después, como consecuencia, el amor al prójimo, porque la fuerza que nos hace capaces de amar viene precisamente de Dios. Es interesante observar la última expresión de Jesús: no le dice al escriba que ha llegado a poseer el Reino de Dios, sino que no está lejos. Estar cerca de la meta no significa haber llegado a ella. Por tanto, no basta con saber; hay que ponerlo en práctica. Como si dijera: «Has recibido la respuesta, conoces el camino, ahora camina. Te toca a ti; tienes la dirección correcta, pero aún debes recorrer el último tramo». Así es también para nosotros hoy: lo tenemos todo, pero todavía debemos alcanzar la realización final. Ánimo y adelante.


