liturgia della domenica 30 maggio 2021

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 30 de mayo de 2021

Trinidad

Concluido el tiempo pascual, hemos retomado el tiempo ordinario.
En los próximos domingos haremos algunas pausas significativas y la primera de todas es la de hoy, en la que celebramos la Santísima Trinidad. Dios es Trinidad. Un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sobre la Trinidad, el Evangelio no ofrece fórmulas, sino el relato de la última misión confiada a los apóstoles. Bautizad a toda criatura en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La solemnidad litúrgica de la Trinidad, «mientras nos hace contemplar el estupendo misterio del que procedemos y hacia el cual caminamos, renueva en nosotros la misión de vivir la comunión con Dios y de vivir la comunión entre nosotros según el modelo de la comunión divina. Estamos llamados a vivir no los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, para los demás y en los demás» (Papa Francisco).

Santísima Trinidad (s) (B)
propia

Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2021


PRIMERA LECTURA

Del libro del Deuteronomio (Dt 4,32-34.39-40)
Moisés habló al pueblo diciendo: «Pregunta, pues, a los tiempos antiguos, anteriores a ti: desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra y de un extremo al otro de los cielos, ¿hubo alguna vez algo tan grande como esto y se oyó alguna vez algo semejante? ¿Que un pueblo haya oído la voz de Dios hablando desde el fuego, como la has oído tú, y haya permanecido vivo? ¿O ha intentado alguna vez un dios ir a elegirse una nación de en medio de otra con pruebas, signos, prodigios y batallas, con mano poderosa y brazo extendido y grandes terrores, como hizo por vosotros el Señor, vuestro Dios, en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita bien en tu corazón que el Señor es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra: no hay otro. Observa, pues, sus leyes y sus mandamientos que hoy te doy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti y para que permanezcas mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre». Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

«Reconoce, pues, hoy y medita bien en tu corazón que el Señor es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra: no hay otro». Un único Dios al que conocer de manera experiencial y sobre el que meditar largamente. Es precisamente la única divinidad en el cielo y en la tierra, está entre las personas y las cosas con las que nos relacionamos cada día y también es todo aquello que percibimos como superior a nosotros. ¡Pero cuántos falsos ídolos ha tenido el pueblo de Israel! ¿Cuáles son los ídolos de pacotilla de nuestra época? Cuántas veces las personas se comportan como aparentemente superiores solo porque son fragilísimas por dentro, profundamente inseguras e infelices: entonces sienten la irresistible necesidad de subirse al pedestal del éxito, de la riqueza, de las apariencias, de los coches llamativos, de la “colección” de numerosas conquistas masculinas o femeninas de las que presumir con los amigos… Mira y contempla, en cambio, la serenidad, la luz de los ojos, el rostro relajado de tantos jóvenes que han elegido la generosidad, la oración, la castidad; mira y contempla la alegría profunda de papás y mamás que se han sacrificado para estar realmente al servicio: «Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21).


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 8,14-17)
Hermanos, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor, sino que habéis recibido el Espíritu que os hace hijos adoptivos, por medio del cual clamamos: «¡Abbá! ¡Padre!». El Espíritu mismo, junto con nuestro espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si verdaderamente participamos de sus sufrimientos para participar también de su gloria. Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

«El Espíritu mismo, junto con nuestro espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si verdaderamente participamos de sus sufrimientos para participar también de su gloria». En este pasaje de la carta a los Romanos se habla de la Trinidad entera. Se nos dice de qué manera el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan en nosotros, los seres humanos. Somos hijos, somos herederos con Cristo Señor. No basta con decirlo con la voz; san Pablo es clarísimo al indicarnos ante todo la vida en los sufrimientos de Cristo, que nos lleva a vivir con él su gloria divina. Cuántas veces he oído decir, ante familias desestructuradas y sus hijos: ¿cómo harán estas pobres criaturas para invocar a Dios como Padre, para rezar el padrenuestro? Una pregunta perfectamente legítima, partiendo de lo más bajo. Pero la Sagrada Escritura nos enseña a utilizar siempre una mirada que ponga a Dios en el centro, una mirada de fe. Ningún amor de hombre o de mujer, ni siquiera el de un papá o una mamá, será perfecto: la única manera de amar verdaderamente no es recriminar, sino amar con el corazón de Dios.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Mateo (Mt 28,16-20)
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

«Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». La Trinidad de Dios es amor. En sí misma y en cada relación con sus criaturas. Pero con Jesucristo, todo ha llegado a tal plenitud que ya no podemos vivir, razonar ni comportarnos como antes. Éramos esclavos del pecado, poniéndonos -por defensa- a nosotros mismos en el centro de toda relación. Así, incluso cuando intentábamos levantar la mirada, solo encontrábamos un ídolo que era reflejo de nuestras heridas, miedos y condicionamientos. Pero, como Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, también nuestra naturaleza más profunda queda totalmente transformada: ya no somos esclavos, sino hijos, sumergidos en la vida trinitaria de Dios amor. Como quien ha recibido un don inestimable, corramos, pues, a darlo a conocer a todos. Quien no es cristiano es como si hubiera recibido un regalo extraordinario que le trastorna la existencia, pero no sabe cómo abrir el envoltorio que lo contiene; o ni siquiera es consciente de ser hijo del Dios Trinidad-Amor, lo más hermoso que pueda existir. La Iglesia no puede olvidar, entonces, la misión y el testimonio explícito para dar a conocer a todos a Dios-Trinidad.


Suscripción al Misalito
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Liturgia del domingo: 30 de mayo de 2021

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