Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2023
4.º domingo de Pascua (A)
4.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,14a.36-41)
[El día de Pentecostés,] Pedro, de pie con los Once, levantó la voz y declaró: «Sepa, pues, con toda seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Mesías a ese Jesús a quien vosotros crucificasteis». Al oír esto, se les traspasó el corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?». Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor, nuestro Dios». Con muchas otras palabras dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El pasaje concluye el primer discurso de Pedro al pueblo. Una afirmación decidida del Apóstol resume toda la exposición anterior: «Dios ha constituido Señor y Mesías a ese Jesús a quien vosotros crucificasteis», es decir, ha dado su nombre divino -y, por tanto, su poder- precisamente a aquel a quien Israel rechazó y condenó a una muerte infame, considerando una blasfemia su pretensión de ser el Hijo de Dios, el Mesías. Las palabras de Pedro llegan al corazón de los presentes, mostrándoles la enormidad del mal cometido. En efecto, más cortante que una espada de doble filo, la palabra de Dios es enviada para discernir y salvar, no para condenar. La multitud percibe la gracia de aquella predicación y se abre a la fe. Pedro, conforme al mandato recibido del Resucitado, puede entonces invitar al arrepentimiento y al Bautismo «en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados». Sumergirse sacramentalmente en la persona del Crucificado-Resucitado significa hacer eficaz la salvación que él ha realizado. Por eso el Apóstol añade: «Recibiréis el don del Espíritu Santo», sello de la nueva vida en Cristo.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro (1 Pe 2,20b-25)
Queridos hermanos, si, haciendo el bien, soportáis con paciencia el sufrimiento, eso agrada a Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas: él no cometió pecado ni se encontró engaño en su boca; cuando lo insultaban, no respondía con insultos; cuando lo maltrataban, no profería amenazas de venganza, sino que se confiaba al que juzga justamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero de la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Por sus heridas fuisteis curados. Andabais errantes como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El Bautismo, al quitar el pecado original, da a quienes lo reciben la nueva identidad de hijos de Dios. Para caracterizar mejor esta transformación, Pedro utiliza términos muy precisos: los bautizados en la Iglesia son piedras vivas, raza elegida, sacerdocio real, nación santa. Sin embargo, tal «privilegio» exige adquirir una nueva mentalidad y una conducta de vida conforme a Cristo. Las diferencias de condición social o cultural pierden consistencia, porque todos los discípulos encuentran su unidad en Cristo y todos son igualmente «extranjeros y peregrinos» (1 Pe 2,11) en este mundo, todos igualmente servidores de Dios. Por eso Pedro ofrece como modelo al propio Jesús, quien, con paciencia y mansedumbre, carga sobre sí el pecado ajeno para destruirlo en su humanidad. Así, la humanidad queda liberada de la esclavitud del pecado y puede vivir «para la justicia», que es amor y misericordia. Con el Bautismo, el cristiano se convierte en miembro de Cristo y, por eso, está llamado a compartir su pasión para participar de su gloria en el cielo, junto con todos los hermanos cuya salvación habrá ayudado a alcanzar con su vida.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 10,1-10)
En aquel tiempo, Jesús dijo: «En verdad, en verdad os digo: quien no entra en el redil de las ovejas por la puerta, sino que entra por otro lado, es un ladrón y un bandido. Pero quien entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guardián, y las ovejas escuchan su voz; él llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. A un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La imagen del Buen Pastor es querida por muchos de nosotros. Nos enseña la ternura y el amor de Dios por cada ser humano. Pero, al mismo tiempo, nos transmite una invitación clara: salir. Llama la atención este pastor que empuja a las ovejas fuera del redil, haciéndolas pasar, una a una, por la puerta que es él mismo. Jesús es nuestra «salida segura», la única que nos muestra un camino exigente pero auténtico, una nueva dirección por la que vale la pena ponerse en marcha. El pastor camina delante de sus ovejas, que lo siguen libremente porque las llama por su nombre, es decir, conoce su vida. Todo esto sucede fuera del redil: amar significa salir al encuentro; amar significa arriesgarse a perder; pero amar nunca significará poseer, porque quien ama libera. ¡Salgamos fuera! Salgamos de nuestros rediles mentales, de nuestro egoísmo. Salgamos del miedo, de la oscuridad de la duda. Salgamos del dolor, de la tristeza y de la soledad. Salgamos, porque solo así podremos encontrarnos con el Pastor que vino entre nosotros para que los hombres «tengan vida y la tengan abundante». En abundancia significa que Dios quiere realmente excederse con nosotros. ¡No nos conformemos con sobrevivir, sino excedámonos en el amor!


