liturgia della domenica 31 gennaio

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo – 31 de enero de 2021

Jesucristo

4.º domingo del Tiempo Ordinario (A)
Liturgia de las horas, 4.ª semana, salterio

Hoy entramos con Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm: allí enseña con autoridad y manifiesta su poder sobre las fuerzas del mal, suscitando pronto la sorpresa de los presentes. Jesús se sumerge en las heridas del ser humano y trae sanación y liberación. Pidamos a Jesús, único Maestro de sabiduría y liberador del mal, el don de saber escuchar su Palabra, que alimenta la vida y la hace florecer.


Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra”, enero-febrero de 2021.

PRIMERA LECTURA

Del libro del Deuteronomio (Dt 18,15-20)
Moisés habló al pueblo diciendo: «El Señor, tu Dios, suscitará para ti, en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo. A él escucharéis. Así tendrás lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, diciendo: “Que no vuelva yo a oír la voz del Señor, mi Dios, ni vuelva a ver este gran fuego, para no morir”. El Señor me respondió: “Está bien lo que han dicho. Les suscitaré un profeta en medio de sus hermanos, pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande. Y si alguien no escucha las palabras que él diga en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que tenga la presunción de decir en mi nombre algo que yo no le haya mandado decir, o que hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá”». – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

«Les suscitaré un profeta en medio de sus hermanos, pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande». La primera lectura de hoy perfila la figura de un profeta verdadero y auténtico. El pueblo de Israel vivió durante siglos el contraste entre los verdaderos profetas, aquellos que hablaban y actuaban en nombre de Dios, incluso a costa de la incomprensión y la persecución, y los falsos: aquellos que pronunciaban palabras y juicios suavizados por su compromiso con el poder, y estaban sometidos al miedo a la rebelión del pueblo. En resumen, estos últimos se dejaban guiar solo por intereses personales. El libro del Deuteronomio, en realidad, invoca la llegada de Jesucristo. En efecto, nadie más puede corresponder plena y perfectamente al título de profeta. Un profeta no es un anticipador de acontecimientos (una especie de mago o algo parecido), sino aquel a quien se le concede el poder, la autoridad (como vemos en el Evangelio de hoy) de hablar y actuar en nombre del Padre bueno. Más precisamente, el profeta anuncia la bondad, que es característica de Dios: sabe ver y sanar las heridas y es capaz de alegrarse en los momentos oportunos.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta de san Pablo apóstol a los Corintios (1 Cor 7,32-35)
Hermanos, quisiera que estuvierais libres de preocupaciones: el no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y se encuentra dividido. Así también, la mujer no casada, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, para ser santa en cuerpo y espíritu; en cambio, la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro bien: no para tenderos una trampa, sino para que os comportéis dignamente y permanezcáis fieles al Señor, sin desviaciones. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

«Hermanos, quisiera que estuvierais libres de preocupaciones». El deseo y la exhortación de Pablo a los corintios deben entenderse bien. La voluntad del Apóstol es que cada uno, en cualquier situación de la vida y en cualquier condición, pueda amar, alabar y bendecir al Señor por las grandes cosas que realiza en nuestras historias personales y comunitarias. Intentemos, pues, reflexionar sobre sus palabras y aplicarlas a nuestros días. Sería un grave error elegir la vida consagrada o el sacerdocio entendiéndolos como una fuga o una demostración de miedo ante la elección de la vida matrimonial. También sería erróneo que una persona consagrada o un sacerdote dijera: «Soy mejor, porque he hecho esta elección de consagración». San Pablo nos pone también ante el error opuesto, por desgracia muy frecuente. Hay quien dice: «Tengo una familia a la que procuro querer, no les hago faltar nada, me dejo la espalda trabajando para llegar a fin de mes. ¿Cómo puedo tener energías para pensar también en el Señor Jesús?». A veces sería muy útil poner por escrito nuestras prioridades: ¿qué lugar damos al Señor? Siempre habría que recordar y procurar hacer nuestra la exhortación con la que san Pablo cierra la carta: en cualquier condición de vida, lo importante es comportarse dignamente y permanecer fieles al Señor.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,21-28)
En aquel tiempo, Jesús entró el sábado en la sinagoga de Cafarnaúm y se puso a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Estaba precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro, que se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!». El espíritu impuro lo retorció violentamente y, dando un fuerte grito, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus impuros y lo obedecen». Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

«Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas». Jesús tiene verdadera autoridad; es quien no solo permite, sino que da la fuerza para un verdadero crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad. Esta verdad sorprende a la gente, quizá acostumbrada a tantos charlatanes o incluso a personas de buena voluntad, pero incapaces de captar el sentido de la existencia propia y ajena. Todos nosotros estamos asombrados y sentimos la necesidad de descubrir los caminos de la autoridad de Jesús. En realidad, hay una gran diferencia entre la autoridad (el querer bien que hace crecer), el autoritarismo (levantar la voz y las manos por ser incapaces de ofrecer explicaciones convincentes) y, finalmente, el buenismo: en este último caso, se deja pasar todo, desde lo que está bien hasta lo que está mal porque, sencillamente, parece más cómodo. El autoritarismo y el buenismo no pueden ser las claves de una verdadera educación; no ayudan a nadie, y mucho menos a los hijos (especialmente si son adolescentes) o a quienes, de cualquier modo, están bajo nuestra responsabilidad: alumnos, empleados, jóvenes del oratorio o de la parroquia… Por eso, también nosotros necesitamos detenernos un momento y redescubrir el sentido de la verdadera autoridad moral, capaz de guiar, enseñar y hacer crecer.


Suscripción al Misalito
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